sábado, 21 de abril de 2018

Crisis of Infinity Kates (Parte 3): Cinema Inferno

La misión en La Gran Guerra había traído una victoria a las Kates, cosa que celebraron con gran entusiasmo (y erótico resultado), pero no debían olvidar que, en cualquier momento, el peligro asaltaría para destruirlas a todas. Por esta razón, relajarse era un lujo, hasta cuando no estaban en un salto por el espacio/tiempo. 

Así, en ese estado de relajación/alerta, se encontraban Kate la roja y Ka-Neferu en el hall de La Llave y La Puerta. Yekaterina había ido a los túneles por un asunto de los morlocks, y el resto de Kates habían ido en busca de Ashley Johnson por alguna razón ultrasecreta e importantísima. Las dos Kates del pasado estaban aprovechando su tiempo en el presente para hacerse a la idea de los tiempos que corrían y conocer las tecnologías actuales. En el tema de comunicaciones, todavía estaban sorprendidas por los teléfonos móviles, que en la época de ambas sería prácticamente magia, de hecho, habían tenido un incidente con un móvil con el que habían hecho una foto involuntariamente y pensaban que su esencia había sido absorbida por el aparato. Otra cosa que les estaba sorprendiendo, era el culto a las celebridades del mundo de internet, algo que en sus respectivas épocas no era ni el sueño del sueño de una idea. La visión de la gran fama que tenían determinados youtubers les sorprendió a la vez que les horrorizó, al comprobar que los  vídeos más ridículos parecían ser lo que gozaban de más éxito. Otro gran descubrimiento fue el cine, y, sobre todo, el uso de efectos especiales. Brontes tuvo que explicarles que casi todo lo que veían estaba generado por ordenador cuando se les ocurrió ver una película de la última ornada de Star Wars. Y precisamente el mundo del cine iba a necesitar de su ayuda, aunque eso ellas no lo sabían.

-A ver... en mi época el primero es el uno, después va el dos, después el tres y después el cuatro ¿qué demencial idea fue esa de empezar por el cuatro? Seguro que confundió a todos los que lo vieron. -estaba diciendo Ka-Neferu.

-No sé, igual para los habitantes de esta época no es tan confuso, pero yo no sé aún cual es el orden correcto para verlas, porque esos que salen por internet tampoco parecen aclararse -le respondió Kate la roja.

-Pero si está clarísimo -les dijo Brontes-. Primero hay que ver las antiguas y, después, te pones las nuevas en orden de estreno.

-Lo que he dicho. Es demencial -respondió la egipcia.

De pronto, la puerta que daba  la calle se abrió de golpe y entró Yekaterina. Brontes se preguntó por qué no había usado el acceso a los túneles del sótano de la residencia, pero no lo preguntó, pues en la cara se le veía urgencia.

-¡Estamos ante una emergencia! -exclamó la morlock.

-¿Y cuando no lo estamos? Nuestra vida, desde que nos trajiste a esta época, es una emergencia -le dijo Kate la roja-. Ni siquiera puedo disfrutar de un dulce y dorado whisky...

-Porque te queremos sobria en los combates -explicó Brontes.

-Puedo luchar mejor que nadie aun llevando litros de alcohol en el cuerpo, soy irlandesa, nuestro cuerpo usa el alcohol como combustible.

-¡Eh! ¡Escuchadme, que es importante! -les interrumpió Yekaterina-. Hay un incidente espacio/temporal relacionado con nuestros enemigos. Un comando del equipo Exile ha detectado una comunicación entre reptilianos y, parece que alguien ha dado la orden de sabotear el primer festival de cine fantástico de Sitges.

-¿Y eso qué tiene que ver con nosotras? Si no sé ni lo que es -dijo Ka-Neferu.

-Eso ¿por qué nos debería importar el festival ese? Que no somos agentes de El Ministerio del Tiempo.

Yekaterina torció el gesto y después miró a Brontes.

-¿Qué? Les estoy poniendo mis series y películas favoritas. Que ellas las utilicen como referencia no es culpa mía.

-No os tenéis que preguntar qué relación tiene con vosotras el Festival de Sitges. Nuestro enemigo quiere destruir la estirpe de Kate, y eso quiere decir que alterar incidentes indirectos podría provocar un cambio en su línea temporal. Ya sabéis, una mariposa mueve las alas en Japón y...

-Vale, vale, lo hemos entendido. Iremos a salvar el festival ese, pero me llevo una botella de licor.

-Kate, aún seguimos sin creernos esa teoría de los irlandeses y el acohol como combustible, de hecho tengo una gran cantidad de datos científicos que tiran por el suelo esa hipótesis -dijo Yekaterina impacientándose.

-Y aún no nos has explicado qué es ese festival -insistió Ka-Neferu.

-Se trata de un festival de cine fantástico y de terror que se realiza en España. Muchas películas de terror míticas se estrenaron en ese festival, y es un referente internacional en cuanto al género se refiere. Su primera edición fue en 1968, y a esa fecha nos dirigiremos.

-Quizás necesitéis algo de músculo -dijo Brontes.

-Me parece que será mejor que esta vez te quedes. En 1968 España no era un paraíso hippie como lo fue Estados Unidos, sino que se encontraba en los años finales del Franquismo. No queremos destacar demasiado, y un cíclope de tu tamaño llamaría mucho la atención.

-Bueno... pues me quedo viendo alguna peli.

Dicho esto, Brontes se levantó y se fue hacia su habitación. Las Kates se quedaron mirando a Yekaterina.

-Bueno, ¿vamos o no vamos a los años '60?

Sitges, España. Finales de 1968.

A ritmo de una canción de Manolo Escobar, tres mujeres con minifalda e inmensas gafas de sol iban caminando por la turística ciudad catalana de Sitges. No parecían destacar al resto de las chicas que andaban por las calles, quizás llamaban la atención porque una de ellas tenía unos rasgos y un color de piel extraño -así como de morlock- y otra tuviera claros rasgos egipcios. Debían tener cuidado con lo que hacían, pues el factor Arkham no actuaba en un lugar tan lejano, tanto en el espacio como en el tiempo. Su misión era encontrar a los reptilianos que tenían pensado sabotear el festival de cine, así que buscar reptilianos era lo que hacían.

-Pues aún no ha aparecido ningún reptiliano. Lo único que hemos visto es turistas y a un tío bajito y peludo que nos estaba dando la lata con que si éramos suecas -dijo Kate la roja.

-Están aquí, en algún sitio. Sólo tenemos que encontrarlos, y tener cuidado de no alterar la línea temporal.

Las Kates recorrieron las calles, haciéndose pasar por turistas, sobre todo rondando la zona donde se celebraba el festival. No parecía haber pista de los reptilianos, todo lo que veían era la tranquilidad de una población del mediterráneo en otoño. Era un ambiente agradable, pero debían recordar que no habían venido por razones ociosas. Finalmente, cansadas, se sentaron en la terraza de un bar cercano a las salas donde se organizaba el festival.

-¿Tan importante es el festival este? Lo que estoy viendo es muy cutre, y ni siquiera pone que sea un festival, en los carteles dice "I Semana Internacional de Cine Fantástico" -se quejó Kate la roja, que se las había arreglado para pedir una cerveza y que no le miraran raro.

-En los primeros años, el Festival de Sitges fue bastante cutre, la cosa fue cogiendo fuerza años después, en plenos años setenta -explicó Yekaterina.

-Pues entonces tampoco será tan grave que saboteen este. Visto lo visto, nadie se va a enterar ¡Camarero! ¡Traiga otra cerveza, que esta se ha escapado!

-Kate, no llames tanto la atención -masculló Yekaterina.

-¿Qué pasa? -preguntó la irlandesa desconcertada.

-En este país, en esta época, no es tan normal que una mujer le de al bebercio. Si sigues así, vas a llamar demasiado la atención.

-Todo son quejas, oye... ¡Camarero, deje la cerveza, traiga un vino español y tal!

Yekaterina se llevó las manos a la cabeza. El camarero se acercó a ellas con las manos vacías y se les quedó mirando detenidamente.

-Creo que deberían irse, señoritas. Una jovencita decente no está en bares bebiendo como un hombre -dijo el camarero.

-¿Que qué? ¡¿Que qué?! ¡¿Estás insinuando que no puedo beber como un hombre?! ¡Vamos! ¡Vaaaamos! ¡Trae tu mejor whisky y verás de qué soy capaz!

-Kaaaaate -dijo entre dientes Yekaterina. Lo de no llamar la atención ya podían darlo por perdido.

-No voy a contribuir en este, señorita ¿qué estarán pensando sus padres? -insistió el camarero.

-¿Mis padres? ¿Pero qué le pasa a este? -decía Kate la roja gesticulando visiblemente.

El pequeño altercado pareció llamar la atención a una pareja de hombres vestidos con unos uniformes verdes y con algo parecido a un tricornio en la cabeza. Se acercaron lentamente a la terracita del bar y, una vez allí, carraspearon.

-Señoritas, están ustedes dando un espectáculo lamentable, y en España no nos gustan las mujeres indecentes. Sus maridos deberían tenerlas en vereda...

-No sé tú, Yekaterina, pero a mi también se me están hinchando los ovarios -musitó la egipcia.

-¿Cómo ha dicho, señorita? ¿Ha sido eso un insulto? ¿Insulta usted a la autoridad?

-Discuuuulpe, nosoooootrrras no somos de España -dijo Yekaterina con un fuerte acento extranjero.

-Sargento García, esa tiene acento ruso ¡Son rojas que vienen a traer sus inmundas ideas a esta gran nación!

-¡Basta ya! Señoritas, quedan detenidas comos sospechosas de espionaje soviético -dijo el sargento García

Antes de que las Kates pudieran decir o hacer nada, los guardias civiles se las llevaron a un coche patrulla, donde las metieron. Una vez dentro del vehículo, el sargento García se subió en el asiento del conductor.

-¡Y ahora al calabozo! -exclamó el sargento García.

De repente, de los asientos surgieron unos aparatos de alta tecnología que agarraron de brazos y piernas a las Kates.

-¡Eh! ¡Esta tecnología está por encima de la de esta época! -exclamó Yekaterina.

-Por sssssupuessssto -dijo el sargento García con una sonrisa-. A menos que sssssseas un reptiliano.

De la boca de Yekaterina fue a salir un taco muy gordo, pero algo cubrió sus mandíbulas y no pudo decir nada. Habían sido fácil y muy estúpidamente capturadas por los reptilianos. Ahora tendrían que hacer algo para escapar del lugar al que las estuvieran llevando. De momento todo había sido un desastre. Se preguntó cómo le estaría yendo al resto de las Kates con Ashley Johnson. Esperaba que les fuera mejor que a ellas...