miércoles, 2 de diciembre de 2015

The DOOM that came to Alfa Strike

Un homenaje a DOOM, el juego de ID Software de 1993 de John Carmack

Laboratorio de UAEC (United Aerospace Engineering Corporation), filial de NWE, en algún lugar de los Balcanes

Brontes cargó con toda su masa, con esa velocidad engañosamente lenta de la lava, pero que resulta devastadora cuando se lanzan contra ti 200 kg. de dios del trueno cabreado con un martillo en cada mano. La mole pelirroja del griego se abalanzó contra un ser semi humano, de piel rojiza y con gruesas patas caprinas, morro de bestia carnívora y cuernos que no esperaba semejante embestida. El impacto derribó al Barón, momento en que aprovechó Brontes para alzar ambas manos y golpear el cráneo del ser infernal con los martillos que empuñaba.

Mientras tanto, a su espalda, N'kari había logrado subirse sobre una especie de beholder rojo que escupía bolas de plasma hacia Delta Wave Welcome, que usaba su espada Ouroboros para detener los ataques del monstruo. Mientras la joven lo distraía, la africana trataba de apuntar la escopeta de dos cañones que llevaba sobre la testa de la criatura. Un poco más allá, Perun empalaba con su lanza un ser humanoide de color marrón que le había atacado lanzándole bolas de fuego.

Al fondo, tratando de ignorar la sangrienta lucha contra las hordas del infierno, Pkaurodlos, la Serpiente Emplumada, se peleaba con los sistemas informáticos de las instalaciones, tratando de romper la seguridad. Realmente, él no debería estar allí, esa era una misión de combate directo, y la única razón de su presencia era porque se le daban bien los ordenadores. Pero aquello empezaba a sacarle de quicio. Frustrado, se giró y frió con un rayo a un zombie que apareció por la puerta mientras trataba de concentrarse en su trabajo: hackear los ordenadores.

Sala de reuniones de Alfa Strike, hogar de Loki en las Tierras del Sueño, hace media hora

Una vez más, Loki había reunido a parte del equipo que formaba el Alfa Strike Squad. Por la lista de las deidades convocadas, estaba claro que iba a ser una misión de primera línea de combate. Desde luego a nadie se le ocurriría llevar a una operación encubierta de infiltración a Perun, N'kari, Brontes y Delta Wave Welcome. La única nota discordante era Pkaurodlos, que no era precisamente un guerrero. Sin embargo, el Herrero Mentiroso había formado esa alineación con un propósito concreto:

-Por lo visto, tras su fracaso victoriano que nosotros frustramos, los de la NWE siguen con su idea de explotar los viajes espacio-temporales e interdimensionales. Han contratado a un becario del Doctor Carmack para que, aprovechando los conocimientos que tenga de los trabajos de este científico, combinándolo con su propia tecnología, lograr mejorar su propio portal. Ya permitía los viajes en el espacio-tiempo y ahora también permite moverse entre mundos paralelos. El problema es que el becario que tienen es el equivalente al Becario de la Fundacion Wilmarth, y el portal, aunque activo, funcional y estable, no les ha permitido acceder a las Tierras del Sueño como querían. En su lugar, han creado un portal hacia alguna dimensión infernal. Por suerte, gracias a la labor de espionaje que he realizado, tenemos la localización de sus instalaciones. Nuestra misión es realizar un ataque relámpago: llegar, destruir a todas las fuerzas infernales liberadas, hackear sus ordenadores para extraer toda la información y destruir el lugar.

-¿Entonces imagino que me corresponde a mí el trabajo informático? -preguntó Pkaurodlos.

-Ciertamente -respondió Loki-. No podemos contar con Ares o Set, que también tienen buenos conocimientos de este campo ya que tienen su propia misión en otro lugar. Así que contamos contigo. Descuida, los demás te cubrirán en combate.

La expresión de Pkaurodlos indicaba claramente lo que tenía en mente: iba a arrepentirse de haber aceptado colaborar...

Laboratorio de UAEC (United Aerospace Engineering Corporation), filial de NWE, en algún lugar de los Balcanes (otra vez).

-¡Cáspita! ¡Recorcholis! ¡Caracoles! ¡Sapristi! ¡Condenados hijos naturales de una dama de afecto negociable! ¡Estos sistemas de seguridad me tienen hasta las plumas!

Ciertamente, Pkaurodlos no había tardado demasiado en arrepentirse. La entrada había resultado fácil, abriéndose camino entre el escaso personal que trataba de escapar aún y las primeras oleadas de monstruos: guardias de seguridad de Omicron Scorpions Security y científicos convertidos todos ellos en zombies demoníacos. Tras estos, comenzaron a aparecer los primeros seres humanoides de color marrón que lanzaban bolas de fuego. Y poco a poco, a medida que avanzaban por el complejo de investigación, se iban topando cada vez con más monstruos y más poderosos.

En resumen, se toparon con las siguientes criaturas:
Zombies: científicos y guardias de seguridad, armados con pistolas y escopetas.
Imps: demonios humanoides marrones que lanzan bolas de fuego.
Barones: seres humanoides caprinos, como una especie de sátiros demoníacos (no relacionados con Shub-Niggurath).
Almas Perdidas: cráneos de night-gaunt poseídos por Zarathos, el espíritu de la venganza (¿¡!?)
Cacodemonios: Beholders comunistas (¡son rojos!) sin pedúnculos con ojos adicionales, sólo poseen el gran ojo central. Cantan la Internacional y escupen bolas de plasma

Cuando lograron abrirse paso a través de semejante grey infernal, lograron finalmente llegar hasta los ordenadores centrales, donde Pkaurodlos estaba a punto de hacer algo que nunca se habría esperado de él. Frustrado hasta lo indecible por las medidas de seguridad de los sistemas informáticos, estuvo a punto de soltar un taco. Mientras, sus compañeros se dedicaban a la ardua labor de la matanza de demonios en su mejor interpretación de marine de DOOM.

Tras lograr acabar con los últimos restos de adversarios, se abrió una puerta doble que hasta ese momento se había mantenido cerrada. Del umbral surgió un sonido chirriante, como el de unas articulaciones metálicas necesitadas de lubricante, seguidos por el causante de los mismos: un monstruoso cerebro con una pequeña cara con aspecto de sufrir de estreñimiento crónico, enseñando dientes como un superhéroe diseñado por Rob Liefeld. La enorme masa encefálica cabreada se desplazaba montada en una plataforma con cuatro patas articuladas, y tenía montada una ametralladora gatling en el frontal, lo que suponía una clara insinuación fálica. Como era de esperar, la criatura no parecía dispuesta a dialogar.

Los dioses y la valquiria se prepararon para cubrir a su compañero, posicionándose en abanico en torno a la criatura. Comenzaron a desplazarse lateralmente para que Pkaurodlos quedara fuera del ángulo de tiro mientras ellos luchaban. N'kari, haciendo honor a su título de diosa de la pasión violenta, se lanzó contra el monstruo, que llevaba una chapita identificaba con el texto: “Hola, soy la Mente Araña”. Conociendo los apasionamientos de la africana, sus compañeros no tenían claro si iba a descargar los dos cañones de la escopeta o a usar la ametralladora como consolador XXL, por suerte, la mujer optó por la primera opción, disparando casi a bocajarro contra el monstruo. Pero la criatura era sumamente dura, y apenas había recibido daños. Sin embargo, el ataque sólo había comenzado. Tras N'kari, Perun y Brontes, con sus poderosos músculos enarbolando con fiereza sus armas, cargaron contra el ser, mientras, a su espalda, Welcome usaba su espada para abrir una brecha que la situara en la retaguardia de la criatura. Pero la Mente Araña no tardó en reaccionar. Moviéndose en medio de un coro de chirridos, su ametralladora comenzó a escupir muerte, bramando sin cesar mientras acribillaba las paredes. Los dioses, que por muy brutos que fueran no eran tontos, lograron esquivar el ataque, posicionándose para golpear ellos mismos. Welcome, por su parte, se movía para mantenerse a la espalda del ser, buscando un punto débil y ofreciendo a sus compañeros la posibilidad de flanquearlo. Entonces, N'kari rodó hacia un lado para poder recargar su arma.

Brontes y Perun, actuando coordinados, lanzaron su ataque simultáneamente, golpeando y esquivando, martillando, clavando la lanza y evitando las ráfagas de ametralladora. Por la espalda, finalmente Welcome identificó el lugar idóneo donde hundir la espada, y así dar tiempo a N'kari con la escopeta. Lo que había creído una simple circunvolución de la masa encefálica demoníaca era, en realidad, esa parte de la anatomía donde la espalda pierde su nombre. Cuando la hoja de Ouroboros penetró en el monstruo, la expresión de la cara de este cambió, convencido de que ya no iba a tener más problemas de estreñimiento. En ese momento, las fuerzas simultáneas de los dos dioses del trueno, combinadas con el disparo doble de N'kari convergieron sobre el ser, destrozándolo más allá de toda posibilidad de recuperación. Lamentablemente, al morir la Mente Araña, se activó un sistema de autodestrucción en la plataforma, lo que no sólo la inutilizó, sino que hizo explotar el inmenso cerebro de textura gelatinosa en su interior, salpicando de forma desagradable.

Aquello es lo único que le faltaba a Pkaurodlos, pringarse de sesos demoníacos. A punto de estallar, empujó el teclado de un manotazo y, para su sorpresa, se encontró debajo una hoja en la que estaban detallados la contraseña de superusuario y los accesos a los bancos de datos. El dios de la tormenta se quedó con el pico abierto, sorprendido de que, con unas medidas de seguridad tan férreas, fueran tan incompetentes a la hora de guardar las claves de acceso. Respirando ya tranquilo, se dispuso a trabajar. Pero la paz no había llegado todavía.

Con el dios tolteca, azteca, maya e ibero trabajando en la copia de la información, por la puerta doble, tras la cual se encontraba el portal interdimensional que habían ido a cerrar, surgió una nueva amenaza. Esta vez se trataba de un monstruo gigantesco, un coloso de cuatro metros, una especie de minotauro demoniaco cibernético que sustituía el brazo derecho por un enorme cañón. Perun, Brontes, Welcome y N'kari retrocedieron unos pasos ante el monstruo, pero sabían que no debían darse por vencidos tan fácilmente. Un grito de batalla lanzado en conjunto fue la señal para cargar contra el ser. Pero, trabajando a la velocidad del rayo, con el acceso del superusuario, Pkaurodlos demostró porque era el mejor con los ordenadores. Con sus compañeros enzarzados en brutal batalla contra el boss final, puso en práctica un plan que se le había ocurrido en un momento de inspiración. Tecleando con furia y usando el ratón para navegar por las diferentes opciones del sistema y de los programas de configuración del portal, introdujo una serie de cambios y, con una expresión de máxima satisfacción, apretó la tecla ENTER.

Mientras Perun trataba de alancear al ciberdemonio y Brontes atacaba con furia las patas del ser, N'kari buscaba una posición de tiro desde donde disparar sin afectar a sus compañeros, acompañada por Welcome, que usaba la Ouroboros para desviar mediante portales los proyectiles que el monstruos disparaba y devolvérselos. En esos momentos de máxima tensión, un nuevo invitado hizo su entrada a través del portal. Se trataba de un coloso que superaba en tamaño al demonio, un descomunal largarto acuático, Bokrug, quien hizo caer la maldición sobre Sarnath. El primigenio de las Tierras del Sueño avanzó con paso perezoso y contempló con jurásica y ancestral mirada a los combatientes. Estos, congelados ante la aparición del saurio, se quedaron expectantes, sin saber como reaccionar. Entonces, el recién llegado devoró de un bocado al ciberdemonio, momento en que Pkaurodlos instó a sus compañeros a largarse lo más rápido posible. Welcome, atendiendo al ruego del dios, abrió un portal que les envió al exterior de las instalaciones, donde el ibero-precolombino les explicó su plan:

-La idea era sencilla: teníamos que destruir estas instalaciones y quedarnos con toda la información. Esto último lo tengo guardado en este pendrive -explicó mientras mostraba la unidad de almacenamiento-, pero para acabar con todo, y viendo que teníamos un “maldito” problema, se me ha ocurrido que la mejor solución sería traer al experto en lanzar “maldiciones”, Bokrug. Así que, podemos sentarnos a ver como él se encarga de todo. Entre dioses saurios nos entendemos y sabe que le debo un favor por actuar rápido.

Tal y como había predicho Pkaurodlos, Bokrug, en su mejor papel de Godzilla, inició una completa, exhaustiva, total y eficaz destrucción, reduciendo los edificios a ruinas informes mientras los dioses comían palomitas y disfrutaban del espectáculo. Su misión había sido un éxito, solo quedaba volver a casa.

Mientras tanto, en algún lugar de las montañas de Afganistán

Set salió corriendo de la cueva como alma que lleva el diablo al grito de:

-¡CORRE, HIJOPUTA CORRE!

Tras él, siguiendo sabiamente su consejo, avanzaban a toda velocidad Ares, Thor y Bastet, mientras, tras ellos, la onda expansiva y la nube de humo y polvo que arrastraba esta les seguía pisándoles los talones. Cuando lograron ponerse a salvo, saltando detrás de una enorme roca, respiraron aliviados. Aunque de forma expeditiva, habían logrado su objetivo.