sábado, 14 de marzo de 2015

Terry Pratchett en La Llave y la Puerta

Aviso: Para los que no hayan leído la saga de Mundodisco, se van a producir spoilers en este relato.

Era un día triste en Arkham, era un día de conmemoración, pero no de festejo, pues esa jornada iba a estar dedicada a homenajear al fallecido y genial escritor de fantasía Terry Pratchett. Había fallecido unos días antes, y los Pickman no habían tardado en mover los hilos necesarios para organizar rápidamente la conmemoración que un autor de su talla merecía.

Harvey y Seabury se habían encargado de agilizar todos los trámites con la universidad y el ayuntamiento de la ciudad, mientras Anna había utilizado sus particulares dotes de persuasión para que los alumnos de los departamentos de arte e ingeniería diseñaran y construyeran una estatua en honor al fallecido, es decir, les había amenazado con hacer de su vida un infierno si no acababan a tiempo el trabajo. El sitio designado para instalar la estatua, evitando polémicas con la ciudad y el organismo educativo, era el patio que se abría en el hueco de la U que formaba la residencia, aprovechando una zona verde que hasta el momento no había recibido otros usos que servir para que los estudiantes masculinos se tumbaran en ella rodeados de complacientes mujeres.

En el lugar del homenaje se hallaba la estatua, finalizada con un breve lapso de margen, y cubierta con una lona en espera de ser inaugurada. Junto a la misma, los Pickman y una representación del claustro universitario, y, frente a ellos, los estudiantes y demás asistentes a la ceremonia, incluidos y, curiosamente sin llamar demasiado la atención, Summanus, Araknek y Welcome, que se había presentado ataviada como la joven Gytha Ogg, al igual que otros habían aparecido también disfrazados. Sin embargo no fueron los únicos, pues poco a poco comenzaron a venir más asistentes a la ceremonia, pero, o bien iban excepcionalmente caracterizados o pasaba algo raro ahí. Una delegación de la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork hizo su entrada, formada por Samuel Vimes, lady Sybil, el sargento Colon y Nobby Nobs, Zanahoria Fundidordehierroson, Angua von Uberwald, las colosales figuras petrea y cerámica de Detritus y Dorlf, Reg Shoe y Visita. No tardó en unírseles la delegación de la Universidad Invisible, formada por el Archicanciller Ridcully, Rincewind, el Tesorero, un curioso orangután (el Bibliotecario) y Ponder Stibbons. Tras ellos apareció un extraño trío: un individuo vestido con ropas isabelinas junto con dos sujetos de rostro equino, uno ataviado al estilo de los años 30 y el otro vestido con una túnica negra y apoyándose en un bastón. Lord Vetinari mantenía una animada conversación con Lovecraft y Shakespeare que discutían sobre las adaptaciones que Pratchett había hecho de sus obras. Mientras, por entre la gente se podía ver a un sujeto que parecía la prueba viviente de que el hombre desciende de algún tipo de roedor, vendiendo sospechosos productos porcinos altamente "orgánicos". Sin duda, sólo Y.V.A.L.R. Escurridizo era capaz de vender sus productos. No tardaron en llamar la atención también cuatro mujeres acompañadas por un hombrecillo de ojos llorosos con una corona que sólo sus orejas le impedían llevar a modo de collar, Verence II, rey de Lancre. Gytha Ogg, Esmerelda Ceravieja, Magrat Ajostiernos y Agnes Nitt destacaban por sí mismas, como corresponde a toda bruja. Un poco más tarde, Neil Gaiman hizo su llegada acompañado de Azirafel y Crowley, llegando elegantemente tarde.

Ante tal curioso cúmulo de asistentes Seabury Pickman comenzó el discurso en homenaje del fallecido. Sus palabras retrataban a un hombre que había dejado un legado imborrable en la literatura, cuya perspectiva y visión únicas redefinieron el humor y la fantasía. Un autor que ha dejado un legado de risas, filosofía, reflexión y sátira, cuyas novelas invitan al lector a ir más allá de las mismas palabras y comprender los mensajes que existen enlazados en la trama principal, un hombre que no tenía reparos en reírse de todo y de todos y cuya pluma no dejó títere con cabeza. Mientras Seabury hablaba, percibió como, al fondo aparecía una figura alta y delgada ataviada con una túnica con capucha hechas de oscuridad absoluta que portaba una guadaña. Sobre el hombre de Muerte, la Muerte de las Ratas se asomaba y sonreía (no es que tuviera muchas más opciones). Cuando acabó su discurso, que incluía un sentido homenaje a ese hombre sin el cual el humor ya no volverá a ser el mismo, dio la señal para descubrir la estatua. Unglaublich, con gesto solemne, retiró la lona, mostrando en bronce una escultura que representaba al Mundodisco, con la Gran A'Tuin navegando por los golfos del universo, con los cuatro elefantes sobre su caparazón y el disco sobre ellos. Al inaugurar la estatua, muchos rostros se humedecieron y Seabury, sorprendido, le pareció ver que la Gran A'Tuin le guiñaba un ojo.

Tras la ceremonia, los asistentes fueron dispersándose, produciéndose el esperado encuentro entre Welcome y Gytha Ogg. Ambas mujeres no tardaron en congeniar y retirarse para celebrar, a su manera, su particular homenaje a Terry Pratchett. Y los Pickman se retiraron junto con los demás para asistir al cocktel que seguiría a la inauguración.

En el pueblo de las Montañas del Carnero donde se baila la auténtica danza Morris, por ejemplo, creen firmemente que nadie ha muerto del todo hasta que mueren las ondulaciones que ha provocado en este mundo: hasta que se para el reloj al que dio cuerda, hasta que fermenta el vino que preparó, hasta que se recoge la cosecha que plantó. Según ellos, los años de la vida en sí no son más que el núcleo de la existencia real.
Terry Pratchett, El Segador

SEÑOR, SABEMOS QUE NO HAY OTRO ORDEN, SÓLO AQUEL QUE CREAMOS...
La expresión de Azrael no cambió.
NO HAY MÁS ESPERANZA QUE NOSOTROS. NO HAY MÁS PIEDAD QUE NOSOTROS. NO HAY JUSTICIA. SÓLO NOSOTROS.
El rostro sombrío, triste, llenó el cielo.
TODAS LAS COSAS QUE SON, SON NUESTRAS. PERO TIENEN QUE IMPORTARNOS. PORQUE, SI NO NOS IMPORTA NADA, NO EXISTIMOS. Y SI NOSOTROS NO EXISTIMOS, NO QUEDA MÁS QUE EL OLVIDO, EL FIN CIEGO. Y HASTA EL OLVIDO TIENE QUE LLEGAR A SU FIN ALGÚN DÍA.
SEÑOR, ¿ME DARÁS UN POCO DE TIEMPO, SÓLO UN POCO? POR EL EQUILIBRIO CORRECTO DE LAS COSAS. PARA DEVOLVER LO QUE UNA VEZ
FUE ENTREGADO. POR LOS PRISIONEROS Y POR EL VUELO DE LOS PÁJAROS.
La Muerte dio un paso hacia atrás.
Era imposible leer expresión alguna en los rasgos de Azrael.
La Muerte miró de reojo a los sirvientes.
SEÑOR, ¿QUÉ PUEDE ESPERAR LA COSECHA, SI NO IMPORTARLE AL SEGADOR?
Terry Pratchett, El Segador