sábado, 19 de diciembre de 2015

Alfa Strike: Afganistán Conection

En algún lugar de las montañas de Afganistán

Cuatro figuras ataviadas con uniformes militares de camuflaje subían por la ladera de la montaña. Pero aquello no era lo único peculiar del extraño comando de soldados, ya que el líder del equipo, o al menos el que iba en primer lugar, tenía una testa de asno, iba seguido por una atractiva mujer de piel morena y cabeza de gato, y tras ellos avanzaban con paso resuelto un hombre atlético de hombros anchos y cintura estrecha con un rostro que parecía sacado de una estatua griega clásica, que precedía a un fornido nórdico que portaba consigo un martillo colgando del cinturón.

-Explícame de nuevo porque estamos aquí en lugar de patear culos demoníacos con los demás -dijo la mujer gato.

Set, el dios con cabeza de asno que los guiaba, suspiró teatralmente antes de hablar, como si ya hubiera tenido que responder a la misma pregunta varias veces:

-Porque el equipo que ha ido a atacar las instalaciones de la UAEC se bastan y se sobran por sí mismos. Los del ISIS y los talibán me están destrozando el negocio de los viajes, y Loki me ha pasado el aviso de que se han reunido en esta zona porque parecen haber descubierto algo de característica sobrenaturales muy poderoso. ¿Quieres terroristas fanáticos islamistas manejando poder de las DCC (Deidades del Ciclo de Cthulhu)? Joder, ya se me pega la jerga de los capullos esos de la Fundación Pickman...

-¿Y que hace Ares con nosotros?

-Bueno, debido a su posición como director del principal portal de internet sobre historia bélica e información militar y como dios de la guerra, está bastante al día de los movimientos de tropas. Además, es de fiar y muy buen luchador.

-¿Y Thor?

-Se enteró que habría pelea y, además, sabes de sobra que te quiere llevar a la cama... En cualquier caso, hará buena papel en cualquier lucha en la que nos metamos.

Ciertamente, Set había tenido que responder varias veces durante el trayecto a las mismas preguntas. Bastet era una buena amiga, pero a veces lograba ponerle de los nervios. La verdad es que el egipcio habría preferido actuar de forma más directa, pero los dioses llevaban bastante tiempo con un perfil bajo y ya tendrían tiempo de soltarse el pelo a gusto cuando regresaran los Primigenios. Mientras, había que sacar provecho de las ventajas de no tener a legiones de adoradores pesados implorando a la mínima oportunidad. Y, bueno, de vez en cuanto se daban oportunidades como aquella de desquitarse un poco. Como presidente de Set Desert Tours, principal turoperador de viajes en Oriente Próximo y Oriente Medio, el dios había tenido bastantes problemas por culpa del auge de los fanatismos religiosos y el terrorismo, con lo que se había visto obligado a abrir nuevos mercados. Era parte del juego de los negocios, eso lo aceptaba, pero se alegraba de poder darle una buena lección a esos perros rabiosos llenos de odio e intolerancia. Por ello, la oportunidad que se le había presentado le venía como anillo al dedo. Loki había organizado el equipo de ataque que se lanzaría contra los laboratorios de la UAEC, mientras él, con Bastet, Ares, Thor y las cabras de Thor, Tanngrisnir y Tanngnjóstr, se iban a encargar de ese trabajo. El Herrero Mentiroso no había podido darle más datos, y el griego tampoco había obtenido más información de sus fuentes, por lo que iban a ciegas. Pero eso no iba a impedirles actuar con contundencia.

Media hora más tarde, llegaron a la entrada de una cueva. Era una simple oquedad en la ladera, la boca de un túnel que se adentraba en la montaña y no destacaba en nada con respecto a las centenares de aberturas similares que había repartidas por aquella zona. Pero era su objetivo. Sus fuentes no habían sido precisas sobre lo que habían encontrado los extremistas fanáticos, pero si que habían sido lo suficientemente precisas en cuanto a la localización del refugio secreto en donde estaba "aquello", fuera lo que fuera. A fin de cuentas, que un dios egipcio con poder sobre las arenas del desierto te someta a una mini tormenta de arena capaz de desollarte y arrancarte la carne de los huesos es una amenaza lo bastante grave como para no querer contrariar a tu jefe. Y los servicios de información de Loki y Set sabían que quien les pagaban los salarios eran capaces de eso y más. Por ello, los cuatro seres divinos se adentraron en la montaña cruzando aquel umbral.

En lugar de explorar aquella red de túneles en una poco defendible fila, se agruparon, encabezando la marcha Set y Ares, seguidos por Bastet y Thor. De vez en cuando, el egipcio y el griego podían escuchar el sonido producido por alguien que recibía un zarpazo tras haberle sobado el culo a cierta diosa de cabeza de gato. Pero lo ignoraron y siguieron adelante. No tardaron mucho en sacar unas  linternas que les alumbraran el camino. A medida que se introducían en el interior de la montaña, el túnel comenzaba a mostrar claras señales de presencia humana: algunas paredes habían sido excavadas para ensanchar el pasillo, encontraron varias cámaras que habían sido habilitadas como barracones o para otros usos, pero que parecían llevar poco tiempo desalojadas y aun no habían sido vaciadas.

-Parece que hemos encontrado una zona que han dejado de usar recientemente, pero que no han desechado por completo. De lo contrario se habrían llevado todo cuanto queda aquí.

Las palabras de Ares parecían atinadas, y valieron un gesto de aprobación por parte de los demás. Sin embargo, había algo en la atmósfera de aquella red de cavernas que indicaba que algo no iba bien. El aire sólo se estremecía por el paso de los cuatro dioses, como si aquel lugar hubiera estado abandonado desde hacía siglos, y no desde hacía unos escasos días. Entonces, al girar por un recodo, accedieron a una nueva sala donde el caos se había desatado. Se trataba de una cámara de unos 50 metros cuadrados que había sido usada como centro de planificación, o al menos eso indicaban las mesas destrozadas, los papeles tirados por todas partes y los mapas estratégicos rotos que colgaban de las paredes, junto con los tradicionales rastros de zarpas, disparos y manchas de sangre que eran señal del ataque de un ser feroz y cabreado. En aquel momento, Ares, tomó el mando.

Con gesto profesional, sacó un cuchillo y se dispuso a explorar la sala, en busca de cualquier indicio que les pudiera indicar que había sucedido allí. Con paso contenido pero decidido, se adentró en la estancia, recorriendo todo el contenido de la misma con la mirada, examinando detenidamente cada posible pista, cada detalle, cada mancha de sangre. Tras examinar minuciosamente el lugar, invitó a entrar a sus compañeros. El único indicio que pudiera darles razones de lo sucedido era el cuerpo caído y cubierto por papeles y restos variados de un hombre de piel cetrina y abundante barba. O bien era un hipster de oriente medio o un terrorista, pero todos los indicios apuntaban a esto último.

Los cuatro dioses descubrieron por completo el cuerpo y lo examinaron. Estaba bastante vapuleado, con el cuerpo cubierto de hematomas y el brazo izquierdo en una posición forzada que indicaba que estaba roto. De repente, el hombre abrió unos ojos que reflejaban el terror más absoluto y, para mayor sorpresa de ellos, comenzó a farfullar:

-Los colmillos... la muerte que se alza... dormía... lo despertamos... en la roca... muerte andante... el ídolo... Ganesha... se abalanzó sobre nosotros... no debimos... su furia... muerte... dolor... sangre por todas partes... la torre del elefante... no debimos... los ángulos... esa mano... no debería existir... nunca... con mil elefantes...

Tras varios minutos de palabrería incoherente en parsi, idioma que, por su condición, los dioses comprendían, finalmente falleció el terrorista, logrando así que su muerte fuera más melodramática que una muerte en la ópera. Pero, de improviso, el brazo derecho se lanzó como un arpón para coger a Bastet y el fanático gritó: ¡Mujer! ¡Deberías cubrirte y no lucir tu impúdica figura! Y ya, sí, definitivamente, sin lugar a dudas, murió. El hecho de que Thor le aplastara la cabeza para asegurarse fue secundario.

Sin más pistas que los desvaríos finales de un cadáver, tuvieron que seguir su camino a través del complejo entramado de túneles y salas que conformaban aquel centro neurálgico terrorista. A medida que avanzaban, sólo encontraban soledad, muerte y devastación. Fuera lo que fuera lo que había pasado, había arrasado todo a su paso. Cada vez que encontraban más cuerpos, se limitaban a pasar de largo, y, si se movían y parecían ir a soltar una nueva parrafada incoherente, ponían rápido fin a su sufrimientos (el de los dioses, que no querían aguantar otra sarta de tonterías), dándole muerte. Pero, finalmente, alcanzaron el lugar donde parecía haber empezado todo: una excavación arqueológica bastante tosca, como hecha por aficionados, de lo que era algún tipo de extraño y ancestral templo de arquitectura claramente alienígena y que parecía tener algunos elementos característicos de la India. Desde la entrada al mismo surgían dos pares de huellas con un aspecto extraño, como si hubieran sido dejadas por una criatura grande, muy pesada y de aspecto parcialmente antropomórfico. Uno de los rastros salía y el otro regresaba al interior. Ya que no parecía haber nada en las cuevas, los dioses probaron suerte y optaron por introducirse en el templo cuyo acceso habían descubierto los terroristas.

El interior del recinto ancestral tenía una atmósfera pesada y cargada de un aroma rancio a especias y flores marchitas, diferente al olor de la roca y la sangre de las cuevas. Para ellos, fue como entrar en otro mundo. Tras un corto pasillo de dimensiones superiores a las habituales para permitir el tránsito de un ser humano, accedieron a una inmensa construcción, una sala sumida en la decadencia de los siglos, al fondo de la cual podían observar una inmensa escalinata, a cuyos pies se abrían dos nuevos accesos. Los colores estaban apagados y desgastados, con desconchones que afeaban lo que debieron ser muros de una riqueza y belleza sin par, creados por una inteligencia claramente no humana. Los diseños de las columnas, los frescos, mosaicos y toda la abundante y variada decoración eran obra de un arquitecto alienígena, de una sensibilidad ajena a toda experiencia conocida por la civilización del hombre. El silencio habría sido absoluto de no ser por sus respiraciones y por un rumor creciente que acabó por emerger por una de las entradas al fondo de la sala junto con los causantes del mismo: dos seres que combinaban rasgos antropomórficos con elefantídeos. El primero que apareció era un ser de cuerpo humano fuerte y perfectamente formado, como el de un dios griego, como el de Ares mismo. Tan sólo su piel verde, su estatura, superior a la de un ser humano y la monstruosa cabeza de elefante, que resultaba desproporcionada, lo identificaban como un ser alienígena. Retrocedió trastabillando, como retrocediendo ante la embestida de un enemigo más poderoso. Unos segundos después, surgió su adversario, un horror elefantino abotargado, con cabeza esquelética de orejas palmeadas y una trompa que acababa en un gran disco aplanado. De envergadura superior a la de su rival, su cuerpo estaba moteado y manchado. No tardaron mucho en volver a enzarzarse en cruel lucha, en la que el último en aparecer parecía llevar ventaja y tratar de golpear a su enemigo con el disco de la trompa.

Ante la desventaja a la que se enfrentaba el ser verde, y reconociendo a su contrincante como un miembro de la insana progenie de Chaugnar Faugn, los cuatro dioses, guiados por el impulso de aclarar las cosas de una vez, se lanzaron a la lucha en contra del hijo del Primigenio. Todos ellos iban armados con cuchillos encantados, y Bastet podía convertir sus manos en zarpas felinas, como bien había podido comprobar Thor. Ares, impulsado por sus poderosos músculos, cargó y embistió a su objetivo de tal manera que, ni el poderoso y abotargado cuerpo del mismo le impidió ser derribado. Tras él, Set, poco amigo del juego limpio, aprovechó que el monstruoso ser elefantino había caído, para abalanzarse sobre él e inmovilizarlo. Entonces, Bastet, como buena gata, saltó sobre el voluminoso abdomen e hizo uso de sus garras para rasgar la gruesa piel de la criatura. Por su parte, Thor, empuñando a su Mjolnir, no dudó en arrojar su martillo contra la testa del enemigo.

Bajo el ataque de los cuatro dioses, que sometían al vástago de Chaugnar Faugn a una presión continua, el horror abotargado fue finalmente sometido y muerto bajo el poderoso martillo de Thor. Fue en ese momento cuando ya pudieron respirar tranquilos. Tan sólo quedaba averiguar que había sucedido allí. Tras recuperar el aliento, la intención de interrogar al ser verde era más que clara por parte de los dioses, por lo que este, por iniciativa propia, comenzó a hablar:

-Os saludo, dioses de la Tierra. Soy Yag-Koro, o Koro del planeta Yag, un mundo transcósmico sólo conocido por los enloquecidos autores de los más extraños grimorios, los dioses exteriores y algunos obsesos de buscar a Wally. Fui enviado a este mundo para rastrear a la progenie de Chaugnar Faugn, horror cósmico que, en ocasiones, es confundido con uno de mi especie, lo cual es fatal para el turismo. Lamentablemente, estos sujetos del ISIS, junto con los talibán, encontraron este antiguo templo primero, dedicado originalmente al repulsivo y elefantino Primigenio y que estaba habitado por uno de su estirpe. Cuando llegué yo, el mal ya estaba hecho, y había sido liberado, por lo que lo rastreé y luché contra él, pero demostró ser más poderoso. Por ello, os agradezco vuestra intervención al acabar con este monstruo. Ahora debo partir para seguir mi búsqueda. Tal vez, en un futuro volvamos a encontrarnos.

Los dioses, satisfechos con la explicación, siguieron un tiempo más hablando con el alienígena transcósmico. Durante esa charla, le pusieron al día sobre sus actividades, y compartieron datos que pudieran resultar útiles a ambas facciones, sentando así las bases para futuras colaboraciones. Una vez resueltas estas cuestiones, había que solventar el tema de que hacer con aquellas ruinas y la base de los terroristas. Fue entonces, pensando en que hacer, cuando Thor tuvo un momento de genialidad. La idea de Thor les permitía resolver rápida y fácilmente sus problemas, ya que consistía en utilizar todos los explosivos y armamento allí almacenados para provocar una enorme explosión que hundiera el sistema de cuevas y, así impidiera su reutilización y el acceso a la excavación. Por su parte, mientras ponían esto en práctica, Yag-Koro se despidió para seguir su búsqueda.

Una hora más tarde...

Set salió corriendo de la cueva como alma que lleva el diablo al grito de:

-¡CORRE, HIJOPUTA CORRE!

Tras él, siguiendo sabiamente su consejo, avanzaban a toda velocidad Ares, Thor y Bastet, mientras, tras ellos, la onda expansiva y la nube de humo y polvo que arrastraba esta les seguía pisándoles los talones. Cuando lograron ponerse a salvo, saltando detrás de una enorme roca, respiraron aliviados. Aunque de forma expeditiva, habían logrado su objetivo.