viernes, 9 de diciembre de 2016

Sweet dreams with tentacled things

El sol brillaba en la mañana de Arkham. A horas tempranas, Summanus solía salir a comprar el pan. No lo hacía todos los días, pues los asuntos de avituallamiento no eran cosa suya, pero a veces le gustaba dar un paseo matutino hasta la panadería más cercana a la residencia estudiantil y comprar una barra (que no llegaba entera a la cocina). No es que el pan fuera la dieta habitual de los dinosauroides, descendientes de los terópodos pequeños, pero a Summanus le gustaba hacerse un bocadillo de vez en cuando.

Cuando esa mañana fue a por su barra de pan, notó que algo raro rondaba la ciudad. Todavía era temprano, así que tampoco es que las calles estuvieran atiborradas de gente, pero los pocos con los que se cruzó le dejaron pensando. O tenían unas ojeras que les caían hasta el cuello, o tenían los ojos abiertos como platos y enrojecidos, con las venas marcadas... o ambas. Algunos iban farfullando mientras hacían movimientos extraños. Cuando veía cosas así, inmediatamente pensaba en que algo había sucedido en Arkham, que habitualmente era atacada por extraterrestres, seres de otras dimensiones, puesta en peligro por los de la Fundación Wilmarth, o simplemente era visitada por criaturas más allá de la razón. Lo normal en otra ciudad sería pensar que esta gente volvía de un after, pero en Arkham las cosas sucedían de otro modo.

Cuando llegó a la panadería y entró, se encontró con que la panadera también tenía una expresión extraña. Miraba fijamente a la pared, como si allí hubiera algo, y no parecía hacer mucho caso a la clientela. Summanus hizo lo que no habían hecho los otros clientes, mirar a la pared. Igual había algo. Pero no, sólo era una pared normal y corriente. Ni siquiera tenía algún ángulo extraño ni geometría no euclidiana o alguna ventana a otros lugares. No sería la primera vez en Arkham en que había algo así. En la casa de un tal Hillman había aparecido una alteración espacio-temporal que permitía ver una dimensión donde todo el mundo andaba con las manos y usaban las piernas para la utilización de herramientas. Además todos se parecían a Stallone cuando se le tuerce el labio. Y todo esto se veía desde la pared de su salón. Hasta había montado un negocio para que otros lugareños fueran a ver la dimensión de los Stallone deformes. Pero aquí no había nada de eso. Sólo una pared normal y corriente.

Summanus llamó la atención de la panadera, que seguía mirando la pared, pero ni caso. Movió la mano delante de su cara, con lo que consiguió sacar a la mujer de su trance.

-Los tentáculos... los tentáculos... -musitó.

-No, quiero una barra de pan, los calamares prefiero comerlos en el Eldrith Burguer. -respondió Summanus.

La panadera le entregó una barra de pan, todavía con la expresión de alguien que ha visto a un republicano diciendo que le gustan los homosexuales, y Summanus le pagó. Marchándose después. Una vez en la calle, se encontró con varias personas que también caminaban de forma extraña. Quizás fueran borrachos, o volvieran de alguna invocación y tuvieran muy pocos puntos de cordura. Y eso que el alcalde había prohibido la invocación de seres que pudieran afectar a la cordura de los ciudadanos, pero allí no hacía nadie caso, y menos desde que Brian Danforth decía en sus relatos que la Miskatonic es un sitio donde la gente va a practicar magia.

Summanus llegó hasta la residencia estudiantil, con la mitad de la barra ya devorada y se encontró con un  espectáculo también fuera de lo normal. Había varios estudiantes discutiendo entre ellos a voz en grito sobre unos sueños que habían tenido. Hablaban de Bob Esponja, ciudades de manufactura colosal, más grande que cualquier construcción humana, seres que yacían en esas ciudades... y Bob Esponja otra vez. Cuando pasó por recepción y saludó, el recepcionista le soltó una frase que parecía que un gato se había subido encima de un teclado. Pero algo dentro de la cabeza de Summanus se iluminó al escuchar esto. Le pidió al recepcionista que repitiera lo que había dicho. Volvió a decirlo. Entonces Summanus empezó a sacar conclusiones.

El dinosauroide fue a la habitación de Anna Pickman y tocó a la puerta. Nadie contestó. Volvió a llamar, esta vez con más fuerza. Esta vez, Anna asomó la cabeza con unos pelos que parecía que un gato había tenido un combate cuerpo a cuerpo con un mapache. En sus ojos se podía leer la furia de alguien a quien han despertado y que más vale que la razón sea buena.

-Dame una buena razón para no arrancarte la cabeza de una patada -le dijo Anna muy educadamente.

-Creo que está pasando algo muy gordo... y no en Arkham. Seguro que tú sabes de estas cosas. La gente de la ciudad parece ida, como si hubieran experimentado algo demasiado fuerte para ellos, como el final de 2001, Una Odisea Espacial... o como si algo hubiera entrado en sus cabezas. Farfullan cosas extrañas sobre tentáculos, ciudades ciclópeas, seres de dimensiones gargantuescas, y lo peor de todo ¡Bob Esponja! Además, el recepcionista me ha soltado un montón de consonantes y vocales que parece que alguien las haya metido en una batidora, pero no es así... a mi me recuerdan a otra cosa. A algo relacionado con un primigenio. El más popular, el que más concursos del primigenio más querido gana. ¡¡¡El Gran Cthulhu!!!

-¿Estás insinuando que la gente está soñando con El Gran Cthulhu? -preguntó Anna. -Pero eso es imposible, querría decir que R'Lyeh está sobre las aguas y el sacerdote de los primigenios estaría libre... vamos que alguien la habría liado parda. Eso es un evento a nivel mundial. Podría provocar más daño que nombrar a un cantante de reaggeton premio Nobel de literatura. La locura recorrería el mundo, gente de mal ver comenzarían a realizar ritos en su honor, artistas llevarían a cabo obras que representarían un horror sin nombre o se tirarían por el balcón... o las dos cosas a la vez. Por no hablar de que igual después, el susodicho Cthulhu igual se daría un paseo por el mundo para echar un vistazo cómo están las cosas. No podemos tomárnoslo a la ligera, debemos asegurarnos.

Anna cerró la puerta de golpe y en apenas un minuto volvió a salir perfectamente arreglada.  Se acercó a un alumno cualquiera que pasaba por allí y lo agarró por el cuello.

-¡Tú! ¿Qué has soñado esta noche? -le preguntó.

-Eh... bueno... -respondió el estudiante -yo estaba estudiando tranquilamente cuando, por la ventana, entraba Mónica Belucci vestida con un traje que transparentaba todo y...

-Vale, vale, no hace falta que sigas -le interrumpió Anna soltándolo.

El muchacho se largó un poco alterado, y con la cara ruborizada, y Anna fue en busca de otro. Se cruzó con uno que tenía unas ojeras bastante evidentes.

-¡Tú! Dime qué has soñado -le dijo.

-Disculpe, señorita, pero eso es una flagrante intromisión en mi intimidad y...

-Dime qué has soñado o te suelto tal yoya que inventaré la máquina de movimiento perpetuo -fue la respuesta de Anna.

El estudiante tragó saliva sonoramente.

-Soñé... eran las profundidades marinas... y se veía algo como una ciudad, una ciudad construida con piedras del tamaño de montañas... y allí había algo. Dentro de la ciudad había algo y era muy grande, aunque no podía verlo. Entonces escuché yiiiiha o algo así y unos palabros extraños. Era una voz inhumana.

-¿Decía yiiiiha como un vaquero de un western o sonaba más bien a Iä? -preguntó Anna.

-Sí, eso, sonaba más bien así -le contestó el estudiante.

Anna le dejó ir y clavó su mirada en Summanus.

-¡El Gran Cthulhu está despierto!

Summanus comenzó a dar vueltas en círculos.

-Ay, ay, ay, ay, ay, ay, ay ¿qué hacemos? Se nos va a comer a todos... que ese bicho mide tropecientos metros... como no inventemos cacharros como los de Pacific Rim, destruirá el mundo, y aún así se regenera, es inmune a la radiactividad, las bombas atómicas se las pasa por la entrepierna... y no podemos permitirlo, aún no ha terminado la temporada de mi serie favorita.

-Pero nosotros no podemos devolver a su sueño a El Gran Cthulhu -dijo Anna. -Por muchos conjuros que conozca, defensas místicas y otras artimañas mágicas, no hay nada que pueda parar a semejante ser, es el primigenio más grande de los que residen en nuestro planeta.

De repente, de la calle llegó un jaleo tremendo. Lo primero que pensaron es que serían disturbios y gente destrozándolo todo, saqueando las tiendas y meando en las farolas, pero cuando se asomaron a mirar lo que vieron fue algo totalmente distinto.

Un grupo bastante numeroso de profundos desfilaban por las calles de Arkham, con música a todo volumen y bailando y danzando como si fuera la fiesta más desenfrenada. Algunos llevaban banderitas con la efigie de Cthulhu y portaban una pancarta en la que se leía "WELCOME BACK, CTHULHU".

-¿Por qué han escrito la pancarta en inglés, si El Gran Cthulhu habla en R'Lyehano? -se preguntó Summanus.

-Quizás... se me ha ocurrido algo... -dijo Anna. Sacó el móvil de su bolsillo y buscó un contacto. En breves momentos lo encontró y llamó.

-¿A quién llamas? ¿A los Cazafantasmas? -preguntó Summanus.

-No, a Alfa Strike. Si alguien puede hacer algo son ellos.

El teléfono dio varios tonos, hasta que al final recibió respuesta. Anna fue explicándole lo que estaba pasando en la ciudad y sus sospechas a Welcome, que era la que había contestado.

-¡¿Qué?! ¡¿Que ya lo sabéis?! ¿Y qué vais a hacer? El Gran Cthulhu es una amenaza de nivel mundial... ¿qué?... Sí, ya sé que R'Lyeh se alzó en 1925 y no pasó nada... sí, también sé que R'Lyeh se alzó en los años cuarenta, unos idiotas le tiraron una bomba atómica, y no pasó nada... ¿qué?... Vale, espero que no te equivoques.

Anna guardó el móvil en el bolsillo y Summanus se le quedó mirando esperando una solución.

-Venga, dime qué te han dicho...

-Pues básicamente que unos idiotas han atacado a El Gran Cthulhu y que se ha montado una batalla descomunal, pero que no nos preocupemos, que R'Lyeh ya se ha alzado dos veces sin que pase nada, y, que según El Que Legisla, las estrellas no están en posición todavía, así que no tenemos que preocuparnos, que el primigenio se quedará en su ciudad. En unos días se volverá a hundir y ya está.

-¿Y Qué hacemos con la gente alelada, los que farfullan cosas extrañas y los artistas que crean obras aberrantes? ¿Y el festorro de los profundos?

-Bueno... ¿hacen daño a alguien? -preguntó Anna.

-Eh... bueno... no.

-¿Es algo fuera de lo normal en esta nuestra bonita ciudad?

-¿Gente alelada y profundos desfilando? Bueno... no es extraño...

-Pues ya está, que no nos preocupemos. Vamos a desayunar unos churros, que me ha entrado hambre.

-¿Y si el cocinero ha sido afectado por todo esto? -preguntó Summanus antes de seguir a Anna a la cafetería.

Anna le clavó una mirada que le decía claramente "tú eres tonto".

-Pero si el cocinero es Unglaublich ¿qué le va a afectar esto? 

-Pues es verdad... vamos a comernos unos churros.

Summanus y Anna bajaron tranquilamente las escaleras en dirección a la cafetería, mientras, entre ellos, varios estudiantes farfullaban sobre tentáculos, ciudades submarinas y horrores más allá de la comprensión. Pero no pasaba nada. Ya se les quitaría la tontería y volverían a ser como cualquier otro estudiante de la ciudad. También se oía el jolgorio de los profundos. También se cansarían del festorro y se volverían a Innsmouth o de donde fuera que habían venido. Y Arkham seguiría como siempre. Bueno... hasta que las estrellas estuvieran en posición.