martes, 28 de febrero de 2017

Reptilianos y Conspiraciones: La inauguración en Dunwich

Camino a Pánico en los túneles (parte 1)

No estaba siendo el mejor de los días para El que Legisla Tras el Umbral. Y la cuestión es que no había razón para ello, o, al menos, no debería haberla. Sin embargo, parecía perseguirle la mala suerte. De camino a su despacho en La Llave y la Puerta (era, probablemente, el único abogado que ejercía desde una residencia universitaria), había pasado a desayunar por el EldritchBurguer pero se les había acabado el zumo de naranja y el distribuidor se había retrasado. Por ello, tuvo que tomarse un café en lugar de su bebida habitual. Al salir se encontró con la Hauptmann Ammetu y su eterno subordinado, el Unterfeldwebel Bazzu de los einsatzgruppen del ejército de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Como Primigenio abogado no tenía demasiados reparos en con quien tenía que tratar. A fin de cuentas, era el único experto mágico-ancestral-legal que había en toda Nueva Inglaterra y, muy probablemente, en toda Norteamérica. Sin embargo, los invasores lacerto-fascistas podían llegar a ser una auténtica molestia. Su obsesión por el orden y la eficiencia era legendaria, aunque a veces chocaba con su capacidad, también prácticamente legendaria, para hilvanar y poner en marcha planes completamente absurdos para cumplir sus objetivos. A saber:
  1. Derrotar al Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks.
  2. Establecer un régimen lacerto-nazi.
  3. Encontrar la realidad en donde se halla la Tierra Hueca.
Hasta el momento, habían resultado unos expertos en no conseguir sus objetivos. Habían logrado éxitos tan memorables como los alces zombis nazis que devoraban cerebros veganos o aquella vez que, al ir a hacerle una consulta legal desataron un desajuste interdimensional de consecuencias imprevisibles pero que fue rápidamente atajado. Lo curioso es que, incluso sus extraños y, a veces, absurdos planes, llegaron una vez a buen fin. Por suerte, en esa ocasión, que produjo un futuro distópico y, en parte post-apocalíptico, se pudo frustrar debido a que enviaron desde el futuro a un robot para avisar de lo que iba a pasar. Curiosamente, Katherine Ashford le tocó lidiar con el enviado del futuro, que no parecía funcionar demasiado bien y también acabo liada con el asunto aquel del desajuste dimensional que, precisamente, causó Ammetu... En fin, cosas que pasan en Arkham. Sin embargo, los reptilianos nazis, debido a su competente incompetencia, habían acabado formando parte del extraño mundo de la ciudad.

La cuestión era que, una vez más, allí tenía ante él a la capitana y su satélite. Había que reconocer que, últimamente, estaban de lo más tranquilos, cosa que era de agradecer. Sin embargo, también podía ser que se estuvieran preparando para algo importante. Aún coleaba el asunto aquel de Dunwich el año anterior, cuando participaron en aquella guerra de un día junto a las fuerzas de Omicron Scorpions contra la alianza de morlocks comunistas, Alfa Strike y Harvey Pickman. La cuestión era que, precisamente este día, El que Legisla no tenía ninguna cita en su agenda ni había dejado nada pendiente. Ese día lo tenía reservado y no podía dedicarse a nada del trabajo. Pero aún así, decidió escuchar a la hauptmann. Con su siseante acento germano reptiliano, la oficial trató de explicarle el problema que la había llevado hasta él.  Esta vez no se trataba de antiguos grimorios o extraños artefactos. Era algo diferente. Algo nuevo había en los túneles. O por lo menos, algo que ya estaba pero que no se había vuelto molesto hasta hacía relativamente poco. 

Decía mucho de Arkham en general y la Universidad Miskatonic en particular que un tipo muy alto y flaco con cuatro brazos, piel blanca, calvo y un ojo trilobulado estuviera hablando tranquilamente con una reptiliana vestida de oficial nazi en las proximidades del campus. Sin embargo, lo que le explicaba la lagarta poco tenía de tranquilizador. Los túneles bajo la ciudad eran antiguos. A lo largo de la historia se usaron como refugio para sectas y brujas, para el contrabando, para atajar de un lado a otro, para tener sexo a escondidas, etc. Tras la última reconstrucción de la ciudad, una parte de la red de túneles se adecentó, urbanizó y arregló, incluso se cartografió. Pero hay zonas que nadie ha explorado, o si lo ha hecho, no ha vuelto para explicarlo. En algún lugar bajo la ciudad y sus alrededores, tienen los morlocks y los reptilianos sus respectivas bases. Por lo que El que Legisla sabía, tal vez incluso pudiera haber una conexión con las Tierras del Sueño realizadas por los gules. La cuestión era que los túneles eran raros hasta para los estándares de Arkham y cualquiera sabe que podría haber allí abajo o quien se podría haber instalado sin que nadie se enterara. O, por lo menos, sin causar molestias a sus vecinos, en este caso los reptilianos, hasta hace poco. La cuestión era que el abogado no podía hacerse cargo del asunto en esos momentos. Por ello, aunque percibía que algo se estaba preparando, tomó nota mental para investigar más a fondo y le dijo a la capitana que volviera a verlo al día siguiente. La oficial lacerto-nazi se tuvo que resignar y partió junto a su  subordinado.

Una vez ya libre, El que Legisla se dirigió a su despacho. Era cierto que ese día no iba a ocuparse de nada más, pero aún así quería pasar a revisarlo todo por última vez. Como su curiosidad y su deformación profesional así se lo indicaron, aprovechó para dejar preparados los informes que tenía con respecto a los reptilianos y lo poco que había sobre los túneles. Mientras acababa con el asunto, miró la hora. Por suerte iba bien de tiempo. Acabó con lo que tenía entre manos y bajó a la recepción. Allí se encontró con Brontes y Kali, que acababan de llegar. Tras los saludos de rigor, los dos dioses y el Primigenio se encaminaron al exterior y se dirigieron hacia el coche de la hindú. Lo cierto era que Brontes no sabía conducir, y se apañaba muy bien desplazándose en una enorme bicicleta modificada que se había fabricado, y Kali, que había llegado a la ciudad durante las navidades para convertirse en instructora de esgrima de Welcome, era mucho mejor conductora que el abogado. Por ello, dejaron que fuera ella quien les llevara.

Tomaron dirección a Dunwich, pues, por fin, tras un largo, intenso y curioso proceso de obras, reformas y burocracia asaltada al más puro estilo El que Legisla tras el Umbral, habían logrado finalizar las instalaciones de los Alojamientos Rurales La Llave y la Puerta y ese día iban a proceder a la inauguración. Tras la guerra en Dunwich contra BioGen, las welclones y su líder Evangeline "Welcome" Parker se habían constituido en un culto de la Cabra Blanca de Tres Cabezas, un curioso avatar de Shub-Niggurath. A consecuencia de esto, se lanzaron a "pacificar" la comarca, que estaba dividida entre los adoradores de Tsathoggua y los de Yog-Sothoth. A continuación, con el apoyo de los Pickman, usaron a la empresa Damage Control Inc., que no sólo trabajaba rápido, sino bien. Ya se encargaron de reparar los daños de la ciudad durante el incidente de Mad Arkham of Battlecraft e hicieron también un excelente trabajo en Dunwich. Mientras tanto, las clones se prepararon de forma intensiva con Summanus y El que Legisla Tras el Umbral para saber como gestionar unos alojamientos turísticos. Y por fin llegaba su prueba de fuego.

Para la gran inauguración habían preparado un pequeño acto de inauguración seguido de una espectacular comida a cargo de Unglaublich como chef. Y es que el servidor de los Otros Dioses había demostrado ser un genio de la cocina. Y, para empezar a lo grande, iban a tener un lleno al 100% desde el primer día. Esto era debido a que iban a alojar al Equipo Exile de morlocks comunistas que iban a celebrar un congreso, y a Alfa Strike, que, ya que habían luchado para liberar a las clones y se enfrentaban a las locuras de su nemesis, la corporación multinacional NWE, habían decidido tomarse unas vacaciones y pasar unos días en el campo dedicándose a la holganza y la procrastinación.

Cuando Kali, Brontes y El que Legisla llegaron a Dunwich, se encontraron con la gente congregada en torno al edificio principal de los Alojamientos Turísticos La Llave y la Puerta. Estos se componían de un complejo formado por un edificio administrativo, otro donde se encontraba la recepción y un restaurante junto con una serie de habitaciones dobles y un grupo de chalets distribuidos por los alrededores imitando el estilo arquitectónico característico de la zona. Encontraron a todo el grupo de valquirias, soldados veteranas y expertas en misiones de rescate. También pululaban por la zona el resto del equipo Alfa Strike, a los que se podía clasificar como lo más granado, selecto y variado de los panteones divinos, es decir, la mayor colección de borrachos, pendencieros, fornicadores, bravucones y busca líos que haya podido adorar alguna vez el género humano. Pasado el núcleo de población andaban los morlocks comunistas, con sus trasnochados, sorprendentes y alucinógenos vehículos, una variada selección de medios de transporte personalizados con placas de blindaje, pinchos, asientos extra, ruedas extra, motores trucados, etc, como un viaje ácido de un fan de Mad Max. En conjunto todo parecía ir bien, cosa que El que Legisla sabía apreciar. 

Ciertamente, la acumulación de poder en bruto que había allí concentrada era un importante método disuasorio. La guerra de Dunwich, conocida como el Largo Día de Furia, demostró de lo que podían ser capaces el equipo completo de Alfa Strike junto con el Equipo Exile de morlocks comunistas. Y, tal y como era de esperar, todo se estaba desarrollando bien. La breve ceremonia de inauguración se condujo sin incidentes y la comida fue todo un éxito. Tras la misma, y tras realizar el check-in al grupo de morlocks, convirtiéndose oficialmente en los primeros huéspedes, tras lo cual, siguieron celebrando ya en el exterior. Sin embargo, El que Legisla seguía con la mosca en la oreja. Tenía la sensación de que algo iba a ir mal. Y no solía equivocarse.

Un par de horas después de la comida, mientras la fiesta estaba en una fase más tranquila y las welclones andaban algo más relajadas tras la tensión de las primeras horas. Fue entonces cuando comenzaron los problemas. Tras una colina comenzó a aparecer una monstruosa figura, y una segunda, y una tercera tras ellas. Se trataba de robots gigantes. de forma básica humanoide, con los brazos acabados en palas excavadoras y la cabeza con grandes ojos rojos. El diseño en general recordaba al de los robots gigantes de los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro. Pero, aunque el símil era válido, resultaba difícil reconocer el diseño original. Parecía un robot gigante nazi, pero rediseñado por dos personas al mismo tiempo: una con el gusto kitsch por la ciencia-ficción retro estilo pulp y otra con afición por los robots gigantes japoneses que no fueran posteriores a Mazinger Z. La mezcla de estilos sobre la base reptiliana era... peculiar. Por decirlo sin eufemismos: era un atentado contra el buen gusto.

A medida que se acercaban los robots gigantes, que iban decididamente hacia Dunwich, y sin saber cuales serían sus intenciones. Por ello, los dioses de Alfa Strike comenzaron a reunirse, los morlocks comunistas se dirigieron hacia sus vehículos y no tardaron mucho en oírse rugir a los motores y las welclones se dispusieron en torno a su líder, Evangeline "Welcome" Parker, y Kate, junto con Summanus y Unglaublich, animaron a los "civiles" a retirarse y dejar a los combatientes espacio. Por su parte, El que Legisla tras el Umbral, se aproximó a las clones, y fue a hablar directamente con una de ellas, Buhonera. Tras tener un breve intercambio de frases, sacó el teléfono y realizó una llamada.

De inmediato, Buhonera usó sus poderes para crear portales y teleportarse para traer desde Arkham la espada Ouroboros de Welcome. Al entregarse a la joven, esta la desenvainó, alzo la hoja hacia el cielo y clamó:

-¡Yo soy Delta Wave Welcome! ¡Yo tengo el poder!

Con un trueno para crear efecto melodramático, se transformó equipándose con su ropa de batalla. Junto a ella se reunieron las welclones y se prepararon para la pelea. Unglaublich, que había acabado sus tareas en las cocinas, salió a ver que estaba pasando. Al ver llegar a los robots gigantes, se situó junto a las chicas aguardando el momento de iniciar el combate. Los dioses no habían venido preparados para la lucha, pero no les hacían demasiada falta las armas. Por su parte, las valquirias, que tampoco habían esperado esto, aprovecharon para asegurar el perímetro y mantener a los civiles a distancia.

Cuando los robots estaban casi en los límites de la aldea, llegaron volando un equipo de byakhees de Byakhee Express cargando una serie de voluminosas cajas. Al aterrizar, hicieron firmar la entrega a El que Legisla tras el Umbral, que era quien había encargado el porte. Tras el trámite, el abogado se dedicó a abrir aquellos paquetes y repartir su contenido: se trataba de las armas de los dioses y, de paso, algo de arsenal para las valquirias. Con eficacia profesional de guerreras profesionales, las mujeres enseguida se equiparon y se dispusieron al combate. Por su parte, los dioses, con N'kari y Perun organizando las posiciones de ataque, no tardaron mucho en empezar la lucha.

No hizo falta esperar más. Los tres robots gigantes nazis-retro-anime comenzaron a lanzar rayos por los ojos para tratar de sembrar el caos entre los defensores. Sin embargo, no tenían previsto la respuesta que les esperaba. Como un sólo cuerpo, las valquirias, las welclones y los dioses de Alfa Strike se lanzaron a la carga. Parecía una acción suicida, pero las primeras iban equipadas con armas mágicas, las segundas eran todas clones mutantes y no iban cortas en equipo hechizado y los terceros eran unos bestias sin par cuando se desataban. Así, mientras las guerreras de Odín se dedicaban a acribillar los torsos de los robots, las welclones junto con los dioses se repartieron para atacar las piernas de los gigantes metálicos. Es cierto que el equipo de Alfa Strike, al estar formado principalmente por dioses del trueno, podrían haber invocado el relámpago para destruir a los invasores. Pero el derribarlos a golpes era mucho más satisfactorio.

Aunque los robots tenían la eficaz ingeniería reptiliana nazi, no eran rivales para el torrente de destrucción que se lanzaba sobre ellos. Tal vez por las modificaciones recibidas, o simplemente porque los dioses estaban desatados, Los golpes caían sin cesar, machacando la coraza de las piernas. A estos, había que añadir el ataque de las propias welclones: fuego, frío, electricidad, disparos realizados con una puntería envidiable, golpes realizados con fuerza sobrehumana, y, sobretodo, muchas ganas de descargar toda la tensión acumulada durante los días previos. Unglaublich también puso su parte. No era fácil para los robots coordinar sus ataques ante tantos objetivos y que les atacaban desde tantos lugares a la vez. Ciertamente, los que los habían construido o modificado habían subestimado a sus objetivos, por lo que se encontraron con que los robots no eran tan eficaces como deberían y estaban recibiendo una soberana paliza.

El potencial concentrado de combate resultó finalmente demasiado para los robots gigantes modificados, que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Apaleados por todos lados y sin poder devolver los ataques de forma decisiva, acabaron por ser derribados, convertidos en unas cuantas toneladas de chatarra inservible. Sin embargo, en sus sistemas podía estar la clave para encontrar su origen. Por ello, tras el combate, aprovechando que todos comenzaron a celebrar la aplastante victoria, El que Legisla tras el Umbral se hizo cargo de la recuperación de los restos y su posterior investigación. Empezaba a formarse una sospecha en su mente y al día siguiente tenía una cita con Ammetu, y tenía la impresión de que la reptiliana podía darle una información interesante y útil.