jueves, 5 de marzo de 2015

Tales of Thunder-verse

Un tie-in de Thunder-verse.
Cortatormentas no corta
El Señor de las Tormentas blandió la espada con lo que pensaba era un gesto épico y heroico pero que, en realidad, le hacía parecer un memo con un trozo de metal afilado. La hoja cayó con fuerza pero sin estilo sobre su objetivo y hendió la carne morena, seccionando el torso casi hasta la mitad. Cortatormentas seccionaba hueso, músculos y tejidos como si fuera un cuchillo caliente atravesando mantequilla. El movimiento finalizó de forma poco elegante cuando el señor oscuro extrajo de forma chapucera la afilada hoja del cuerpo. En condiciones normales, eso habría bastado para dar muerte a cualquier dios del trueno, pero el objetivo del ataque, que había permanecido inmóvil y mirando con una mezcla de incredulidad, sorpresa y hastío. Mientras tanto, algo más separado, Loki se tapaba la boca y los hombros le temblaban mientras trataba de contener la risa.

Cuando el Señor de las Tormentas se dio cuenta de que su ataque había sido inútil, pues nada más extraer la espada las heridas del dios se cerraron de inmediato sin dejar cicatriz ni marca alguna. Aquello era la primera vez que sucedía, todos los demás dioses del trueno que había cazado hasta el momento habían caído a la primera estocada, pues tal era el poder de Cortatormentas, pero este dios de la tormenta que se erguía molesto y aburrido ante él había recibido un corte que habría matado a cualquiera. ¡Pero seguía ahí, de pie, como si no hubiera pasado nada! ¡Era la primera vez que fallaba la espada! Desconcertado, el Señor de las Tormentas observó cuidadosamente al dios: era alto y atlético, de piel morena, ataviado con un faldellín de lino y su cabeza era de burro. Lamentablemente, los conocimientos de mitología y leyendas del Señor de las Tormentas era algo mayores que los que poseía de física cuántica, y, como buen estadounidense que se precie de patriotismo, todo aquello que se hallaba más allá de las fronteras de su país era indefinido y de importancia secundaria. Ambos factores combinados tenían el efecto de no saber localizar Egipto en un mapa y que le resultara imposible identificar la nacionalidad y atributos de aquel dios que tenía delante. Por su parte, Set, que se estaba hartando de aquel sujeto esmirriado y fatuo armado con una espada que le superaba, le lanzó una mirada asesina a Loki, que ya no pudo aguantar más y comenzó a reír a carcajadas mientras se caía al suelo ya que no podía mantenerse en pie. Ante lo ridículo de la situación, y viendo que el nórdico no parecía de mucha ayuda, el Señor de las Tormentas exclamó:

-¡No puede ser! ¡Cortatormentas no había fallado hasta ahora! ¡Deberías estar muerto, como los demás dioses del trueno! ¿O acaso no eres un dios de la tempestad, como me había dicho Loki?

Set se llevó la mano a la cabeza en gesto de exasperación. No podía creer lo idiota que podía resultar el sujeto este. Desde luego Loki había escogido a un primo bien tonto para caer de esa forma tan burda, un auténtico ignorante en cuestiones de mitos. Como ya no tenía ganas de seguir soportando a ese energúmeno, Set habló con una voz que era el rugido del viento:

-Yo soy Set, el egipcio, dios ctónico, dios de la fuerza bruta, de lo tumultuoso, lo incontenible. Soy el señor de las tinieblas y de aquello que no es bueno, dios de la sequía y del desierto. Soy patrón de la guerra y la violencia, enseñoreo la producción de los oasis, y soy dios de las tormentas, ¡pero de las tormentas de arena, mentecato! ¡No soy un dios como los que cazas con esa espada, que sólo absorbe el poder sobre el trueno y el rayo!

Deseando perder de vista a aquel sujeto, Set se dio la vuelta y se alejó de allí. Loki, mientras, logró recuperar en parte el control sobre sí mismo y se felicitó por la broma que le acababa de gastar al idiota con el que trabajaba.

Problemas de despacho
-No creo que Brontes esté de muy buen humor. Está que se sube por las paredes desde que llegaron esos amigos suyos, el griego salido y el borracho nórdico.

El profesor Seabury Pickman asintió ante la afirmación de Welcome. Sabía que tenía razón, pero aún así, tenía que hablar con Brontes sobre la planificación del seminario que iban a dar en conjunto el mes siguiente sobre los dioses ctónicos griegos y los mitos de la grecia pre-clásica. Últimamente había estado muy ocupado con los exámenes y revisando algunos aspectos de su monografía sobre la influencia cultural de algunos dioses y primigenios en la literatura y las artes durante el siglo XX. Pero no podía seguir retrasando la charla con Brontes, por lo que, sabiendo que Zeus solía parar mucho por el despacho del cíclope y que Welcome era capaz de meter en cintura al pervertido culturista de barbita rizada, decidió llevársela con él por si acaso.

-Que yo sepa, tu eres la única que se ha resistido a los “encantos” de Zeus, que parece querer hacerte la competencia en cuanto a lista de amantes en la Miskatonic.

-Es que mucha gente se deja llevar por la moda del momento, y confunde el morbo con el interés. A la mayoría de los que se tirado el griego ese mientras ha andado por aquí luego no ha querido saber nada, y, por lo que me han contado, es mucho ruido y pocas nueces. Tanta lista de amantes en la mitología y tanto presumir, y luego no es para tanto. Es lo que pasa, mucho morbo con eso de follar con un dios y luego te encuentras que es tan egocéntrico que sólo piensa en el placer propio y no en complacer a su pareja. Por eso, como me lo veía venir, le dejé las cosas claras.

-Sí, eso he oído, le plantaste un buen rodillazo en la entrepierna.

Welcome se encogió de hombros con gesto de indiferencia, como si no hubiera hecho nada especial, pero la sonrisa y la expresión de orgullo de su cara desvelaban que, en realidad, se había quedado muy satisfecha con aquello. Entonces se percató de que ya habían llegado al despacho de Brontes. El profesor Pickman llamó antes de abrir. Sabía que Brontes, cuando no estaba, cerraba su despacho, y cuando estaba, a veces estaba tan metido en su trabajo (fuera el que fuera), que se abstraía y se desconectaba del mundo. Por ello, Seabury no tuvo reparo en, tras comprobar que la puerta no tenía echada la llave, abrir y entrar junto con Welcome. Sin embargo, lo que encontró dentro no fue ni mucho menos lo que se esperaba. No sólo Brontes estaba ausente, sino que, en su lugar, una estudiante desnuda se hallaba masturbándose, muy concentrada en su tarea y con expresión de gozo. Seabury y Welcome se quedaron boquiabiertos ante el espectáculo que se desarrollaba ante ellos.

Welcome no tardó en cambiar su expresión por una sonrisa lasciva y se encogió de hombros en un gesto de “Ya que me lo ponen en bandeja, ¿por qué no?” y ni corta ni perezosa, comenzó a desvestirse para mayor sorpresa del profesor que no sabía donde mirar y como reaccionar. Cuando la estudiante que se estaba dedicando a la autosatisfacción se percató de la presencia de los dos recién llegados, les hizo un gesto afirmativo y se acercó a ellos insinuante. Seabury ya no sabía donde meterse, y cuando quiso darse cuenta, la puerta del despacho se cerró. Y lo que sucedió dentro del despacho de Brontes, dentro se quedó.