viernes, 15 de abril de 2016

Weird Bio-Hazard: Epílogo 1

La luna brillaba gibosa sobre las ruinas de lo que había sido la base de BioGen. La empresa podía considerarse en la ruina también. Y sus planes, estos también habían sido una ruina. Podría considerarse que todo lo relacionado con BioGen había terminando siendo una ruina, pero ¿qué podría esperarse de una empresa cuyo cuerpo científico podía ser utilizado en una película de serie B o ¡peor! un relato pulp? Si alguien hubiera hecho apuestas, la completa y total destrucción de los laboratorios, así como la caída en desgracia de la empresa, se habrían llevado la mayor parte de las participaciones. 

Los científicos supervivientes de aquel desastre, salían entre los escombros y se iban de allí de la forma más silenciosa posible. No querían llamar la atención del grupo que había destruido el lugar y derrotado de forma aplastante a sus defensas. Seguramente seguirían con sus experimentos en otro lugar, pero sería un lugar bien alejado de Arkham y del valle del Miskatonic. Había lugares mejores para llevar a cabo un experimento que supere los límites morales de la ciencia... como La Antártida, por ejemplo.

Entre todos los individuos con bata blanca que huían en solitario o en pequeños grupos, alguien iba caminando entre los restos como si buscara algo. No era un científico contratado por BioGen. No es que no estuviera dentro de los estándares de la empresa, que lo estaba, sino simplemente que no habían considerado llamarlo por su nefasto manejo de los contratiempos... y su torpeza a la hora de llevar a cabo sus experimentos.

Este individuo no era otro que Vinnie West, descendiente del archifamoso doctor Herbert West y heredero de sus investigaciones de la vida reanimada. Había viajado desde Arkham tras enterarse de que su leal compañero de experimentos, Eye Gore, había decidido dejarlo y marchar a Dunwich. La verdad es que llevaba comportándose de forma extraña desde que fuera secuestrado por una especie de gorila blanco vestido con una gabardina, pero de ahí a abandonar a Vinnie cuando estaba tan cerca de alcanzar su objetivo... (lo cierto es que estaba igual de lejos de alcanzar su objetivo como siempre, pero esto es algo que el pobre Vinnie no sabía ver).

Las investigaciones de Vinnie sobre Eye Gore le habían llevado a saber sobre Bio-Gen. Le había cabreado bastante saber que esta empresa estaba en las cercanías y contratando científicos, dejándole a él fuera, pero este enfado duró poco. Vinnie no era un trabajador en equipo, prefería tener algún compañero y lacayos que obedecieran sus órdenes, pero nada más. Y mucho menos tener a alguien por encima de él que tuviera que dictarle el camino a seguir. Él era libre. Pero echaba de menos a Eye Gore. No podía olvidar que era el único que le consiguió un ejemplar del Necronomicon entre todos los demás inútiles que le habían traído best-sellers. No podía dejar que un compañero de estas características le abandonara. 

Y con esto en mente, decidió viajar hasta Dunwich. Cogió un autobús desde Arkham, pasando por todos los pueblecitos de la región. Además habían sufrido varios reveses que habían retrasado al vehículo, como una procesión de Byakhees en honor a nosequé rey que había tenido al tráfico paralizado más de una hora. Al final, cuando Vinnie llegó a Dunwich, la noche ya caía en el pueblo. Fue buscando el emplazamiento de los laboratorios, pero esto le había costado más de lo que podría haber imaginado. Primero dio con un grupo de sectarios con cara de murciélago que bailaban alrededor de un ídolo con forma de sapo con narcolepsia. Estos intentaron meterlo en su rito, pero Vinnie pasaba de cosas religiosas, así que se marchó. Después se cruzó con unos hippies que intentaron venderle el cuento de lo natural y el peligro de lo químico. Vinnie se libró de ellos diciéndoles que sus cuerpos también tenían reacciones químicas, lo que hizo que se marcharan a lavarse a la fuente más cercana. Cuando ya se había marchado, se le ocurrió que podría haberles dicho que el veneno de mamba negra era natural y que un buen vaso les quitaría los químicos de su cuerpo... pero ya había dejado atrás al grupo. Cuando por fin dio con las instalaciones de Bio-Gen, estas ya llevaban un buen rato destruidas. Vio el desastre, los escombros, el fuego, y los supervivientes yendo de aquí para allá como hormigas a las que alguien les ha puesto un obstáculo en su camino, y se preguntó dónde estaría Eye Gore.

En su deambular entre lo que antes era el laboratorio, encontró una placa que le hizo iluminarse el rostro, rezaba "(palabra emborronada) de Eye Gore". Su fiel compañero no andaría lejos. Empezó a remover escombros y a levantar piedras y dio con un túnel. Cuando entró en su interior descubrió que era un pasillo de los laboratorios, pero no sabía a dónde conducirían. Las luces parpadeaban como locas y el suelo estaba lleno de suciedad. En ningún momento se le ocurrió que podría perderse entre los laberínticos pasillos, sólo pensaba en encontrar a Eye Gore y comenzar nuevos experimentos. El pasillo por el que caminaba daba hasta una puerta que se abría y cerraba sin parar. Alguien debía haber roto el mecanismo de apertura. Vinnie quería ir al otro lado y no sabía cómo arreglar aquel cacharro. Decidió hacer lo que hacer cualquier persona cuando no sabe cómo arreglar un aparato. Le dio una patada con todas sus fuerzas. La puerta se descolgó  hacia el otro lado y cayó pesadamente haciendo saltar una nube de polvo. La puerta había caído sobre una especie de tanque con un líquido blanquecino en su interior. Vinnie vio una etiqueta que decía "(palabra emborronada) leche (rotura)". No le hizo el menor caso y pasó sobre la puerta como si fuera el dueño del lugar. Su peso, sumado al de la puerta que había caído sobre el tanque, hizo que este estallara, cubriendo al científico de líquido pálido. Vinnie, repugnado, fue a limpiarse de aquella porquería, pero antes de que pudiera hacerlo, cayó inconsciente al suelo. Cuando abrió los ojos, cualquier observador avispado notaría que allí había operado algún cambio. Se podía decir que el hombre que había despertado no era Vinnie West.

-¿Dónde estoy? -dijo en voz alta. -Sea el lugar que sea, siento unas poderosas energías emanando de este lugar... energías que puedo absorber ¡¡¡y liberar despertando mis poderes necrománticos!!! Con ellos conseguiré que esos mentecatos de Arkham se enteren de quien manda aquí.

El hombre que una vez fue Vinnie West alzó los brazos y los ojos se le pusieron en blanco. Una vibración ultraterrena surgía de él y el vello de todo su cuerpo se erizó.

-¡Ashd Milkat Enj Shuratt! ¡En el nombre de los señores del abismo escarlata! ¡Yo os traigo de nuevo! ¡Ashd Milkat Enj Shuratt! ¡Milkat! ¡¡Milkat!! ¡¡¡MILKAT!!!

Un repentino terremoto hizo estremecer toda la zona, y los pobres científicos que habían sobrevivido al día de furia sintieron un escalofrío. Aquello quizás no había terminado.



La noche envolvía a Dunwich y sus habitantes empezaban a encerrarse en sus casas. Bueno, todos no. Teniendo en cuenta que Dunwich es un pueblo en el que la mitad de los habitantes son sectarios de algún dios extraterreno, todo el mundo sabía que, en la oscuridad, se iniciaban otro tipo de rutinas diarias. Los habitantes menos degenerados estaban acostumbrados a este tipo de rutinas, por lo que el cambio que tuvo lugar aquella noche les hizo descorrer las cortinas  y asomarse a ver qué estaba pasando. 

Los primeros que notaron que algo distinto estaba pasando fueron los vecinos del pequeño cementerio Whateley. Aquella era la zona más tranquila del pueblo, pues estaba bien apartada de las montañas donde los iniciados del Todo-En-Uno-Y-Uno-En-Todo solían reunirse, así como del ídolo que representaba al durmiente Tsathoggua. Las noches de esa zona del pueblo no solían tener ningún tipo de ruido, por lo que el sonido de una muchedumbre caminando con parsimonia alteró a los vecinos. Cuando estos se asomaron a ver qué estaba pasando después de las explosiones que llevaban todo el día oyendo, se encontraron con algo que jamás imaginaron... bueno, esto es mentira, los habitantes de Dunwich son capaces de imaginar cosas muy raras, pero esta en cuestión no la habían visto todavía.

Se trataba de una legión de cadáveres, vestidos con el traje con el que los enterraron. Todos ellos antiguos vecinos de Dunwich, sucios, llenos de gusanos, renqueantes, quebradizos y crujientes. Iban caminando todos en la misma dirección.

Los vecinos de Dunwich que fueron asomándose a las ventanas vieron a este numeroso grupo avanzar por todo el pueblo y cruzar en dirección a la zona que llevaba hacia la carretera que salía de la población. Como ya se ha comentado, los habitantes de este pueblo estaban acostumbrados a cosas extrañas, así que la mayoría lo único que hizo fue estrecharse de hombros y volver a cerrar las cortinas. Los muertos se iban de Dunwich, por lo que ese ya no era su problema.


Campamento de los Morlocks. En las cercanías de Dunwich.

Los altavoces hacían que la música sonara tan alta que los oídos de los celebrantes de la fiesta de la victoria empezaban a considerar la posibilidad de explotar. Alguno de los Morlocks tenía algún tipo de entrenamiento como DJ y estaba pinchando antiguos éxitos de los '80. El equipo de sonido, que nadie sabía de dónde había salido exactamente, era uno de sus híbridos tecnológicos, por lo que el nivelador del volumen no funcionaba todo lo bien que se quisiera. Aunque la verdad, el exceso de decibelios tampoco parecía importar mucho a nadie. Después de la jornada de lucha, todo el mundo tenía ganas de fiesta, y ya se habían abierto los barriles de cerveza y vino. Algunos de los morlocks ya estaban muy borrachos e iban de aquí para allá cantando la internacional.

Entre todo este divertimento, Kate y Welcome estaban sentadas en sendas sillas, con las manos entrelazadas. Estaban hablando de lo que había sucedido, lo que había llevado a aquella situación y cómo el equipo de incursión había conseguido dar con ella.

-Lo que no entiendo -dijo Kate. -Es qué sucedió cuando el poder de tu espada se activó en mis manos. Sentí una corriente eléctrica recorrer todo mi cuerpo y cómo todo mi ser se iluminaba, pero cuando pude reaccionar, todos los soldados que iban a impedir que entráramos al laboratorio de Eye Gore estaban en el suelo.

-Si te digo la verdad -le respondió Welcome -, no sabría decirte. No está entre los poderes de Ouroboros hacer que la persona brille y derrote a todos los enemigos. Quizás si me hubieran dado un libro de instrucciones...

-Sí, estaría bien que la espada hubiera venido con un libro de instrucciones -dijo Kate.

-Creo que yo sé cómo responder a vuestras dudas -dijo una voz detrás de ellas.

La pareja se giró y se encontraron con Brontes, vestido con su uniforme oficial de fiesta (que consistía en un pantalón de mariachi, una camisa florida desabrochada, un gorrito puntiagudo y un antifaz de vivos colores).

-¿De dónde has sacado esa ropa? -preguntó Welcome.

-Nunca voy a ningún lado sin ella. Uno no sabe cuando puede encontrarse con una fiesta -respondió el cíclope. Del cinturón sacó unas maracas y las meció haciendo que sonaran.

-Bueno, ¿qué ibas a decirnos? -le dijo Kate antes de que se dejara llevar por la música.

-¡Ah, sí! Lo que sucedió con Kate y la espada... resulta que la capacidad de la espada varía dependiendo del portador. Ya, sí, se supone que el único portador es Evangeline, pero en este caso, Ouroboros consideró que en momento como este, Kate también podría ser un portador porque... oye, pero si esto ya lo sabéis... bueno, la cuestión es que, mientras en manos de Evangeline la espada puede hacer que su portador abra portales en el espacio-tiempo, en manos de Kate, Ouroboros lo que hace es teleportar a los hostiles a un lugar aleatorio alejado del portador.

-Aaaah -dijo Kate. No es que entendiera nada, pero ya no intentaba buscarle el sentido a todas aquellas cosas.

-Pero entonces ¿por qué volvieron a aparecer todos derrotados? -preguntó Welcome.

-Eso es porque la espada, casualmente, los mandó al Congreso Internacional de Semillas Estelares de Cthulhu. Lo sé porque cuando Konstantine nos dio el informe de su misión, Loki y yo decidimos investigar un poco. Os podéis imaginar lo que pasó cuando un destacamento de Ómicron Scorpions dio con sus huesos en un congreso de semillas estelares... después de la masacre, la espada los volvió a traer, supongo que para que los vierais derrotados.

 -Pero entonces... -fue a decir Kate, pero de repente comenzó a sonar una canción que hizo dar un respingo a Brontes.

-¡¡¡Ooooooh!!! ¡Living on a prayer de Bon Jovi! -exclamó el cíclope. Y con esto, dejó a las dos jóvenes, saliendo corriendo en dirección a la improvisada pista de baile.

-Bueno, lo importante es que BioGen ya es historia y todo vuelve a la normalidad -dijo Welcome.

-Querrás decir tan normal como suele ser...

Todos los dioses estaban en la pista de baile ante la atenta mirada de los morlocks que se habían reunido alrededor. Un par de canciones más hicieron que varios de ellos se unieran al baile, pero la diversión fue rota por varios de los morlocks que se encontraban haciendo guardia. La voz fue pasando de morlock en morlock hasta que las caras de preocupación comenzaron a llamar la atención.

-¿Qué pasa? -preguntó Kate a un morlock que pasaba por delante.

-Nuestros centinelas han visto a un numeroso grupo acercarse a nosotros lentamente. Quizás sean los supervivientes de la batalla que vienen a por la revancha -le respondió, tras lo cual salió disparado en busca de sus armas.

Kate y Welcome se miraron a la una a la otra incrédulas de que los soldados fueran tan idiotas de venir a buscar más bronca, pero aún así se prepararon para en enfrentamiento.

Pocos minutos después, todo el mundo estaba armado y en posición ante la muchedumbre que se iba acercando al campamento con decisión, pero sin prisa. Los dioses estaban en primera línea, con sus armas y armaduras, preparados para lo que fuera. Junto a ellos estaba Konstantin con unos prismáticos. En mitad de la noche era dificil poder ver a los atacantes, pero aquellos prismáticos eran de visión nocturna.

-Veo... eeeh... no son soldados de Ómicron Scorpions. Ni reptilianos. Son... ¡¿zombies?!

-¡¡¡¿Zombies?!!! -exclamaron los dioses a su alrededor.

-¿Quién es tan idiota para lanzar un ataque con zombies aquí? -dijo Zeus. -Y más ahora que estaba ligándome a un par de hembras de morlock.

-Sólo se me ocurre alguien que pueda lanzar un ataque zombie -respondió Harvey. -Vinnie West y su manía de intentar resucitar muertos. Quizás se alió con Bio-Gen.

-¿Tú crees? No suele ser su modo de proceder -dijo Brontes.

-No importa quien haya sido, al menos ahora -les dijo Summanus. -Lo que importa ahora es que les paremos los pies.

-Eso no serrrrá dificil -dijo Perun. -¡¡¡Misha, a mi!!!

El poderoso oso del dios eslavo apareció corriendo entre los morlocks y se posicionó junto a Perun, éste se subió al animal y alzó su arma al aire.

-¡¡¡A PORRRR ELLOS!!!

Y el oso cargó en dirección a los muertos vivientes.

-¡Eh! ¡No te llevarás toda la diversión! -exclamó N'Kari saliendo volando tras Perun.

Pero cuando ambos dioses estaban a punto de tener contacto con la masa de muertos, repentinamente, estos se convulsionaron y cayeron al suelo inertes. Un montón de huesos, ropa, polvo y carne putrefacta llenó el campo que separaba Dunwich del campamento morlock.

-¡¿Qué brrrroma es esta?! -exclamó Perun.

Misha torció el gesto, como si él también se preguntara qué había pasado.

-Vaya fraude -dijo N'Kari.

En el campamento morlock, todos miraban extrañados, preguntándose qué había pasado.

-¿Sabes, Harvey? Visto esto, creo que sí ha debido ser Vinnie West. -dijo Brontes con una sonrisa.

Y, con el ejército zombie fuera de juego, todos decidieron seguir con la fiesta hasta altas horas de la madrugada.



En los restos de los laboratorios de BioGen, Vinnie West se levantó del suelo extrañado. Lo último que recordaba era haberse llenado de un potingue blanco, pero ahora estaba en otra sección de las instalaciones sin saber cómo había llegado allí. Decidió seguir buscando de nuevo a Eye Gore. Con suerte daría con él antes del amanecer del día siguiente. Él no lo sabía, pero ahora, dentro de él, vivía una nueva personalidad, con verdaderos poderes necrománticos, y con energía suficiente para enfrentarse a sus enemigos. Pero no había forma de que el pobre Vinnie West supiera esto. Ni que había conseguido alzar un ejército sólo con unas palabras. Ni que este había vuelto a caer después de que un estornudo hiciera que la personalidad nigromante cayera y volviera a surgir la habitual de West. Todo esto no lo podía saber Vinnie. Pero pronto Arkham tendría noticias de todo esto.