viernes, 16 de diciembre de 2016

Extraños días en Arkham

Eran días extraños en Arkham. Es una expresión curiosa para una ciudad como esta, donde lo habitual es que sucedan cada semana sucesos absurdos, desconcertantes o, directamente, raros. Sin embargo, entraban dentro de una "normalidad" relativa para lo que era la vida diaria en esta urbe universitaria. Habitualmente, entre el caos desatado cotidiano de Halloween y las locuras de la Navidad había un tiempo más relajado. No es que fuera a estar desprovisto de la rutina de la ciudad, pero si que se reducía un poco el tono de la misma tras los excesos de la festividad de la cosecha dedicada a los muertos. Al fin y al cabo, todos necesitaban tomarse un breve descanso para recuperar las fuerzas. Por eso, en La Llave y la Puerta, tanto los Pickman como los demás elementos poco convencionales estaban relativamente relajados. No esperaban nada espectacular. Así que, cuando Kate fue a hablar con Harvey, este sintió que el mundo se le caía encima. No es que fuera algo raro o especialmente extraño lo que le pedía, pero si algo que no le hacía particularmente gracia.

La cuestión que se le planteaba a Harvey no era otra que tener que atender a los padres de Kate, que, finalmente, habían decidido ir a Arkham para averiguar que estaba pasando con su hija. Originaria de Bostón, la familia Ashford eran estrictamente conservadores y republicanos, además de tener ciertas tendencias homófobas. Por ello, Kate había sido educada para ser una jovencita elegante, educada y respetuosa con los "valores tradicionales". Lo que sucedía es que, tras la presa de respetabilidad que habían erigido sus padres en torno a ella, había unas enormes cantidades de pasión e irrespetabilidad esperando a poder ser liberadas. Por ello, cuando finalizó sus estudios en el instituto y se planteó iniciar una carrera universitaria, eligió la Miskatonic a conciencia. En el pasado, la universidad formó parte de la prestigiosa Ivy League, aunque aquellos tiempos ya quedaron atrás. La ciudad y su institución educativa habían pasado por malos tiempos, aunque habían logrado recuperarse. Pero no pudieron volver a tener el estatus perdido. Por ello, Arkham se había convertido en una ciudad universitaria mediana, con la Miskatonic como estandarte, algo rara y excéntrica, pero con algunas facultades y departamentos destacables, entre ellos, los de Historia y Arte. Y Kate, con interés en la historia del arte, no dudó en escoger este lugar. Estaba lo bastante cerca de Bostón como para que sus padres no pusieran el grito en el cielo porque su "niña" se iba muy lejos, pero al mismo tiempo le daba una cierta independencia. Al principio Kate se sorprendió de los fenómenos extraños que había en aquella ciudad, pero poco a poco se fue acostumbrando, y se percató de que, en general, estaban bastante autocontenidos. Así, podía vivir con relativa calma y disfrutar de su independencia. Volvía a su casa por las fiestas y hacía su papel de hija respetable. Claro, la cosa cambió cuando conoció a Evangeline "Welcome" Parker, Esta desbordante mujer no se limitó a sacar del armario a Kate, sino que le puso ropa interior sexy, un vestido bonito y se la llevó a la cama. Literal y metaforicamente.

Desde que Kate inició su relación con Welcome su vida cambió por completo: no sólo aceptó su identidad sexual, pues era lesbiana, sino que comenzó a verse involucrada cada vez más en las alocadas y desconcertantes locuras que acechaban en la ciudad. También consiguió un buen trabajo en la La Llave y la Puerta que, tras los sucesos de la guerra de Dunwich le permitió un curioso ascenso. Pasó de trabajar como recepcionista a media jornada a convertirse en ayudante personal de Summanus, director y adminitrador de la residencia. Su función consistía en actuar de enlace con las clones de Welcome en Dunwich, que se ocupaban de supervisar las obras de reacondicionamiento de la aldea para convertirla en unos alojamientos rurales. Claro, entre el trabajo, los extraños fenómenos de la ciudad y adquirir una novia y una vida sexual de lo más activa e interesante, pocas ganas tenía de volver al remilgado y conservador ambiente de su hogar. Por ello, utilizando el trabajo como excusa, trataba de evitar los reencuentros familiares todo lo que podía. Pero llegó un momento en que sus padres se hartaron y dijeron basta. Por ello, deseosos de saber los motivos concretos del cambio de actitud de su hija, habían decidido ir a Arkham ha hablar con los profesores y los jefes de su "niña". Y ahí entraba en juego Harvey Pickman. Como miembro de la familia Pickman, era uno de los propietarios de la residencia, y su hermano, Seabury Quinn Pickman, era uno de los profesores habituales de Kate, que asistía a sus cursos de Antropología Artística.

La labor de Harvey era lograr que los padres de Kate se fueran tranquilos, que la dejaran en paz una temporada y que no descubrieran que su amada hija era lesbiana. Y para ello, contaba con la inestimable ayuda de su pariente y con la involuntaria, innecesaria y no esperada intervención de lo que habitualmente se conocía como "Factor Arkham", es decir, la aparición de fenómenos extraños y aleatorios en la ciudad cuando menos se los esperaba. Por ello, fue relativamente confiado a la estación de tren de Arkham, donde le esperaban, recién llegados de Boston, los padres de Kate. Eran tal y como los esperaba: una pareja de clase media, unos WASP que perfectamente podrían trazar su ascendencia hacia el pasado hasta los primeros tiempos de las colonias, pero a los que la fortuna no les había sonreído del todo y no formaban parte de la élite social de la ciudad. Casi los podían haber sacado de un retrato de los años 50 de la típica familia nuclear americana. Había quedado con Seabury en una cafetería próxima a la universidad, y allí los condujo. Para los padres de la chica, conocer a dos de los miembros de la familia Pickman era una sorpresa. Según habían averiguado, no sólo eran los propietarios de la residencia universitaria, sino también, los herederos de una importante fortuna. Aunque no acababan de encajar con la idea que tenían los Ashford con alguien de clase alta, o por lo menos con alguien con el bastante dinero para poder codearse con la gente de clase alta. Harvey parecía una especie de detective de hardboiled, mientras que Seabury tenía el aspecto de un profesor acomodado de universidad inglesa privada. Pero bueno, si eran ricos podían ser excéntricos.

Una vez hechas las presentaciones, esperaron a que llegara Kate, pues tenía que acabar sus clases antes de reunirse con ellos. Al llegar, tenía el aspecto de siempre: una universitaria atractiva pero convencional que se viste como alguien que no es consciente de su belleza o le diera igual, o simplemente no quiere destacar Los dos Pickman estaban acostumbrados a Kate, era esa joven de pelo castaño que guardaba dentro de sí misma una gran pasión y energías. Normalmente no destacaba mucho por estar siempre al lado de Welcome, que, en comparación era mucho más expansiva, o porque dedicaba sus energías a los estudios. Pero, ante sus padres, parecía más retraída y reservada, más apagada. Por ello, la comida se desarrolló de forma bastante tranquila, con Harvey y Seabury alabando las buenas cualidades de mostradas por la joven durante su estancia en Arkham, tanto su entrega a la formación académica como su desempeño laboral para La Llave y la Puerta. Por supuesto, esto fue referido en términos bastante generales y algo vagos. Sin embargo,  había una cierta tirantez. El detective de los Pickman estaba intranquilo, pues sentía la inquietud de Katherine. Por eso, de vez en cuando le hacía algún gesto para animarla o decía algo para tratar de ayudarla a recuperar su habitual confianza. A causa de esto, la madre de la joven malinterpretó las intenciones de Harvey, creyendo que su hija y él eran pareja más o menos estable. Esto, combinado con una cierta dosis de arribismo social, hacían que estuviera muy atenta con los Pickman.

Mientras acababan la comida, de repente sonó el móvil de Harvey. Sorprendido, aunque esperanzado interiormente, contestó a la llamada. Sus frases, breves y directas, daban a entender que le habían interrumpido en algo importante, pero que también se daba cuenta de que era algo que requería su atención de inmediato. Al colgar, estuvo unos instantes pensativo, para pasar a desarrollar una actividad frenética. Con cordialidad se disculpó ante los Ashford, pues le necesitaban de inmediato, y, como se trataba de un asunto relacionado con la Residencia, tenía que llevarse a Katherine con él. Kate casi dio un bote al levantarse de la silla, emocionada. Seabury, por su parte, asintió con aire solemne y aceptó encargarse de los visitantes y ofrecerles una visita por el campus universitario y alrededores.

Mientras tanto, Harvey se dirigía al trote hacia La Llave y la Puerta mientras Kate acudía al piso compartido donde vivía a buscar los brazales de piel de shantak por recomendación del detective. Pese a su corpulencia se movía con una cierta agilidad. Al llegar al edificio, se encontrócon Summanus en la puerta. Estaba ataviado de forma extraña: llevaba su túnica de sacerdote de Yig combinada con una especie de uniforme militar. Parecía aliviado cuando los vio llegar. Harvey le indicó que se calmara. La recepción parecía tranquila, por lo que, fuera lo que fuera que estaba pasando, no había desatado mucho el caos. Eso era bueno, estaba contenido. Pero la urgencia de la llamada de Summanus indicaba que era algo grave. Eso era malo. Kate no había tardado mucho en llegar, y venía equipada con sus brazales y un amuleto de un símbolo arcano. Eso era bueno, iba preparada y el símbolo, que sí estaba encantado de verdad y funcionaba, no como las copias de la Fundación Wilmarth, podía ser útil. Había llegado pronto porque la había acercado en moto un tipo vestido a medias de hippy y rockabilly, un yithiano que conocían y llevaba unos meses por la zona, bajo la identidad de Robert Corman. Eso era malo, no tenía ganas de tener a los yithianos metidos por medio, no le gustaba jugar con líos espacio temporales. Por suerte, Corman, pese a su estrambótica vestimenta (los yithianos tenían problemas para entender conceptos como la moda), tenía la cabeza bastante asentada. Eso era bueno. Entonces Summanus les reveló que el problema estaba en el despacho de El que Legisla tras el Umbral, abogado y asesor legal de los Pickman y la residencia en temas mágicos y sobrenaturales y estaban metidos por medio los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Eso era malo. Corrijo. Eso era un puto desastre.

Al tiempo que se hacía la puesta al día de la situación, Seabury recorría el campus acompañado de los Ashford. Debido al interés que habían demostrado, se dirigía confiado y desconocedor de lo que sucedía hacia La Llave y la Puerta. Por supuesto, no tenía prisa y antes pasaron por la Biblioteca, algunos edificios administrativos y otros hitos.

En la residencia, todo parecía normal, excepto cuando te acercabas al pasillo en donde estaba el despacho del Primigenio abogado. Allí montaba guardia una escuadra de los einsatzgruppen de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro, debidamente uniformados y equipados. Al acercarse el grupo de Harvey, los soldados lacerto-nazis les dieron el alto. El que estaba al mando se presentó como Unterfeldwebel Bazzu, es decir, el sargento Bazzu. Claro, que él lo dijo dejando bien claras las mayúsculas y con un fuerte taconazo. Manías castrenses aparte, Harvey reaccionó bien. No se dejó intimidar. No era la primera vez que tenía que tratar con los alienígenas lagarto, aunque era más habitual que lo hiciera con sus archienemigos, los morlocks comunistas. Por ello, se identificó de esta manera:

-Unterfeldwebel Bazzu, soy Harvey Zoltan Pickman, uno de los dueños de este edificio. Conmigo se encuentran Summanus, el director y administrador del mismo y sacerdote de Yig y Katherine Ashford, su ayudante y novia de Delta Wave Welcome. Así que creo que será mejor que nos deje pasar porque tenemos que hablar con su oficial al mando y con el abogado.

El sargento, que no tenía tendencias suicidas pero que sí era firmemente creyente en la disciplina y en cumplir las órdenes, se vio a sí mismo respondiendo que, lamentablemente, no podía hacer eso. Sus órdenes eran mantener el pasillo custodiado y no permitir el acceso a nadie. Harvey, que se había ganado la reputación de ser alguien a quien no valía la pena tocar las narices y de ser, posiblemente, el hechicero más poderoso de la ciudad, además de ser un sacerdote de Yog-Sothoth. Sin embargo, no iba a hacer algo desagradable con un simple soldado que cumplía ordenes por estúpidas que estas fueran dada la situación. Respiró hondo, sonrió levemente y se dio la vuelta. Summanus y Kate le siguieron. No era cuestión de montar una guerra dentro de la residencia con la chica y el dinosauroide como únicos aliados. Se podían hacer las cosas de otra manera.

Por otro lado, en la entrada de la residencia, Seabury estaba entrando en el edificio con los padres de Kate. Parecían satisfechos con lo que veían y el profesor de los Pickman era un conversador agradable, aunque a veces tuviera momentos de obsesión con algunos temas de interés académico para él. Seabury se alegró de que a esas horas estuviera todo tranquilo. O al menos eso creía. Mientras recorrían algunos pasillos del edificio para visitar las instalaciones, se encontraron de repente con una escuadra de Reptilianos Nazis del Lado Oscuro con sus impecables uniformes alemanes de la Segunda Guerra Mundial corriendo como alma que lleva el diablo. Tras ellos, también con bastante prisa, aparecieron Summanus, que se le había caído la capucha de la túnica sacerdotal y no llevaba ninguna peluca, también a la carrera, seguido por Kate, que llevaba unos brazales de cuero y un extraño colgante con el dibujo de una estrella de lineas curvadas con un ojo en llamas en el centro. Tras ellos, apareció una alta y delgada (por no decir esquelética) figura enfundada en un sobrio traje negro, camisa blanca y corbata roja, solo que tenía cuatro brazos y la cabeza era lampiña, calva y completamente blanca, con una boca como una raja y un gran ojo trilobulado. Parecía arrastrar una estela de sombras que se movía como tentáculos. Era El que Legisla tras el Umbral. Siguiéndole a bastante velocidad, una reptiliana con uniforme de capitán, la Hauptmann Ammetu, huía también despavorida. Un poco más atrás, atrapado por un enorme tentáculo, llegaba Harvey, armado con una clava cuya cabeza estaba forrada de metal con extraños símbolos grabados sobre la misma. Con el arma golpeaba con saña contra la gomosa extremidad que lo sujetaba. Al parecer, los Reptilianos habían estado experimentando con cosas que era mejor no tocar. En cualquier caso, una vez que lograron llegar a una zona más despejada, se replegaron e iniciaron el contraataque.

Seabury, viendo que lo tenían todo bajo control, guió a los horrorizados y sorprendidos padres de Kate a otro lugar. Allí no había nada que ver. Una vez que logró guiarlos fuera del edificio, se dirigió con ellos a una cafetería cercana. Cuando por fin reaccionaron, la señora Ahsford habló con la voz ahogada:

-Pero... pero... ¿qué ha pasado?

-Nada importante, parece ser que se ha producido un ligero desajuste interdimensional porque alguien ha estado hurgando en cosas que no debería manejar.

-¡¿Nada importante?! ¿Y nuestra Kate está en esta ciudad donde pasan estas cosas?

-Bueno -dijo Seabury-, su hija tiene 23 años, es mayor de edad. Está acostumbrada a esta ciudad y sus excentricidades. Además, tampoco era nada demasiado grave. Y, a fin de cuentas, son los extraños días en Arkham.

La leve sonrisa y la profunda calma que transmitía Seabury Pickman los desarmó por completo. A fin de cuentas tenía razón. Es lo que pasa en los extraños días de esta extraña ciudad. Los extraños días en Arkham.