jueves, 24 de diciembre de 2015

Weird Christmas II: El krampus que jod** la navidad (parte 1)

Si hay algo más horrible que las aglomeraciones y las interminables colas en las compras de navidad, ese algo son los villancicos que siempre tienen puestos en el hilo musical de los supermercados y grandes almacenes. Alguien podría decir que un villancico es algo bonito y entrañable (ese  alguien, claramente, no ha escuchado con atención las letras ¿peces que beben? ¿ladrones de chocolate? ¿ratones devoradores de calzones?), pero cuando ese villancico sale de un hilo musical horrendo, con las voces de unos niños chillones y espídicos, y encima se repite una y otra vez, se termina convirtiendo en una tortura.

Welcome no podía negar que tenía espíritu navideño, de hecho le encantaba la navidad, pero estar media hora en una cola escuchando una y otra vez Carol of the Old Ones, cantado por unos profundillos infantes, haría que cualquiera sacara su asesino oculto y provocara una masacre. Afortunadamente para todos los compradores de última hora, Welcome tenía algo más aparte de espíritu navideño, y ese algo era paciencia. Aunque había que agradecer a Katherine Ashford por haber alimentado esa paciencia al haber acompañado a Welcome en las compras, sin ella, quizás, cierta espada habría salido del cinto y se habría armado la marimorena.En la interminable cola, la gente también se estaba empezando a impacientar. Llevaba varios minutos sin haber movimiento porque un anciano estaba contando a la atribulada cajera sus aventuras como piloto junto a la comandante Francesca Cook y su aguerrido equipo de aviadores, y no parecía que la historia fuera a ser corta.

 -Pero bueno ¿vamos a llegar a la caja o qué? -dijo Welcome  arrugando la nariz y notando que la impaciencia volvía a crecer.

 -Creo que aquél señor está muy metido en la historia, ya está haciendo onomatopeyas e imitando a un avión con los brazos. -le respondió Kate.

La joven Evangeline se hartó de tanta historia, cogió de la mano a Kate, y se subió al mostrador de irresistibles productos que intencionadamente ponen en los grandes almacenes junto a la zona de las cajas registradoras. Recorrió todo el tramo desde donde estaban hasta la cajera, dio un salto junto al señor piloto y dejó sus productos, antes de que este pudiera decir nada, ella misma los pasó por el lector, dejó el dinero (más la propina) y salió de allí corriendo junto a Kate.
 

-Así sí -dijo con una sonrisa atravesando las puertas del centro comercial donde se encontraban los grandes almacenes.

Ya en el exterior, les recibió el frío de la tarde y las luces que adornaban las calles de Arkham. Fueron caminando en dirección a la residencia La Llave y La Puerta, donde les esperaba Brontes para llevar a cabo su importante misión.

-¿Lo llevamos todo? -preguntó Kate -Tendría gracia que, después de todo el rato que hemos estado allí, nos dejáramos algo.

-No, llevamos los disfraces y todo lo necesario, tengo dentro de mi cabecita la lista que nos dio Brontes, y tengo muy buena memoria.

Fueron atravesando la ciudad, repleta de gente que iba de aquí para allá con las últimas compras navideñas, así como los que se dirigían a las casas de sus familiares para pasar la nochebuena, pero en una calle cualquiera pasaron junto a una mole gigantesca de un color pardo, que apestaba a pescado, y caminaba con parsimonia dejando inmensas huellas encharcadas en la nieve del suelo. Katherine se le quedó mirando con los ojos como platos.

-¡¿Pero qué diantres es eso?! -exclamó la joven
.

-Oh, no te preocupes, Kate, sólo es Dagon, que irá a visitar a alguien que le vio en una isla en medio del mar, pasa a menudo -le respondió Welcome.

-Ah bien -respondió Kate -, si pasa a menudo no habrá ningún problema ¿no?

Tras ellas, en la dirección a la que había ido la gigantesca mole, se pudo escuchar un grito.

-¡Esa mano! ¡¡¡La ventana!!! ¡¡¡La ventana!!!

Welcome siguió caminando con una sonrisa. Kate no entendía cómo estaba acostumbrada a todas aquellas excentricidades, aunque suponía que, cuando llevara más tiempo en la ciudad, lo vería como los demás. Ya había oído rumores sobre un desconocido individuo que se había paseado por la ciudad unas noches de primeros de diciembre, haciendo sonar unas cadenas y campanas oxidadas, pero cuando lo comentó en la universidad, sus compañeros le dijeron que no le diera importancia, eso era lo menos preocupante que podía pasar, pues una vez hubo una protesta de gules en contra del embalsamado de cadáveres y eso sí que armó una buena, pues los bichos hacían manifestaciones en las que llevaban pancartas hechas con piel resecada y pancartas de hueso, y el pestazo llegaba a todas partes.

No tardaron en llegar a la residencia, y les abrió la puerta Pequeña T'auin, a la que alguien le había puesto un gorrito de navidad (cómo una tortuga logró abrir la puesta es un misterio que nadie hasta ahora ha sabido resolver). Siguieron a la tortuga, que les llevó a la zona trasera de la residencia, donde se encontraron con el ciclópeo Brontes, que les recibía con una sonrisa en la cara.

-¡Habéis llegado! -dijo -Espero que no hayáis tenido muchos problemas, en navidad suele haber mucho jaleo en los grandes almacenes. Antes solía ser más peligroso, con combates encarnizados, persecuciones y tiroteos, pero desde que el alcalde instauró el Día de la Purga Anual durante las rebajas, las carnicerías tienen lugar más tarde.

-Sí, sólo hemos tenido que aguantar las típicas colas, pero bueno, ya está aquí todo -respondió Welcome.

Dejó la bolsa delante del cíclope y sacó del interior lo que habían comprado. Se trataba de tres disfraces, uno grande de color rojo y blanco, y otros dos de color verde y de una talla menor. También había unas campanillas y unos paquetitos llenos de golosinas y caramelos.

-¡Fenomenal! Yo tengo los juguetes y el resto de los regalos. Los pedí vía Byakhee y no tardaron nada en llegar, así que sólo nos queda cambiarnos de ropa y prepararnos para una nochebuena que será inolvidable.


Un par de horas más tardes, cuando la luna llevaba bastante rato gobernando en el cielo, y los niños buenos se habían ido a la cama, la puerta del almacén de la residencia La Llave y La Puerta se abrió al son de The Eye of the Tiger. De allí, salieron, a cámara lenta, tres personas que caminaban con decisión. En el centro se encontraba Brontes, disfrazado con el traje de Santa Claus, a su derecha iba Welcome, y a su izquierda Kate, ambas iban disfrazadas de ayudantes de Santa Claus. Enfrente de ellos estaba el trineo de Santa Claus, con el saco repleto de regalos, y tirado por la informe masa de Unglaublich.

Una boca se formó en la palpitante gelatina del ser extraplanetario y se dirigió a los que se estaban acercando a él.

-No puedo creer que me convencierais para hacer esto ¿y quién ha puesto esa música? Pensaba que los humanos, en estas fechas, poníais otro tipo de sintonías.

-Ya, bueno -dijo Brontes -, pero es que cualquier otro tipo de música no llegaría ni a la mitad de molonidad de esta canción.

-Eso es verdad -asintió Welcome.

Cada uno de ellos tomaron sus puestos en el trineo, y Brontes se colocó la barba postiza en la cara. Se la había pedido a Summanus, que las tenía muy buenas, y la había teñido de blanco.

-Bien, tenemos que recorrer toda la ciudad en lo que queda de noche y repartir todos los regalos. Teniendo en cuenta que somos más guays que un combate a muerte entre Chuck Norris y Jack Bauer, seguramente nos sobrará tiempo para pedirnos unos churros con chocolate -dijo Brontes.

Sus dos ayudantes asintieron con la cabeza.

-¡¡Vamos, Unglaublich! ¡Hoooo hooooo hooooo!

Brontes tiró de las riendas y Unglaublich salió disparado del suelo, llevando tras él el trineo, que sonaba con las campanillas que Welcome y Kate habían ido colocándole por todas partes. Poco a poco fue ganando altura, y en menos de un minuto ya estaban por encima de los edificios de la ciudad, pudiendo ver todos los tejados debajo de ellos.

Brontes sacó el mapa de la ciudad que había sacado del archivo y le echó un vistazo.

-Bien, empezamos por aquella casa, la de los Bellingham, gira hacia allá, Unglaublich -dijo el cíclope.

El ser extragaláctico viró en la dirección en la que le dijo Brontes y el trineo le siguió velozmente. Con suavidad aterrizó en el tejado y Brontes bajó, se acercó a la chimenea y se asomó. Después de echar un vistazo, se  volvió a dirigir al trineo y buscó en el saco de los regalos, eligió uno y se acercó a sus compañeras, que le llenaron una bolsa de caramelos, tras lo que Brontes fue hacia la chimenea y entró por ella. Lo que encontró debajo le hizo dar un brinco.

El árbol de navidad estaba tumbado en el suelo del salón, había regalos desgarrados y destrozados por aquí y por allá, y los dueños de la casa estaban atados a la pared con las luces navideñas. Brontes sintió un profundo alivio al darse cuenta de que estaban vivos, sólo estaban inconscientes, pero no estaba por ningún sitio el pequeño de la casa ¡alguien se lo había llevado!

El cíclope se giró hacia la chimenea y vio allí unas huellas que no eran las suyas, eran más parecidas a las de un caprino u ovino, pero estaba seguro de que en casa de los Bellingham no tenían ganado

Mientras tanto, Kate y Welcome estaban ordenando los regalos y poniendo los nombres de los destinatarios en unas tarjetitas. Mientras lo hacían se escuchó una explosión en una casa cercana y vieron salir algo corriendo de allí, pero entre el humo y el resplandor de las llamas, no consiguieron ver nada.

-¿Eso también es normal en Arkham? -preguntó Kate.

-Bueno... que explote algo de vez en cuando no es raro, pero esto no termina de gustarme -respondió Welcome torciendo el gesto.

Brontes salió por la chimenea y se dirigió hacia la pareja de ayudantes.

-Alguien se ha llevado al crío de los Bellingham y ha hecho un desastre con los adornos -les dijo.

-Pues en aquella casa ha habido una explosión y hemos visto una sombra salir huyendo -le respondió Kate.

Brontes frunció el ceño mirando en aquella dirección.

-Aquella es la casa de los Talbot, son miembros de la NRA y su hijo es parte de la Fundación Wilmarth -informó Brontes -, lo cual quiere decir que deben tener la casa llena de explosivos. Unglaublich, llévanos allí.

Brontes y sus dos compañeras subieron al trineo y Unglaublich despegó, llevándoles en cuestión de segundos a la casa que ardía mientras los dueños intentaban apagar las llamas con un minicamión de bomberos.

-¿De dónde han sacado ese cacharro? -preguntó Kate.

-Como miembro de la Fundación Wilmarth, el hijo de los Talbot siempre tiene algún dispositivo de apagado de fuegos, ya sabéis cómo les gusta a esa gente reventar cosas. -dijo Brontes.

Welcome se acercó al grupo de personas que intentaban apagar el fuego con la manguera.

-¿Se puede saber qué ha pasado? -preguntó la joven.

El hijo de los Talbot, que dirigía el trabajo desde el minicamión miró a Welcome.

-Habíamos terminado de cenar y habíamos dejado que mi sobrino Tom se fuera dormir, cuando ha entrado en la casa una entidad de las DCC, ni más ni menos que un Hombre de Leng. El malvado ser ha intentado destrozar la decoración y se ha comido todos los dulces, pero siguiendo con mi entrenamiento, le he lanzado una granada de fragmentación.

-¿Pero tú eres tonto o qué? Los Hombre de Leng viven en Las Tierras del Sueño, no pueden salir de allí -le respondió Welcome airada -¿y cómo se te ocurre tirar una granada dentro de tu casa?

-El entrenamiento básico de la Fundación Wilmarth dice que, al menor contacto con una entidad de las DCC, le tiremos un explosivo.

Welcome giró los ojos en las cuencas, ella tenía también ganas de tirarle un explosivo a semejante idiota, pero no era cuestión de terminar de chafar las festividades.

-¿Qué pasa aquí? -preguntó Kate cuando Welcome volvió al trineo- ¿también tenéis aquí al Grinch?

-No es el Grinch -dijo Brontes -a ese me lo cepillé hace un par de años y no va a volver a Arkham, sea quien sea el que está haciendo esto, es otro. Y sea quien sea, va a pagar muy caro estar jodiendo una noche tan especial... ¡y más después de las molestias que me he pegado para ser el Santa Claus oficial de Arkham!

-Lo veo bien -dijo Welcome -¿Pero cómo vamos a encontrarlo?

-Eso es fácil -dijo Unglaublich con una sonrisa que había creado expresamente para eso -. Mis ojos pueden ver más allá de los vuestros, simples mortales.

-¡¿A quien estás llamando simple mortal, montón de gelatina con patas?! -exclamó Brontes.

-Está allí, en aquella casa que está más decorada que la mansión de Santa Claus -dijo Unglaublich ignorando a Brontes.

-Pues vamos allí -proclamó Welcome.

Unglaublich salió despedido como un rayo, pero frenó demasiado tarde y se estampó contra la casa en la que estaba intentando entrar el ser al que estaban persiguiendo. Esto provocó que la masa gelatinosa de Unglaublich se expandiera absorbiendo el impacto y haciendo que el saco de los regalos se cayera desperdigando todo por el suelo. Afortunadamente, los ocupantes del trineo no habían sufrido ningún daño, pero a Brontes se le había caído la barba.

Cuando los ocupantes del trineo bajaron de él, se encontraron frente a frente con una criatura con robusto cuerpo humanoide cubierto de un espeso pelo negro. Tenía extremidades traseras iguales a las de un animal caprino, acabadas en pezuñas, pero las extremidades delanteras eran dos brazos en los que llevaba una fea cadena oscura llena de óxido con una campanilla colgando. Su cabeza oscura estaba rematada por dos cuernos caprinos, acompañados por un par de orejas puntiagudas. De su sonriente boca, sobresalían un par de colmillos hambrientos y una lengua danzante. Vestía con un ligero peto y un faldín que le cubría los genitales, y tras su espalda llevaba lo que parecía una cesta donde podían verse, reducidos gracias a algún tipo de magia extraña, un buen puñados de niños de Arkham.

-Pues sí que parece un Hombre de Leng -susurró Welcome.

-No es un hombre de Leng -le respondió Brontes -, se trata de un krampus... ¿pero qué hace aquí en Arkham? Esos seres habitan en centroeuropa.

-No sé quienes sois -les dijo el krampus -, pero no vais a evitar que me lleve a todos los niños malos de la ciudad y les eche a perder las navidades a sus padres.

-¿Que no? -le respondió Brontes, arrancándose el traje de Santa Claus e invocando a su alienígena armadura. -Eso ya lo veremos.

                       ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡CONTINUARÁ!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!