jueves, 9 de abril de 2015

Thunder-verse (parte 8): Dreamlands Party Hard

-¡¡Sois los dioses más idiotas con los que he tenido el infortunio de cruzarme!! -exclamó N'Kari.

Puede que aquello fuera una exageración, pero por otro lado no estaría muy desencaminada, si se analiza la situación en la que se encontraban en ese momento.

Estaban todos ellos, N'Kari, Zeus, Perun y Thor, atados a una inmensa roca circular en el interior de una oscura tienda, tan sólo iluminada por antorchas de danzarín fuego. Las cuerdas que les ataban estaban hechas por algún tipo de material que no podían romper con su fuerza divina, aunque a algunos de ellos eso no parecía importarles mucho. Esos en concreto eran Perun y Thor, que yacían roncando y con la cabeza moviéndose armoniosamente al ritmo de su respiración. Zeus estaba despierto y no cesaba de intentar romper las cuerdas con sus dientes, pero lo único que conseguía con ello era llenarlas de saliva divina. ¿Y cómo habían acabado en alquella situación? Pues no era sencillo de explicar.

Los dioses de la tormenta habían salido del castillo de Kadath seguidos por la luz del poderoso rayo y se habían encontrado con que éste se encontraba en lo alto de unas montañas. Esto sería un problema para cualquier persona, pero ellos no eran personas propiamente dichas. Con la fuerza de los vientos invocados por N'Kari, los cuatro dioses salieron de allí volando, pero nadie contó con que la susodicha estaba cabreada, muy cabreada, y cuando esto sucede, los vientos rugen y se encabritan, convirtiéndose con el tiempo en gigantescos huracanes. El huracán terminó arrastrando a los dioses por casi toda la superficie de Las Tierras del Sueño. Cruzaron Leng en un suspiro, apenas se dieron cuenta de pasar Sarkomand, cuyos perplejos habitantes vieron pasar el vendaval, que cada vez cogía más fuerza. Cruzar el mar hizo que la tormenta absorbiera litros de agua y se volviera más poderosa, así que, cuando llegó a la tierra de Ooth-Nargai, aquello era un huracán de niveles gigantescos... un huracán que terminó desembocando en la eterna ciudad de Celephaïs. Los guardianes de la ciudad imperecedera vieron llegar las gargantuescas nubes negras, pero no tuvieron tiempo de advertir de lo que venía, pues pocos segundos después, un diluvio cayó sobre ellos, acompañado de poderos rayos que cayeron sobre las torres más altas de la ciudad, y trayendo con ellos algo peor, algo que había acelerado como un bólido que iba directo a chocar contra la ciudad... bueno, concretamente eran cuatro algos.

Los cuatro dioses chocaron provocando una destrucción que haría las delicias de Roland Emmerich y que dejó a la ciudad imperecedera en una situación que no había conocido jamás. Los habitantes de la desafortunada ciudad apenas tuvieron tiempo de represalias, porque los cuatro dioses  no tardaron en ir al puerto, donde encontraron una gran cantidad de barcos de lustrosas velas y una siniestra galera que parecía totalmente fuera de lugar. Tras un rato discutiendo cual tenía mejor pinta, decidieron votar, en un momento inusualmente democrático para ellos, y salió ganando la galera negra con los votos de los tres dioses varones. A N'Kari no le gustaba la pinta de ese barco, pero decidió subir con ellos, partiendo así de Celephaïs, que tardaría en olvidar ese día.

La galera iba tripulada por unos extraños individuos vestidos con turbantes y ropas que les venían demasiado grandes, pero a ojos de los dioses parecían bastante simpáticos, a todos menos a N'Kari, que veía algo repugnante en ellos. Haciendo honor a la verdad, realmente le costaba encontrar algo que no fuera repugnante en ellos y le hacían vibrar su sentido del peligro, pero los otros tres ya estaban festejando con ellos. Habían estado hablando con los marineros de que iban buscando a un malvado enemigo que los había engañado y al que pretendían enfrentarse. Los extraños individuos habían sacado unos barriles de licor, momento en que Perun y Thor comenzaron una encarnizada lucha por ver cual aguantaba más. Teniendo en cuenta la que ya llevaba encima Thor, no era muy dificil adivinar quién era el ganador, aunque el segundo puesto tampoco es que aguantara mucho, pues acabó por los suelos como él después de beberse un barril cada uno. Zeus aprovechó la distracción para volver a tirarle los trastos a N'Kari, pero su humor era volátil como los vientos y no tenía ningunas ganas de volver a hacer lo que estaban haciendo cuando llegaron a los reinos oníricos. De algún modo la consiguió acorralar después de una lamentable persecución por toda la cubierta del barco. Uno de los marineros le sugirió a Zeus que bebieran una copa de vino, que el suyo era afrodisíaco, y Zeus accedió, dándole una copa a N'Kari, que reacia, terminó bebiendo. Puede que el vino fuera afrodisíaco o no, lo que era seguro, es que era narcótico.

Y allí estaban ahora, en una tienda de campaña espaciosa, con dos de ellos dormidos, uno mordisqueando una cuerda y otra enfadada Se  estaba preguntando de dónde habían sacado unas cuerdas que no pudieran romper, cuando la tienda se abrió y pudo ver cómo entraban tres seres. Dos de ellos eran como inmensas ranas que se hubieran comido todo un Burger King, varias pizzerías y un restaurante buffet libre, con la diferencia de que, si fuera ranas, no tendrían tentáculos en la cara. El que les acompañaba no eran tan bizarro (del inglés bizarre, no que no fuera valiente [tu diccionario amigo y los false friends]). Se trataba de un ser de apariencia humana, vestido con un traje de negocios y de piel oscura. Con él venían además dos pequeños felinos que no hacían más que lamerle las manos.

-Aquí tiene, mi señor -dijo uno de los sapos gigantes.

El individuo moreno se paró delante de la gigantesca piedra y miró a los dioses.

-¿Y para qué me habéis traído a estos? -dijo mirando de soslayo a los pequeños leones.

-Eh... dijeron que estaban buscando a un enemigo engañoso que se había burlado de ellos... no nos costó mucho adivinar que se referían a vuesa majestad.

-Pues yo estoy muy ocupado ahora para estas tonterías.

El extraño individuo hizo un gesto con sus manos y las cuerdas explotaron, seguidas de un chisporroteo y pequeños fuegos de artificio. A Zeus se le cerró la boca de golpe y casi se mordió la lengua y los dos dioses dormidos cayeron al suelo. N'Kari se levantó velozmente y encaró al oscuro.

-¡Alto ahí, amigo! ¡Claramente eres aquél al que buscamos, pues tus cuerdas podían retenernos y el  vino que tus sirvientes nos dieron consiguieron dormirnos. Somos dioses y eso no es fácil de conseguir... ¡eres  tú el enemigo, así que en guardia!

-¿Enemigo? -preguntó el moreno ajustándose el traje -Yo más bien soy un prestidigitador, ahora me ves...

Repentinamente sonó un ¡plop! y el extraño hombre de negocios ya no estaba allí. Ni él ni los leones.

-¡Brujería! -exclamó N'Kari -Es él, es el enemigo... ¡Zeus, despierta a los otros, vamos en su búsqueda!

Zeus miró a los otros dos y, percatándose de que no sería fácil despertarlos, prefirió cogerlos y cargar con ellos.

-Bella N'Kari, salgamos de aquí ahora mismo.

Los dos sapos gigantes salieron corriendo de la tienda como si de repente hubieran recordado que tenían algo muy importante que hacer en otro sitio y los dos dioses los siguieron, saliendo de la tienda y descubriendo ¡¡¡que estaban en La Luna!!! Esto hizo que N'Kari se enfadara más, lo que conllevó la aparición de fuertes vientos otra vez. Estaban rodeados de tiendas de campaña y de una buena cantidad de sapos obesos que iban de aquí para allá como hormigas a las que alguien ha removido el hormiguero. Los vientos azotaron y destrozaron el campamento hasta que una de las bestias sapo se acercó a N'Kari y suplicó clemencia.

-Dinos cómo salir de aquí, repugnante ser -le dijo N'Kari con todo el orgullo de una diosa africana.

-Por allí -le respondió el ser -, podrá ver un camino que le llevará a un puerto de basalto, donde hay galeras. Coja la que quiera, pero deje de destrozar el poblado.

-Contemplad mi magnanimidad dejándoos con vida... pero que no se vuelva a repetir ¿eh?

El ser batracio negó con la cabeza.

-Muy bien... ¡Zeus, vamos!

-Oye ¿quién te ha nombrado jefa? -se quejó el olímpico.

-¿Quieres salir de aquí? -dijo ella.

-Pues claro.

-Pues entonces ¡vamos y calla!

Los dos corrieron por el camino cargando a los dioses dormidos y llegaron hasta el puerto. Allí había algunos de aquellos hombres de los turbantes, pero los ignoraron totalmente y cogieron prestada una galera, con la que salieron despedidos de La Luna como si de un cohete se trataran. La galera aceleraba y aceleraba según se iba acercando a La Tierra, comenzaba a coger demasiada velocidad. Poco a poco el mapa del mundo fue haciéndose grande y más grande ante los ojos de los dos dioses, hasta que vieron cómo se acercaban cada vez más a la ciudad de Ulthar.

-Oye ¿sabes frenar este cacharro? -preguntó Zeus al ver que el choque era inevitable a menos que hicieran algo.

-¿Frenar? ¡Si ni siquiera sé cómo lo estoy manejando!

Y la explosión del choque se pudo oír por casi todo el reino.



En esos momentos, en el gigantesco castillo de Kadath, sentado en un trono de marfil, Nyarlathotep, todavía vestido con el traje de negocios y con los leones lamiendo sus manos, sonrió pensando en la cara que pondría Brontes al encontrarse con el estropicio que habían provocado sus amigos.

miércoles, 1 de abril de 2015

Thunder-verse (parte 7): Tras los fugados


Más allá de los Montes Tanarios se extiende el Valle de Ooth-Nargai, y en el mismo, la hermosa ciudad de Celephaïs, donde Kuranes gobierna. Lugar de dicha, belleza y paz, donde el tiempo no existe, tan solo la eterna juventud. Y a aquel lugar idílico, surgido de los sueños de un hombre quien ahora es su soberano, llegaron Summanus, Brontes, Raijin y Karakal siguiendo al oso Misha. Al cruzar las puertas broncíneas y pisar el pavimento de ónice, el grupo de dioses y su plantígrado guía se encontraron con una extraña bienvenida: Un grupo de caballeros de reluciente armadura montados sobre caballos ruanos les recibieron con gesto preocupado.

-¡Caballeros de Celephaïs, soy Karakal de los Grandes! Buscamos a otros dioses que tal vez hayan pasado por vuestra hermosa ciudad y tal vez vuestro monarca Kuranes sepa decirnos que ha sido de ellos.

-Mi señor Karakal -comenzó a decir el líder de los caballeros-, cierto es que han pasado por aquí aquellos a quienes buscais, pero ya partieron y, por ello, os pido a vosotros que también partáis, pues grave fue la visita de vuestros predecesores y aun no hemos logrado recuperarnos de su visita. Partid por tanto y sabed que, tras su escala en Celephaïs, que tanto ha alterado nuestra paz, decían que marcharían en busca de otros destinos, por mar. La última vez que fueron vistos, partían en una galera rumbo a los Pilares de Basalto del Oeste.

-¡Maldición! ¿Y qué hacemos aun aquí? Sigamos su rastro, no pueden haber ido demasiado lejos- exclamó Raijin furioso.

Ante el exabrupto del japones, Karakal asintió y reunió a dialogar a sus compañeros para explicarles la situación: Los Pilares de Basalto del Oeste marcaban el fin del mundo, la catarata por la que caían aquellos barcos que no estaban preparados para navegar por el espacio y que más allá podrían encontrar cualquier cosa. Raijin intervino solicitando premura, pues no podían estar indefinidamente allí dándole vueltas al asunto, cosa con la que Brontes y Summanus estuvieron de acuerdo, por lo que, siguiendo nuevamente la pista rastreada por Misha, se dispusieron a tratar de alcanzar nuevamente a los dioses fugados.

Con la debida persuasión por parte de Karakal, y la intimidante presencia de Brontes y Raijin, no les costó hacerse con un barco, y los conocimientos del dios de los Grandes les permitirían prepararlo para volar a través del espacio. Las habilidades combinadas de los dioses les permitirían viajar rápido, invocando los vientos y controlando la tempestad, por lo que esperaban dar alcance rápidamente a los impetuosos Thor, Perun, Zeus y N'Kari. Lo que no esperaban es que el rastro seguido por Misha les condujera a la Luna de las Tierras del Sueño. Viajando más allá de la catarata tras los Pilares de Basalto del Oeste, navegaron por el espacio, evadiendo a las larvas de los Otros Dioses, y llegaron finalmente al oleaginoso mar selenita en el que navegaban las galeras de las Bestias Lunares. Atracaron en un muelle de basalto donde no fueron objeto de ningún recibimiento por parte de los batracios blanquecinos que habitaban el satélite. Al desembarcar, hallaron una ciudad aparentemente desierta, por la que parecía haber pasado un huracán. Siguiendo a Misha, exploraron aquella urbe oscura y abandonada pero nada hallaron que les indicara la presencia de los dioses fugitivos, por lo que, tras la inspección que tan sólo les permitió hallar rastros que no pudieron o no quiseron identificar, así como alguna maltrecha bestia lunar y sus hombres de leng esclavizados, decidieron seguir camino hasta lograr dar con los desaparecidos. ¿Hasta donde habrían llegado? ¿Qué habría pasado? Ya darían con las respuestas, pero lo primero era encontrar a sus compañeros fugados.

Tras el fracaso de las dos paradas que habían realizado en su viaje, volvieron a embarcar y, nuevamente guiados por el oso de Perun, regresaron a las Tierras del Sueño. A medida que progresaba su viaje, Misha daba señales de estar cada vez más cerca de su objetivo. Navegaron por mares que les condujeron finalmente hasta una orilla donde desembarcaron junto a la desembocadura de un río que, al seguirlo, les condujo hasta la proximidades de Ulthar. A medida que se aproximaban, vieron columnas de humo, gatos que salían espantados del pueblo y gente aterrorizada. Cuanto más se acercaban más rastros de de caos y destrucción hallaban a su paso, como si hubiera pasado un ejército saqueador o un grupo de dioses alborotadores y con ganas de fiesta y de armar follón. Karakal se temía lo peor, y sus compañeros, Brontes, Summanus y Raijin tampoco esperaban nada bueno. ¿Qué encontrarían en el tranquilo pueblo? ¿Qué habrían hecho los dioses fugados? A medida que se aproximaban sus temores e inquietudes se incrementaban. Finalmente, cuando entraron en las primeras calles de Ulthar, contemplaron boquiabiertos, sorprendidos, horrorizados, lo que ante ellos se hallaba. Tal dantesco espectáculo, propio de las pesadillas de Goya o del Bosco no podía ser el tranquilo lugar donde estaba prohibido dañar un gato. ¿Qué había pasado? ¿QUÉ HABÍA PASADO?

jueves, 26 de marzo de 2015

Pequeña T'auin


Con la ausencia de Brontes y los otros dioses del trueno, la Universidad Miskatonic iba recuperando rápidamente la normalidad, por lo que los inminentes exámenes se haían ocupado de devolver la institución educativa a la normalidad o, al menos, a lo que se podía entender como tal allí. Durante ese breve tiempo, los Pickman respiraron tranquilos, en espera del próximo desastre, pues, con la inminencia de la primavera y el consabido periodo de pruebas de los alumnos podía pasar cualquier cosa. Sin embargo, la distribución de carteles por la universidad con el aviso de que aquellos responsables de alteraciones del orden de características sobrenaturales o extradimensionales tendrían que responder ante Anna Pickman parecían tener un efecto tranquilizador sobre la grey estudiantil. Dispuestos a evitar las atenciones de la medium, los matriculados en la Miskatonic no parecían dispuestos a organizar nada más salvaje que las típicas juergas universitarias, para alivio de todos.

Entre tanto, en La Llave y la Puerta, Araknek seguía con sus habituales tareas de limpieza, a las que se había sumado el aseo y mantenimiento de la nueva estatua instalada en los jardines de la residencia, la representación de la Gran A'Tuin, en homenaje al fallecido escritor Terry Pratchett. Mientra estaba centrada en esta tarea, vió salir de la residencia al profesor Seabury Pickman, que estaba bastante atareado últimamente con sus labores formativas y que recientemente había pasado unos días evitando a Welcome y caminando raro, como si tuviera molestias en la zona inguinal. Araknek no le dio mayor importancia a aquello, pues estaba acostumbrada a las idas y venidas de los Pickman y las eróticas aventuras de Evangeline. Cuando el profesor pasó a su lado, la saludó cortesmente como solía hacer, y de la misma manera le respondió la araña, pero, tras alejarse unos pasos en dirección a la universidad, de repente Seabury pareció percatarse de algo que estaba fuera de lugar, se detuvo unos segundos, se dio la vuelta y se acercó de nuevo a la encargada de limpieza. La miró con detenimiento unos instantes y Araknek, percatándose del repentino interés del profesor, se detuvo y le miró con expresión interrogante (¿Tienen las arañas expresión interrogante? ¿La expresión interrogante de una araña es igual que hacer un vuelo indiferente? Suponemos que a estas alturas los Pickman están tan acostumbrados a su particular limpiadora que pueden interpretar su lenguaje corporal). Entonces Seabury señaló a algo que había junto a la semilla de Atlach-Nacha: una tortuga, un galápago para ser exactos, sobre cuyo caparazón se hallaban cuatro damanes, y sobre estos un gran disco cubierto de nieve y con una elevación rocosa en cuya cima se alzaba un fresno bonsai cual árbol del mundo. Circunvalando el disco se hallaba un dragón serpentiforme o una serpiente draconiana, una versión reducida de la terrible Jörmundgander, la serpiente de Midgard de la mitología nórdica.

-Araknek, disculpa, pero... ¿qué es exactamente esta criatura?-preguntó sorprendido Seabury.

-Oh, no se preocupe, no es peligrosa ni nada parecido, es mi nueva mascota, Pequeña T'Auin. Es de las Tierras del Sueño.

-Ya, imagino que sí, tiene toda la pinta de ser de allí. Un especimen muy curioso, ¿y eso que lo has traído?

-Verá, desde hace tiempo las tortugas de las galápagos han encontrado allí un nicho donde huir de la extinción, por lo que las especies que se consideran exitnguidas aquí, han sobrevivido en las Tierras del Sueño. Parece que en aquellas islas hay un lugar que conecta con el mundo onírico. En cualquier caso, a medida que Terry Pratchett fue alcanzando la fama, y como consecuencia de las tortuguitas nacidas en su novela “La luz fantástica”, sus fans comenzaron a soñar con la Gran A'Tuin y explorar en su imaginación las diferentes variantes y posibilidades de las Tortugas del Mundo que puede haber. Como consecuencia de esto, empezaron a aparecer estas Galápagos del Mundo con sus particulares disquitos. Una curiosidad, ya ve. Y, a medida que la saga de Mundodisco continuaba, estos quelonios se iban haciendo habituales en algunos lugares de las Tierras del Sueño, y, tras el fallecimiento de Terry Pratchett, con todos los homenajes que se le han hecho, pues parece que ha habido una explosión demográfica de tortugas. Durante uno de mis viajes por las Tierras del Sueño, este quelonio en particular comenzó a seguirme y nos “adoptamos” mutuamente. Y, al regresar al trabajo, ha venido conmigo.

-Bueno, en ese caso, no tengo ninguna objeción al respecto. Imagino que tu te encargas de su mantenimiento y cuidados, sean cuales sean estos. Pero bueno, ahora mismo tengo prisa, pero en otro momento que estemos menos atareados los dos me gustaría que habláramos más tranquilamente sobre este asunto. Creo que puede tener muchas posibilidades en vista a mi campo de estudio y puede suponer un tema muy interesante para analizar y tratar.

Araknek se encogió de hombros y gorjeó:

-Como usted quiera profesor, espero que tenga un buen día.

-Oh, sí claro, buenos días, Araknek.

Con aire pensativo, calibrando las posibilidades del asunto, el profesor Seabury Pickman, se encaminó de regreso a la universidad a resolver los temas pendientes del trabajo que tenía allí. Araknek, mientras tanto, siguió limpiando y Pequeña T'auin, con inteligencia jurásica, sonrió.

lunes, 23 de marzo de 2015

Thunder-verse (parte 6): El hombre que rompió la cuarta pared

(El autor de esta entrada pretendía hacer una presentación larguísima y rimbombante, pero visto el cliffhanger que dejó al final de la entrada anterior, el equipo directivo le ha sugerido amablemente, con una pistola 9mm parabellum, que vaya al grano. De nada)

La luz que surgía del portal se reflejaba en el rostro de los dioses del trueno cuando el valeroso Perun y el imbatible Thor llegaron al punto donde estaba apareciendo lo que fuera que surgía de allí. Todos esperaban un tremendo golpe que provocaría rayos y retruécanos... digo, rayos y truenos, como solían hacer los golpes de los dioses de las tormentas cuando entraban en combate (o en una pelea, lo cual era demasiado habitual). En lugar de lo esperado, los dioses vieron a Perun y Thor rebotar y caer al suelo desconcertados. Lo que vieron en el lugar donde hace un momento había un portal les desconcertó a ellos.

En lugar del portal había un señor bastante vulgar que desentonaba con los dioses, vestidos con sus armaduras y trajes fantásticos. Este señor vestía una camisa hawaiana y un pantalón y tampoco tenía el porte de un dios de los truenos, más bien tenía el porte de un dios de las comilonas, pues era bastante orondo y estaba quedándose calvo. Tenía una expresión afable, en su rostro bien afeitado, y miraba a su alrededor como un turista recién llegado a su destino.

-¿Pero quién es este tipo? -preguntó Karakal.

-Misha -dijo Perun mientras volvía a levantarse -, ¿se puede saber porrr qué no me has acompañado hacia la batalla?

El oso miró de un lado al otro como si el tema no fuera con él e hizo amago de largarse de allí.

- ¡Basta de tonterías! -exclamó el recién llegado -He venido para acabar con este disparate.

-¿Qué disparate? -preguntó Brontes.

- ¿Cómo que qué disparate? Éste disparate... que ya lleváis demasiado tiempo con el temita, estáis estirando más la historia que Brian Michael Bendis... y por vuestra culpa se está liando parda, el otro día hubo un eclipse y no se pudo ver una mierda porque nubes de tormenta jodieron todo el espectáculo cósmico, los protagonistas de esta historia llevan sin salir demasiado tiempo ¡y a mi se me han hinchado los innombrables!

-¿Protagonistas? -murmuró Summanus.

-¿Qué historia? -preguntó Brontes.

-¡Esta historia, panda de tarugos! Y encima los que la están narrando han tenido la desvergüenza de plagiarme. Escuchadme, pues yo soy DAN SLOTT.

Un profundo silencio recorrió la sala y los pasillos del castillo de los Dioses de la Tierra de Kadath.

- ¡Ya sabéis, el autor de El Asombroso Spider-Man! 

-Aaaaah -dijeron los dioses del trueno con gestos de reconocimiento... aunque algunos no tenían ni idea de lo que  estaba hablando ese individuo.

-Sí -continuó Dan Slott -, y los autores de esto me han plagiado descaradamente ¿Un evento en el que todas las versiones de las deidades del trueno se reúnen para enfrentar a alguien que pretende cazarles? ¿De verdad no esperaban que me daría cuenta? ¡¡¡Si han copiado mi saga Spider-Verse!!!

-Tampoco te quejes tanto, que tú copiaste esa idea de la serie de animación de Spiderman de los '90 -dijo Summanus.

- ¡¿Qué has dicho?! -exclamó Dan Slott acercándose al dios con expresión de estar a punto de explotar.

-¿Eh? Yo, nada...

-Vale, vale, ya está bien -les interrumpió Karakal -, por lo que estoy entendiendo, nuestro enemigo ha copiado un plan que usted tuvo para acabar con unas arañas ¿del universo? ¿No serían de Leng?

-¿Qué enemigo ni qué saga del clon? Los autores, los que están escribiendo todo esto... 

-¿Los... que están escribiendo esto? -preguntó N'Kari -Pero si ya hay alguien narrando lo que hacemos, simplemente está contando nuestras proezas... ¿y cómo van a saberlo si no están aquí? ¿Tratas de confundirnos?

-A  ver, pimpines, voy a contaros algo que puede que os descoloque un poco pero... todo esto es una obra de ficción ¡SORPRESA! Puede que os parezca lo contrario, pero esto forma parte de un blog narrativo, y sus autores están contando vuestras epicodecadentes historias, si miráis allí, vosotros creéis que hay una pared con un  cuadro abstracto, pero al otro lado hay unos individuos leyendo todo lo que estáis haciendo... y algunos hasta se están riendo. Nada de esto es real, es ficción.

-¿Estás insinuando que no somos reales? -dijo Zeus acercándose amenazadoramente a Dan Slott - Pocos se han atrevido a decir semejante cosa del rey del Olimpo sin que yo los convierta después en algo repulsivo, como un monstruo con forma de serpiente o un vendedor de seguros.

-Si estás intentando amenazarme, la llevas clara, amigo. Sólo eres un personaje de ficción y yo soy real, ¡reaaaaal! Y como también soy un escritor, pues puedo mandaros a tomar viento fresco y luego encargarme de los que me han plagiado. Los voy a dejar tiesos, y después de eso, voy a...

Antes de que pudiera terminar la frase un fogonazo iluminó toda la sala y un gigantesco rayo atravesó el techo alcanzando al autor de comics, cegando por momentos a los dioses del trueno. Cuando pudieron ver de nuevo, en el sitio donde hace un instante había estado Dan Slott, sólo había una mancha de quemadura y hollín. 

-¿Qué...? ¿Quién...? -se preguntaba Brontes.

Del suelo se levantó Thor, con su martillo Mjolnir en mano, tambaleándose y avanzando hacia el manchurrón negro. Pequeñas descargas eléctricas recorrían su cuerpo y tenía expresión de estar muy enfadado.

-Este tío ya me estaba dando dolor de cabeza... ¡a tomar por culo!

-¡¿Alguien puede explicarme qué diantres ha pasado?! -preguntó Raijin.

-Ese individuo sólo trataba de hacernos dudar, de desconcertarnos con sus palabras... claramente forma parte de la estratagema de nuestro enemigo, confundirnos con sus mentiras, manipularnos... sólo alguien puede estar detrás de esto...

-¡LOKI! -Exclamó Thor.

-No, Nyarlathotep.

-¿Nyarlaqué? -preguntó Thor acercándose tambaleante a Brontes.

-Nyarlathotep, ya sabes, El Caos Repante, Padre del Millón de Favorecidos, Señor Oscuro de las Mil Caras...

-¿Ese no es Randall Flagg? -preguntó Summanus.

-¡Que no! ¿Qué va a ser el Nyarlaloquesea ese? Claramente es Loki, que está volviendo a hacer de las suyas... ¡Y yo ya me he hartado! ¡Voy a ir a por él y le voy a meter el martillo por el...!

-No -le interrumpió Karakal -, no vas a ir a ningún sitio, Thor de los Truenos, debemos quedarnos aquí, en la zona segura, e idear un plan.

-¡¿Qué plan ni qué leches?! ¡¿Acaso necesité un plan cuando me enfrenté a los gigantes de hielo de Jötumheim??! ¿¡Acaso necesité un plan cuando asalté Svartálfaheim?! ¡Yo no necesito planes! ¡Yo necesito partir caras! ¡Yo soy THOR DE LOS TRUENOS!

El sonido de un trueno pudo escucharse fuera del castillo.

-Estoy con el nórrrdico -dijo Perun acercándose a Thor.

-Y yo -dijo N'Kari uniéndose a ellos.

-No, no, no, no -dijo Karakal -, espero que no estéis sugiriendo entrar en combate ahora... ¡Pero si no sabemos ni quién es nuestro enemigo!

-¡Claro que lo sabemos, es Loki! -Exclamó Thor.

-Es Nyarlathotep -musitó Brontes.

-Loki -le respondió Thor.

-Nyarlathotep.

-Loki.

-He dicho...

-Ooooh, esto es más lamentable y vergonzoso que aquella fiesta por el día de la madre en casa de Afrodita -dijo Summanus.

-¿Qué estás insinuando, romanucho? -le dijo Zeus a Summanus, claramente ofendido.

-Estoy insinuando que los olímpicos no tenéis ningún reparo en acostaros los unos con los otros, sois más incestuosos que los Lannister...

-¡¿Será posible?! Te voy a...

-¡BAAAASTAAAA! -gritó Karakal -Nadie va a pegar a nadie, nadie va a ir a enfrentarse a nadie, y nadie va a salir de este castillo hasta que no tengamos un plan y sepamos lo que está pasando.

-¡No, dios de los rayos de Kadath! -exclamó Zeus -Hasta ahora no nos has dado ninguna respuesta ni has hecho nada para solucionar todo esto, sólo nos has metido en este castillo... ¡Y has interrumpido mi fornicación con N'Kari! Me uniré a ella y a los otros dos, nos enfrentaremos al enemigo y os enseñaremos cómo se hacen las cosas... ¡Y después pienso tirármela otra vez!

Y antes de que nadie pudiera interrumpirles, los cuatro dioses salieron de allí con la velocidad del rayo.

-Oooooh nooooo -decía Karakal dando vueltas en círculos, claramente preocupado -, esos descerebrados han salido ahí fuera y pueden caer en manos de nuestro enemigo. ¡Escuchadme! Debemos encontrarlos antes de que sea demasiado tarde.

-Pero pueden haber ido a cualquier sitio ¿cómo vamos a dar con ellos? -preguntó Raijin.

-¿Por qué no los encuentras como hiciste con nosotros la primera vez? -preguntó Summanus.

-No puedo hacer eso, pues lo único que hice fue seguir las energías residuales del hechizo que os trajo aquí.

-¿Entonces estamos perdidos? -preguntó Summanus.

-No creo -le dijo Brontes con una expresión astuta -, me parece que podemos dar con ellos gracias a nuestro amigo peludo.

Los cuatro dioses se giraron en dirección al oso, que estaba en un rincón lamiéndose las garras. Éste se dio cuenta de que le estaban mirando y alzó la cabeza.

-¿Uuurf?

-¿A que eres capaz de encontrar a Perun, amiguito? -le preguntó Brontes.

El oso asintió.

-¿Veis? Sólo tenemos que seguir al oso ¡y daremos con ellos!

-Pues vamos, antes de que sea tarde -dijo Karakal, sospechando que los otros ya podían haberse metido en algún lío.


En algún lugar de Las Tierras del Sueño, El Herrero Mentiroso sonrió complacido. Todo estaba saliendo según el plan.

miércoles, 18 de marzo de 2015

Thunder-verse (parte 5): La reunión de los dioses

Dicen extraños libros de sabiduría perdida que, cuando los señores de distintos panteones se reúnen en un mismo lugar, es porque alguien la ha cagado tremendamente. Son libros escritos por dementes autores, seguramente inspirados por algún tipo de hierba narcótica, pero cualquier lector atento debería hacer por seguir sus advertencias, pues la locura no es más que la visión de cosas que están más allá de la cordura.

Brontes no había leído ninguno de esos libros, ni falta que hacía. Él sabía perfectamente que, si había dioses de distintos panteones en una misma habitación, se podía deber a tres razones: Alguien ha cerrado el negocio y se acaba el universo, se va a celebrar una tremenda fiesta llena de excesos etílicos y desmadres dignos de los más  altos altares, y alguien la ha cagado tremendamente... curiosamente podían darse las tres razones a la vez, pero esa era otra cuestión. La verdad es que esa ocasión podía ser cualquiera de ellas, aunque dudaba mucho que fuera a celebrarse una fiesta. 

Ante Brontes había un nutrido grupo de seres que pudo reconocer. Thor de los truenos, tendido en el suelo intentando levantarse como podía; un oni de la mitología japonesa llamado Raijin, que miraba con desaprobación a la pareja de dioses que tenía a su lado; Zeus estaba a la derecha del oni haciendo lo que mejor se le daba, y esto lo hacía con una diosa africana que, en estos momentos, Brontes no reconocía; al lado de estos dos, Brontes podía ver al dios eslavo Perun, que miraba a su alrededor con fiereza y el deleite que siente un dios ante un desafío; los restantes eran desconocidos también para Brontes, un individuo de ropajes oscuros que parecía un vampiro...o un tipo muy pálido, y lo que parecía ser un oso... Brontes no sabía que hubiera ningún dios oso de las tormentas o los truenos y rayos, pero a estas alturas ya no le sorprendía nada.

El que había reunido a tan dispar grupo se encontraba apartado unos metros, observando a todos con una mirada de interés. Karakal de los Grandes, un dios de los territorios que hay más allá de los sueños. Pasados unos breves momentos se dirigió al resto de dioses.

-¡Escuchadme, dioses de las tormentas! Os he reunido porque corremos un grave peligro... -De pronto Karakal cortó su discurso y se quedó mirando en una dirección. Brontes miró a dónde iban los ojos del dios y se encontró con lo que le había interrumpido: Zeus y su compañera seguían a lo suyo sin hacer caso al dios de Las Tierras del Sueño-. ¡Eh! ¡EH! ¡VOSOTROS DOS!

A la vista de que la pareja de dioses seguían a lo suyo, Karakal se enfureció, todo su ser pasó a un color azulado, como si se tratara de un brillo de neón, y alzó los poderosos brazos, de los cuales surgían destellos y pequeñas corrientes eléctricas. Al alzar los brazos Karakal, Zeus y su compañera recibieron una fuerte descarga eléctrica que los dejó en shock  durante unos instantes, lo suficiente para que dejaran de hacer lo suyo y prestaran atención de una vez.

-¡¿Pero qué te crees que haces, insensato?! -exclamó Zeus.

-¡¿Cómo osas interrumpir a N'Kari, diosa de las tormentas y de la pasión desatada cuando está practicando el zumba-zumba?! -dijo la diosa de ébano.

Brontes comprendió entonces cómo era posible que ambos hubieran seguido a lo suyo en una situación como esa. De todos era conocido que Zeus era el equivalente de Julio Iglesias de los dioses del Olimpo, pero la única razón para que una mujer, diosa o mortal, hubiera seguido practicando el sexo en una situación como en  la que estaban, es que se tratara de una diosa de la pasión descontrolada. De hecho, sabiendo que la mayoría de los dioses de las tormentas eran de nervios desatados y bastante temperamentales, esa reunión podía acabar bastante mal.

-Os he interrumpido porque estamos en una situación de grave emergencia y vosotros parecíais perritos en celo en vez de poderosos dioses... y ahora escuchadme todos. Alguien ha perturbado las energías que rigen el orden en el universo y ha construido un arma peligrosa para todo lo que significamos. Siguiendo un arcano ritual, se ha fabricado la Cortatormentas, una espada que puede subyugar el trueno y el rayo... ¡y puede destruirnos! Esta espada ha sido moldeada con el poder y la única intención de acabar con los dioses de las tormentas, los rayos y la energía eléctrica. Alguien quiere acabar con todos nosotros, destruir a los dioses de la tormenta de cada panteón con algún oscuro propósito y debemos descubrir quién es y detenerlo antes de que sea demasiado tarde.

Durante unos momentos hubo silencio en la sala. Los dioses se miraron los unos a los otros y al lugar en el que se encontraban.

-¿Y cómo hemos acabado aquí? ¿Quién nos ha traído? -preguntó Brontes.

-Deduzco que nuestro enemigo intentó convocaros ante su presencia para acabar con vosotros, pero algo debió salir mal, lo que he aprovechado para rastrearos por todas Las Tierras del Sueño. Pero no he  conseguido traer a todos. Mientras hablamos, otros dioses pueden estar cayendo bajo el filo de la Cortatormentas. No os preocupéis, porque aquí estamos a salvo, este es un lugar sagrado al que sólo pueden acceder los Dioses de la Tierra y aquellos a los que estos invitan a entrar. Nos encontramos en Kadath, hogar de los dioses de Las Tierras del Sueño.

-Espera, espera, espera, espera... porque yo creo que sé quién es nuestro enemigo. Sólo alguien es capaz de semejante intriga siniestra, y no es otro que NYARLATHOTEP, ese cretino ya me lió una vez y no me extrañaría que lo haya hecho de nuevo, y si él es el culpable, aquí no estamos a salvo, porque puede entrar y lo sabes.

En ese momento, Thor se levantó del suelo, tambaleante y se plantó en el centro de la sala.

-Yo no le tengo miedo a naaaadie... ¿dónde está ese villano? Que le meto un sopapo que se va a enterar. Thor de los truenos no le teme a nada ni a nadie, ni siquiera al cobrador del frac.

-Yo detendrrrré a ese enemigo antes de que pueda encontrrrarrrnos, pues no hay quien pueda con la fuerrrrza del poderoso Perun...

-De eso nada -le interrumpió Thor -, el que va a hinchar a palos al malo soy yo.

-¿Te crrrrees más fuerrrrte que el poderoso Perun? Mis brrrrrazos de acero y mis músculos dignos de un rrrrrelato de Robert E. Howard aplastarán a ese bellaco antes de que llegues a tocarrrrlo...

-Ya, ya, ya... basta de tanta testosterona, que os rezuma por las orejas -dijo el individuo que parecía un vampiro interrumpiendo a los dos pendencieros dioses -. Yo, Summanus, recomiendo que organicemos un plan. Una buena estrategia es fundamental antes de un ataque.

-¿Summanus? -preguntó el oni -Yo conocí a un Summanus, me lo presentó un bardo excéntrico llamado Lumley, y la verdad es que te pareces mucho...

-Yo no soy ese.

-Yo también conozco a un Summanus -dijo Brontes -, pero no te pareces en nada.

-Tampoco soy ese.

-¿Y este quién es? -preguntó Zeus refiriéndose al oso que los miraba con expresión dubitativa -¿el dios de las tormentas de los osos?

-¡No! -exclamó Perun -Se trata de Misha, el feroz oso de las estepas rrrusas... aunque me lo he encontrrrrado en Las Tierras del Sueño, pero da igual, es de las estepas rrrrusas.

Karakal llamó la atención de los dioses con las manos y estos se giraron hacia él.

-Sugieron que sigamos el consejo de Summanus. Tracemos un plan antes de que...

Sin poder acabar su discurso, Karakal se giró sorprendido al sentir un peligro a sus espaldas. Los dioses del trueno y la tormenta miraron en la dirección en la que se volvía el dios de los rayos y vieron allí un gran resplandor que surgía de una extraña fuente de luz que se estaba abriendo en el aire.

-¿Qué es eso? Creo que debo dejar de beber un rato -dijo Thor.

-Es... ¡es un portal! ¡Pero es imposible! ¡Nadie puede entrar aquí! ¡¿Cómo nos han encontrado?! -exclamó Karakal.

-¡¡¡Oh!!! ¡Inminente combate! ¡Que los barrrrdos canten nuestrrrras prrroezas, pues hoy derrrotaremos a nuestrro enemigo -Exclamó Perun -. ¡Misha! Ven a mi, y cabalguemos a la glorrria!

-Noooo, no, no, no -dijo Thor -. Yo venceré al enemigo.

Y ante la mirada del resto de los dioses del trueno y las tormentas, Thor y Perun se lanzaron hacia lo que surgía del portal.

¡¡¡TOMA CLIFFHANGER!!!

sábado, 14 de marzo de 2015

Terry Pratchett en La Llave y la Puerta

Aviso: Para los que no hayan leído la saga de Mundodisco, se van a producir spoilers en este relato.

Era un día triste en Arkham, era un día de conmemoración, pero no de festejo, pues esa jornada iba a estar dedicada a homenajear al fallecido y genial escritor de fantasía Terry Pratchett. Había fallecido unos días antes, y los Pickman no habían tardado en mover los hilos necesarios para organizar rápidamente la conmemoración que un autor de su talla merecía.

Harvey y Seabury se habían encargado de agilizar todos los trámites con la universidad y el ayuntamiento de la ciudad, mientras Anna había utilizado sus particulares dotes de persuasión para que los alumnos de los departamentos de arte e ingeniería diseñaran y construyeran una estatua en honor al fallecido, es decir, les había amenazado con hacer de su vida un infierno si no acababan a tiempo el trabajo. El sitio designado para instalar la estatua, evitando polémicas con la ciudad y el organismo educativo, era el patio que se abría en el hueco de la U que formaba la residencia, aprovechando una zona verde que hasta el momento no había recibido otros usos que servir para que los estudiantes masculinos se tumbaran en ella rodeados de complacientes mujeres.

En el lugar del homenaje se hallaba la estatua, finalizada con un breve lapso de margen, y cubierta con una lona en espera de ser inaugurada. Junto a la misma, los Pickman y una representación del claustro universitario, y, frente a ellos, los estudiantes y demás asistentes a la ceremonia, incluidos y, curiosamente sin llamar demasiado la atención, Summanus, Araknek y Welcome, que se había presentado ataviada como la joven Gytha Ogg, al igual que otros habían aparecido también disfrazados. Sin embargo no fueron los únicos, pues poco a poco comenzaron a venir más asistentes a la ceremonia, pero, o bien iban excepcionalmente caracterizados o pasaba algo raro ahí. Una delegación de la Guardia de la Ciudad de Ankh-Morpork hizo su entrada, formada por Samuel Vimes, lady Sybil, el sargento Colon y Nobby Nobs, Zanahoria Fundidordehierroson, Angua von Uberwald, las colosales figuras petrea y cerámica de Detritus y Dorlf, Reg Shoe y Visita. No tardó en unírseles la delegación de la Universidad Invisible, formada por el Archicanciller Ridcully, Rincewind, el Tesorero, un curioso orangután (el Bibliotecario) y Ponder Stibbons. Tras ellos apareció un extraño trío: un individuo vestido con ropas isabelinas junto con dos sujetos de rostro equino, uno ataviado al estilo de los años 30 y el otro vestido con una túnica negra y apoyándose en un bastón. Lord Vetinari mantenía una animada conversación con Lovecraft y Shakespeare que discutían sobre las adaptaciones que Pratchett había hecho de sus obras. Mientras, por entre la gente se podía ver a un sujeto que parecía la prueba viviente de que el hombre desciende de algún tipo de roedor, vendiendo sospechosos productos porcinos altamente "orgánicos". Sin duda, sólo Y.V.A.L.R. Escurridizo era capaz de vender sus productos. No tardaron en llamar la atención también cuatro mujeres acompañadas por un hombrecillo de ojos llorosos con una corona que sólo sus orejas le impedían llevar a modo de collar, Verence II, rey de Lancre. Gytha Ogg, Esmerelda Ceravieja, Magrat Ajostiernos y Agnes Nitt destacaban por sí mismas, como corresponde a toda bruja. Un poco más tarde, Neil Gaiman hizo su llegada acompañado de Azirafel y Crowley, llegando elegantemente tarde.

Ante tal curioso cúmulo de asistentes Seabury Pickman comenzó el discurso en homenaje del fallecido. Sus palabras retrataban a un hombre que había dejado un legado imborrable en la literatura, cuya perspectiva y visión únicas redefinieron el humor y la fantasía. Un autor que ha dejado un legado de risas, filosofía, reflexión y sátira, cuyas novelas invitan al lector a ir más allá de las mismas palabras y comprender los mensajes que existen enlazados en la trama principal, un hombre que no tenía reparos en reírse de todo y de todos y cuya pluma no dejó títere con cabeza. Mientras Seabury hablaba, percibió como, al fondo aparecía una figura alta y delgada ataviada con una túnica con capucha hechas de oscuridad absoluta que portaba una guadaña. Sobre el hombre de Muerte, la Muerte de las Ratas se asomaba y sonreía (no es que tuviera muchas más opciones). Cuando acabó su discurso, que incluía un sentido homenaje a ese hombre sin el cual el humor ya no volverá a ser el mismo, dio la señal para descubrir la estatua. Unglaublich, con gesto solemne, retiró la lona, mostrando en bronce una escultura que representaba al Mundodisco, con la Gran A'Tuin navegando por los golfos del universo, con los cuatro elefantes sobre su caparazón y el disco sobre ellos. Al inaugurar la estatua, muchos rostros se humedecieron y Seabury, sorprendido, le pareció ver que la Gran A'Tuin le guiñaba un ojo.

Tras la ceremonia, los asistentes fueron dispersándose, produciéndose el esperado encuentro entre Welcome y Gytha Ogg. Ambas mujeres no tardaron en congeniar y retirarse para celebrar, a su manera, su particular homenaje a Terry Pratchett. Y los Pickman se retiraron junto con los demás para asistir al cocktel que seguiría a la inauguración.

En el pueblo de las Montañas del Carnero donde se baila la auténtica danza Morris, por ejemplo, creen firmemente que nadie ha muerto del todo hasta que mueren las ondulaciones que ha provocado en este mundo: hasta que se para el reloj al que dio cuerda, hasta que fermenta el vino que preparó, hasta que se recoge la cosecha que plantó. Según ellos, los años de la vida en sí no son más que el núcleo de la existencia real.
Terry Pratchett, El Segador

SEÑOR, SABEMOS QUE NO HAY OTRO ORDEN, SÓLO AQUEL QUE CREAMOS...
La expresión de Azrael no cambió.
NO HAY MÁS ESPERANZA QUE NOSOTROS. NO HAY MÁS PIEDAD QUE NOSOTROS. NO HAY JUSTICIA. SÓLO NOSOTROS.
El rostro sombrío, triste, llenó el cielo.
TODAS LAS COSAS QUE SON, SON NUESTRAS. PERO TIENEN QUE IMPORTARNOS. PORQUE, SI NO NOS IMPORTA NADA, NO EXISTIMOS. Y SI NOSOTROS NO EXISTIMOS, NO QUEDA MÁS QUE EL OLVIDO, EL FIN CIEGO. Y HASTA EL OLVIDO TIENE QUE LLEGAR A SU FIN ALGÚN DÍA.
SEÑOR, ¿ME DARÁS UN POCO DE TIEMPO, SÓLO UN POCO? POR EL EQUILIBRIO CORRECTO DE LAS COSAS. PARA DEVOLVER LO QUE UNA VEZ
FUE ENTREGADO. POR LOS PRISIONEROS Y POR EL VUELO DE LOS PÁJAROS.
La Muerte dio un paso hacia atrás.
Era imposible leer expresión alguna en los rasgos de Azrael.
La Muerte miró de reojo a los sirvientes.
SEÑOR, ¿QUÉ PUEDE ESPERAR LA COSECHA, SI NO IMPORTARLE AL SEGADOR?
Terry Pratchett, El Segador

jueves, 12 de marzo de 2015

Thunder-verse (parte 4): Tronados en Ulthar


Ulthar parecía haber recobrado la tranquilidad desde la partida de Loki y el Señor de las Tormentas, o, al menos no se había producido ninguna perturbación de la paz digna de mención. Así había sido al menos hasta que, un par de días después de la partida del nórdico y su asociado, un nuevo dios llegó a través del puente que unía a esta tranquila población con su vecina, Nir. Llegó por la noche, cruzando el río, un hombre de rasgos serenos, pálido y vestido completamente de negro, contempló aquel tranquilo lugar y decidió que se quedaría, por lo menos hasta que no hubiera ninguna otra razón para irse. No le fue difícil instalarse, y, tras establecer contacto con diversos comerciantes, se hizo con las materias primas que necesitaba. Pronto, los primeros fuegos artificiales iluminaron la noche para sorpresa de los vecinos y los gatos. Aquel dios recién llegado no parecía dispuesto a perturbar la paz, y aunque parecía preferir las horas de oscuridad, se perdonaba su excentricidad a cambio de poder disfrutar de sus espectáculos pirotécnicos. Summanus sonreía, feliz, había encontrado un buen lugar donde aguardar el devenir de los acontecimientos y podía seguir dedicándose a aquello que tan bien se le daba. A fin de cuentas era el dios etrusco de las tormentas nocturnas, y un viejo dios debía aprender trucos nuevos para sobrevivir.

Habían pasado varias semanas y las noticias de los acontecimientos acaecidos en Inquanok no tardaron en llegar hasta Ulthar, donde Summanus sonreía satisfecho al contemplar sus fuegos artificiales mientras acariciaba a un gato negro. Cuando llegó a sus oídos la noticia de aquellos dos dioses que se pasaban el día follando y de aquel demonio que pasaba el tiempo como músculo de alquiler, supo que el momento se acercaba. No tenía claro que iba a pasar, pero si habían sido convocados a las Tierras del Sueño era por algún motivo. Y si Loki estaba metido en el asunto iba a ser de lo más interesante.

Al día siguiente, Summanus caminaba por las sombras cuando vio algo que le dejó totalmente desconcertado: una horda de gatos corría despavorida calle abajo, como huyendo de algo, arrasando todo cuanto se cruzara en su camino. Y en su camino se cruzó Summanus, que cayó bajo la embestida de un juggernaut peludo y maullante, que pasó por encima del dios, derribándolo y dejándolo lleno de huellas felinas y pelos. Cuando la avalancha pasó de largo y logró levantarse, mientras intentaba sacudirse el vello gatuno que se había adherido a su traje, contempló la causa de tal estampida: un enorme oso pardo cabalgado por un individuo de extravagante vestimenta avanzaba hacia él. Aquel jinete ursino vestía lo que parecía un raído uniforme militar ruso combinado con una armadura de escamas, lucía una larga barba blanca y un casco medieval. Cuando el oso estaba a punto de atropellar al sorprendido Summanus, se detuvo en una compleja maniobra que le hizo acabar resbalando y caer despatarrado, mientras Perun, pues no era otro quien cabalgaba, lanzaba un grito de guerra.

Tras desmontar, Perun se acercó al etrusco al que dió un poderoso abrazo de oso que le dejó sin respiración y le estampó dos sonoros besos.
-Amigo, cuanto tiempo sin verrrrrte. Es un placerrrr encontrrrarrrte de nuevo aunque sea en estas cirrrrcunstancias.

(Nota: como Perun habla con un fuerte acento ruso, a partir de este momento sus diálogos se someterán a una traducción simultánea para comodidad del lector).

Summanus, que por fín logró liberarse de la presa del eslavo, tomó aire y por fin pudo responder:

-¡¿Perun?! ¿Qué haces tú también aquí? Oye... ¿no estarás borracho por casualidad, verdad? Porque la que has montado con los gatos entrando de esa forma en el pueblo....

-No, amigo, camarada, para nada, en estas tierras no destilan un buen licor ni que los maten. Para mí todo esto es aguachirle, aunque dicen por ahí que ciertos marineros que lucen turbantes con dos protuberancias en Dylath-Leen tienen un aguardiante particularmente fuerte.
-Pero no creo que hayas venido aquí a hablarme sobre bebidas alcohólicas.

-Ojala, pero ya te digo que no hay nada que se compare al vodka de mi querida Rusia, sobretodo al que destila mi querida Rodina, la Madre Rusia. ¡Qué mujer! ¡Y fueron los soviéticos las que le dieron vida! ¿Quién lo iba a pensar de una panda de ateos semejantes? Pero Rusia siempre ha sido buena tierra para nosotros, y sólo faltaba que le dieran entidad. ¡Y qué entidad! ¡La Rodina! ¡Qué pedazo de mujer! ¡Con unas tetas, un culo! Y no es ninguna de esas señoritingas blandengues, que va, ¡es una auténtica rusa! ¡Te pega un polvo que no puedes levantarte de la cama en dos días y luego se va a trabajar! ¡Qué mujer! Cuando los soviéticos la crearon lo hicieron a conciencia: la belleza, fuerza, carácter e idéntidad únicos de la tierra concentrados en una diosa madre que ríete tu de la sosa de Madame Libertad de los USA.

-Sí, sí, vale, pero ahora a lo que estamos, si no te importa. ¿De dónde has sacado al oso?

-¿Misha? -el oso, al escuchar su nombre se aproximó a Perun y se sentó junto a él mientras el dios le rascaba la cabeza.- Es un amigo, a un dios de todas las Rusias y la Europa Oriental no puede faltarle un oso, más un oso tan valiente y fuerte como mi querido Misha. Ah, que tiempos aquellos en los que podía ir a caballo o en oso desde un extremo al otro de las Rusias, con la Rodina, probando los destilados y chifladuras de la vieja Baba Yaga (entre nosotros, me parece que la vieja bruja a veces chochea), festejando con Chernobog y los strigoi en los cárpatos. ¡Grandes tiempos, grandes tiempos! Pero bueno, aunque nos quieran dejar de lado, los dioses seguimos presentes.

-Ya, no hay otra que reciclarse. Aunque los rusos lo tenéis mejor, hay muchos cuentos y tradiciones sobre vosotros, así que por ahí seguis siendo poderosos. Pero bueno, que nos vamos del tema. ¿Tienes la más mínima idea de que hacemos aquí, en las Tierras del Sueño?

Justo en el momento en que Perun le iba a responder, cuando un flash de luz los dejó cegados unos instantes. Ante ellos se alzaba la figura de un un poderoso hombre de rasgos de un atractivo sobrenatural, desnudo de cintura para arriba y que portaba una corona de brillantes llamas, flotando sobre el aire.

-Oíd, dioses del trueno -habló el recién llegado- Soy Karakal, Dios de los Grandes, señor de los rayos y la fuerza eléctrica, amo de la llama eterna que brillará hasta el final de los Tiempos. Los que compartimos el poder del rayo y el trueno estamos sometidos a un grave peligro, debéis venir conmigo.

-¿Habrá bebida, mujeres y acción? -preguntó Perun

Karakal, sorprendido por la pregunta, tardó un poco en responder de forma afirmativa. Sabía que era la mejor forma de acabar rápido con aquel reclutamiento. Ante la perspectiva que se le presentaba, Perun no dudó en aceptar. Summanus, al comprender que aquello era lo que estaba esperando, también asintió. Los tres dioses y el oso Misha dejaron Ulthar.

En la Jungla de Kled, un conciliábulo de elementales de la tormenta, kamis tempestuosos y otros espíritus menores de diversas religiones animistas y panteístas fue aniquilado por la hoja de la espada.