viernes, 29 de abril de 2016

La llegada de El Gran y Poderoso E

Pocas veces Summanus se levantaba de tan mal genio como aquel día. Había pasado toda la noche escuchando algo que no le permitía dormir plácidamente. Se trataba de algo parecido a unas voces susurrantes, o lejanas, o ambas cosas. Iban y venían en intervalos de varios minutos y eran sumamente molestas. Summanus no sabía lo que era, pero estando en Arkham podía tratarse de cualquier tipo de cosa extraña en la que era mejor no meterse. La última vez que se interesó por unas molestias nocturnas en un edificio colindante, tuvo que salir huyendo de un sótano perseguido por cuatro tortugas y una rata que intentaban pegarle una paliza.

Así, Summanus lo único que hizo toda la noche fue dar vueltas y vueltas. Esto tuvo como resultado que el dinosauroide se levantara con unas ojeras bastante visibles (lo cual es extraño en un rostro escamado). Bueno, esto y un cabreo también bastante visible, como pudieron comprobar los residentes que volvían a la residencia de la juerga nocturna. Cuando llegó a la planta baja se encontró con Araknek, que iba pasando la mopa mientras mascullaba algo.

-Hola Summa... esto... se te ha olvidado ponerte el disfraz -le dijo la araña.

Summanus se miró en el espejo más cercano y se dio cuenta de que llevaba el rostro reptilesco sin cubrir con ninguno de sus habituales artilugios como gafas, barbas postizas o similares. Otra de las consecuencias de no haber dormido era esta.

-Bueno, no pasa nada. En esta ciudad están acostumbrados a ver gente con pinta extraña.

-Ya... pero no querrás que te vea así Robert Pickman. Lleva un rato dando vueltas por ahí y si te lo cruzas comenzará a montarse una conspiración reptiliana. -le contestó Araknek.

Summanus dio un respingo. Pocas ganas tenía ese día de cruzarse con aquel chalado.

-Tienes suerte de que alguien se haya dejado esto por aquí esta madrugada -dijo Araknek pasándole un par de gafas de plástico con una nariz de goma y un bigotillo azul.

Summanus se puso las gafas y se miró en el espejo. Algo era algo.

-Por cierto ¿soy la única que ha oído esa musiquilla esta noche? -preguntó Araknek.

-¿Musiquilla? ¿Te refieres a las dichosas vocecillas que han estado molestando sin parar? Sí, las he oído. Yendo y viniendo toda la noche. Supongo que sería alguna fiesta absurda universitaria o algo por el estilo.

Se dirigieron juntos a recepción. Allí estaba el empleado del turno de noche, que estaba a punto de irse. También podía vérsele una expresión molesta.

-No me lo digas -le dijo Summanus -. Unas vocecillas cantarinas te han estado molestando toda la noche.

-A mi y a todos los huéspedes. Ha sido un horror, no hacían más que llamar a recepción pidiendo explicaciones, como si nosotros tuviéramos la culpa. Ha sido peor que aquella vez que tuvimos la infestación de lamedores deslenguados que invocó un tipo de Ipswich.

-Oh, recuerdo aquello, todo el mundo corriendo de aquí para allá huyendo de aquellas cosas y cubiertos de saliva... ¡puagh! Además nos dejaron si helado -dijo Summanus torciendo el gesto.

De repente, las puertas que daban a la zona administrativa de la residencia se abrieron y de allí salieron Anna y Robert Pickman hablando con nerviosismo. En cuanto Summanus vio a Robert, se apercibió de que llevara bien colocadas las gafas, sacó una bufanda de los cajones de recepción y se la echó al cuello. En aquel cajón había todo tipo de cosas que habían perdido huéspedes. Guantes, móviles, relojes, bufandas, sombreros de copa, pistolas láser, incluso un señor pequeñito que daba los buenos días cada vez que habrían el cajón.

-Te lo he dicho, tiene que ser que han activado el HAARP y el Proyecto Blue Beam está siendo llevado a cabo ¡¡¡tenemos que detenerlos!!! -iba diciendo Robert Pickman ante la desidia de Anna ante lo que este decía.

-Te lo he dicho una y otra vez, no ha sido ninguna de esas cosas. He sentido una perturbación en el plano astral. Algo se está acercando a Arkham.

-¡Tú, reptiliano pérfido! -exclamó Robert al ver a Summanus -¡Di la verdad! ¿Ha comenzado el ataque de El Nuevo Orden Mundial?

Summanus alzó la mirada al techo. No podía ser de otro modo. Aquel chalado le echaba la culpa a él de lo que estaba sucediendo.

-Sí, ha comenzado el ataque de El Nuevo Orden Mundial, yo de ti correría a coger el portátil y publicarlo todo el tu blog antes de que lo borren...

-¡Summanus! -exclamó Anna.

-Un momeeentooo -dijo Robert justo antes de salir disparado a su cuarto para buscar el ordenador -¿por qué querrías que hiciera eso? Claramente es una maniobra de desinformación para que yo escriba eso en internet. No es el proyecto Blue Beam ¡¡¡es otra cosa!!! ¡Ahá! ¿Creías que me engañarías, reptil malvado?

-Ooooh sí, era un intento de engañarte para que no conocieras el verdadero y malvado plan de los illuminati ¡qué listo eres! -exclamó Summanus dejando bien claro su sarcasmo.

Anna Pickman se acercó a Summanus con una cara de pocos amigos. El reptiliano tragó saliva.

-¿Quieres dejar de darle coba? Quien va a tener que aguantarlo todo el día así soy yo. Y creo que voy a tener mucho trabajo por culpa de esas voces cantarinas que están surgiendo de algún sitio.

-Yo también las he oído toda la noche ¿entonces no es ninguna fiesta universitaria?

-No, desde la catástrofe de nochevieja, el control de las fiestas de la Miskatonic es bastante férreo.

-Entonces... ¿qué son?

CHAN CHAN CHAAAAAAAAAAAAAAN

Anna y Summanus se giraron en busca de dónde venía aquella música. Araknek les miró avergonzada y sacó el móvil de su uniforme.

-Lo siento... es un mensaje...

-No sé lo que será -dijo Anna volviendo a a conversación con Summanus -, pero sea lo que sea, ha dejado el plano astral bastante movidito. Es algo que está viniendo y cada vez está más cerca.

Según dijo esto, el sonido de las voces volvió a llenar los pasillos de la residencia La Llave y La Puerta, pero esta vez no eran simples susurros. Ahora se oían mucho más alto y el volumen iba creciendo y creciendo.

-¡¡¡NOS ATACAN!!! -exclamó Robert Pickman dando un salto sobre el mostrador de recepción y metiéndose debajo del escritorio.

Las puertas que daban al exterior se abrieron con fuerza y chocaron contra la pared. Una fuerte corriente de viento penetró en el vestíbulo, haciendo volar papeles y llenándolo todo de polvo.

-¡Me voy a cagar a tó lo que se menea! -exclamó Araknek. -Pues yo no pienso volver a limpiar esto.

Cuatro individuos vestidos con túnica rojo oscuro atravesaron las puertas de la residencia y se colocaron de dos en dos haciendo un pasillo... y bailando mientras entonaban la musiquilla que ya comenzaba a sacar de quicio al dinosauroide. Ante la asombrada cara de los presentes entró otro individuo vestido con túnica y un micrófono inalámbrico de oreja, se lanzó al suelo y se deslizó de rodillas. Después de esto se levantó y miró con una sonrisa a todo el mundo.

-¡¡¡Habitantes de Arkham, sentíos afortunados, pues recibís la visita de EL GRAN Y PODEROSO E!!!

-¿El gran y poderoso qué? -preguntó Summanus.

-¡¡¡EL GRAN Y PODEROSO E!!!

-Vale, no es necesario que grites tanto -dijo Anna acercándose al individuo del micrófono -. ¿De qué va este asunto?

-Es el DIOS que todos lleváis esperando... aunque no lo supiérais -respondió el individuo del micrófono -. Es el Señor de Todas las Vocales, Aquél Que Grita y Canta, El Que Llama Desde Más Allá Del Umbral.

-Bien, bien, bien -le interrumpió Anna -. Creo que aquí ya tenemos un poco de superpoblación divina.

-Pero este DIOS es distinto a cualquiera que hayáis visto antes -le respondió el individuo con una mirada desquiciante. -¡Mirad! ¡Aquí viene!

El sonido de la musiquilla cambió de tono haciendo que Summanus deseara lanzarle una silla a aquellos tipos y por las puertas de la residencia entraron seis individuos portando un inmenso trono vacío.

-Pero... pero si ahí no hay nadie -dijo Araknek.

-Vosotros no lo entendéis -le dijo el tipo del micrófono -. El Gran y Poderoso E es una entidad abstracta. No podéis verlo ni tocarlo, pero él está ahí.

-Aaaaah, claaaaro -dijo Anna. Se acercó a Summanus y le susurró al oído -La cuestión es que de ellos surge una perturbación astral

-Mira, todo esto está muy bien, pero ¿a qué leches habéis venido aquí? -pregunto Summanus, que ya estaba harto de tanta chorrada.

-Hemos venido a traer la felicidad que acompaña a El Gran y Poderoso E -dijo el tipo del micrófono.

-Sí, pero ¿vais a alojaros aquí? -preguntó el dinosauroide.

-Pues claro.

-¿Vais a pagar la estancia?

-Pues claro.

-Bien... pero ¡¡¡DEJAD DE CANTAR ESA DICHOSA CANCIÓN U OS MANDO A TODOS A TOMAR POR SACO!!!

La musiquilla dejó de sonar y todos se quedaron mirando al dinosauroide, que carraspeó y miró a todo el mundo.

-¿Qué? Ya estaba hasta las narices.

Los individuos de las túnicas, acompañados del que llevaba el micrófono fueron a recepción. Realizaron todos los trámites y fueron a sus respectivas habitaciones sin dejar de bailar y llevando el trono.

-¡Ey! Han cogido una habitación para el trono y todo -dijo el muchacho de recepción con mirada extrañada.

-¿Alguien me puede explicar qué diantres ha pasado aquí? -preguntó Anna.

Robert volvió a asomarse de debajo del escritorio y, en vista de que el peligro había pasado, volvió a acercarse a los demás.

-Es un montaje. Esos individuos vienen por algo más ¡y yo voy a descubrirlo! -y dicho esto, salió corriendo hacia las escaleras que llevaban a las habitaciones.

-Me reitero en mi pregunta -dijo Anna.

-No lo sé -le respondió Summanus -. Pero algo me dice que esto sólo es el principio. Bueno... al menos ya han dejado de cantar la dichosa canción. ¡Me voy a la cama!

-¡¿Cómo que a la cama?! ¡Si son las ocho de la mañana!

-Ya, pero yo no he dormido nada. Buenas noches.

Y antes de que Anna Pickman pudiera responder, el dinosauroide fue directo a su habitación. Le esperaba una cómoda y mullida cama. Cualquier problema que pudieran traer los adoradores de El Gran y Poderoso E serían cosa para otro día.