sábado, 20 de abril de 2019

End Time (parte 2): Preparaciones

Una extraña tranquilidad reinaba en la ciudad de Arkham después de la amenaza o augurio que lanzara Nyarlathotep. Sea lo  que fuere que estaba preparando, se sentía como una sombra sobre la ciudad que ríase usted de la sombra sobre Innsmouth. Los que estuvieron presentes en el momento, Brontes y Harvey Pickman, se lo habían tomado muy en serio, por lo que no tardaron en tomar la decisión de que era imperativa una reunión para organizarse, por si sucedía algo, estar preparados.

Así, la mañana después de la aparición de El Caos Reptante, en la sala de reuniones de La Llave y La Puerta, los arregladores de entuertos habituales estaban sentados ante la mesa, con su respectiva botellita de agua. El equipo en cuestión estaba formado por Harvey, Brontes, Anna, Welcome, y Seabury.

-Oye, entiendo que los demás estéis aquí, porque sois los que os encargáis de estas cosas ¿pero qué pinto yo en este asunto? -preguntó Seabury, que también había sido invitado a la reunión.

-Muy sencillo. Tú vas a encargarte de hablar con los altos cargos de la universidad, por si pueden aportar apoyo si sucede algo -dijo Harvey.

-¿Pero qué apoyo pueden aportar ellos? Que es una universidad, no Hogwarts, que está lleno de magos poderosos.

-Que aporten lo que sea, seguro que pueden ayudar en algo -concluyó Harvey.

-Habría que tener en cuenta también cuánto podemos tomarnos en serio de esa amenaza -añadió Anna Pickman-. No sería la primera vez que alguien como Nyarlathotep hace algo así sólo para desatar el caos. Para ello, voy a entrar al plano astral a investigar algo. Si de verdad se avecina algún problema, por allí debería saberse algo.

-Es una buena idea. Anna se encargará del plano astral -dijo Harvey.

-Yo puedo mirar en el ElderGodBook por si alguien sabe algo -comentó Brontes.

-También puedes hablar con los dioses -dijo Harvey-. Welcome se va a encargar de organizar a los de Alfa Strike para que estén preparados, pero no estaría de más que lo comentes con otros dioses.

-Hablaré con todos los que estén por la zona.

-Yo iré a los túneles para reunirme con los morlocks -continuó Harvey-. Propongo que nos reunamos a última hora de la tarde para ver de qué apoyos contamos.

Todos aprobaron la propuesta y se dispusieron a dirigirse a sus respectivos objetivos.

Túneles bajo la ciudad de Arkham.

Harvey iba siguiendo a un punto luminoso que había invocado justo al bajar a los túneles. Allí abajo había una total oscuridad, salvo en las zonas en las que había hongos fosforescentes, así que cualquier visitante de la superficie debía ir provisto de algún tipo de iluminación. Normalmente la iluminación era una linterna, pero a Harvey no le apetecía gastar pilas, y además era más rápido invocar una pequeña entidad de luz. Conocía perfectamente el camino hacia la zona habitada por los morlocks, aunque tuvo algunos encuentros por el camino, se cruzó con una manifestación de golems contra el abuso de las inteligencias no orgánicas, que querían que apoyara su causa, y además tuvo que deshacerse de un buhonero que quería venderle todo tipo de cosas. Por lo demás fue un camino muy tranquilo. Pronto pudo ver a Konstantin esperando cerca de un campamento morlock.

-Bienvenido, camarada Pickman -dijo el morlock-, te llevaré con el consejo para que expreses tus preocupaciones ¿cómo van las cosas por la superficie?

-Bien, el sistema capitalista todavía no ha colapsado, aunque a nosotros no nos preocupa, tampoco se está mal.

-Eso lo piensas porque ya estás alienado por el sistema.

-Sí, supongo que será eso...

Harvey y Konstantin entraron en el campamento y se dirigieron a un edificio que parecía importante. En la entrada había sendas banderas con el emblema morlock comunista. En el interior había algo que parecía una sala de guerra, con un mapa de los túneles con marcas en las zonas de los morlocks, marcas en los lugares donde habitualmente había reptilianos, y algunos puntos marcando lugares de interes u otros habitantes del inframundo de Arkham. También había varios ordenadores, ante los que unos morlocks realizaban todo tipo de tareas, y una gran mesa donde les esperaba un grupo que miraba con interés.

-Camarada Pickman, te presento al alto consejo del Equipo Exile de la Unión de Tribus Socialistas Morlocks. Sólo falta el comandante Sojat, que se encuentra en una incursión en territorio del RNLO.

Harvey lanzó un saludo a los morlocks y se sentó ante ellos. Era un grupo vestido con un cruce entre uniformes soviéticos y ropas de una sociedad postapocalíptica, por lo que se podría describir como Mad Max Meets The URSS.

-¿En qué podemos ayudar a los humanos capitalistas de la superficie? -preguntó uno de los morlocks.

-Estimados camaradas, la ciudad de Arkham ha recibido una amenaza por parte de uno de los dioses más poderosos e insidiosos que han pisado sus calles. El mismísimo Nyarlathotep ha anunciado que está a punto de producirse un evento apocalipsis, pero no ha aclarado en qué consistirá. Debido a esto, estamos buscando apoyo para enfrentar a lo que sea que se avecina.

-¿Pero no hay algún suceso que pone a la ciudad al borde del apocalipsis prácticamente cada jueves? -preguntó uno de los morlocks.

-Sí... bueno... pero esto se trata de algo mucho peor. Que el mismísimo Nyarlathotep lo haya anunciado es como si en el Universo Marvel se haya aparecido el Vigilante.

-¿El Universo Marvel? ¿Es algún tipo de dimensión alternativa? -preguntó un morlock.

-No, se trata de un mundo ficticio en el que habitan multitud de superhéroes. Es algún tipo de fantasía capitalista en la que millonarios empresarios luchan por el bien común -explicó Konstantin-. Gracias a ese exitoso mundo ficticio, grandes corporaciones se hacen de oro con películas y merchandising... también con comics, pero esos no dan tantos beneficios La camarada Pum'Ukki puede hablaros de ellos.

-Eh... sí, pues en esa "fantasía capitalista" la aparición de El Vigilante implica que va a pasar algo muy gordo. A eso me refería -dijo Harvey preguntándose por qué era tan difícil hacer mención a cosas de cultura general americana a un grupo de posthumanos del futuro.

-Conocemos a la entidad conocida como Nyarlathotep -dijo uno de los morlocks-. Entendemos que estáis preocupados ante la eventualidad de una catástrofe futura. Los Pickman habéis sido de ayuda para nosotros y nos hemos alineado numerosas veces, por lo que ante una posible amenaza sobre la ciudad, nosotros apoyaremos vuestra facción, sobre todo si la amenaza es tan grande que podría poner en peligro nuestros túneles.

Harvey sonrió ante un trabajo bien hecho. Pensaba que quizás sería más difícil convencer a los morlocks.

Bar El Divino. En el centro de Arkham.

-¡¡¡Perrrrrun quierrrre más cerveza!!! -exclamó el dios eslavo lanzando al suelo la jarra que había vaciado de un trago.

El bar El Divino era el más  visitado por los dioses que se pasaban por Arkham. Welcome había conseguido llevar allí al grupo Alfa Strike, y Brontes había hecho que otros dioses se acercaran al local, por lo que ahora el bar estaba repleto de divinidades que comían, bebían y, cómo no, se emborrachaban. El tema que iban a tratar era muy serio, pero no se podía evitar que los dioses más festeros acabaran como siempre.

-Por favor, amigos, prestad atención -dijo Welcome haciendo aspavientos para llamar la atención.

-¿Por qué íbamos a tomarnos en serio una amenaza de Nyarlathotep? -preguntó Zeus-. No veo por qué es tan importante esta reunión. Si alguien decide atacar la ciudad, le damos una somanta de palos y ya está.

-¡¡¡Sííííí!!! ¡¡¡Somanta de palos!!! -exclamó Thor levantándose de golpe y tirando la mesa al hacerlo.

-Compañeros, El Caos Reptante insinuó algo relacionado con los primigenios. Si es algo de ese calibre, es una amenaza muy seria -dijo Brontes intentando poner orden.

-Pero si en esta ciudad no hay ningún primigenio -dijo Ares desde un rincón.

-Eso es lo de menos. Aquí hay suficientes dioses de la guerra que podemos hacer una estrategia ante cualquier amenaza -dijo Atenea acercando su silla a la mesa-. Si a eso sumamos a los que formáis parte de Alfa Strike y estáis acostumbrados a combatir en esta zona, no debería ser muy difícil establecer una defensa.

-Lo que tú digas, preciosidad -dijo Thor acercándose libidinosamente a la diosa griega.

-Si te acercas más, te corto el mango del martillo -le amenazó Atenea.

El dios nórdico volvió a su sitio sutilmente.

-Bien. Brontes se quedará con vosotros, yo he de reunirme con las welclones -dijo Welcome-. Supongo que contamos con todos vosotros ¿no?

Se escuchó un murmullo generalizado y voces de algunos dioses pidiendo más cerveza.

-Lo que quiere decir Welcome es ¡¿A que no tenéis huevos a uniros a nosotros en la defensa activa de Arham?! -exclamó Brontes.

-¡¡¡¡¿Que no hay huevos?!!!! ¡¡¡¡¡¿¿¿QUE NO HAY HUEVOS???!!!!! -fue el grito generalizado.

-Muy bien, Brontes, apelar a la testosterona -musitó Atenea dando un ligero trago a su bebida -. Tú sí que sabes hacer llamamientos a la guerra.

-Algo tendré que hacer, Palas, la mayoría de los de aquí son muy machos, además, no son los únicos a los que les ha hecho efecto -le dijo el cíclope. A su lado estaba N'Kari dando gritos de guerra mientras se rociaba con cerveza por todo el cuerpo.

-Sin duda seremos el ejército más preparado, poderoso, borracho, pendenciero y proclive a dejar hijos por todas partes. Más les vale prepararse a quienes sean que atacarán Arkham.

Brontes sonrió complacido. El ejército divino ya estaba preparado.

Última hora de la tarde. Sala de reuniones de La Llave y La Puerta.

-Los dioses nos acompañarán. Hay todo un grupo de griegos, egipcios, indúes, africanos y sudamericanos, sin contar con los habituales de Alfa Strike -dijo Brontes mientras le daba un bocado a un donut glaseado.

-Entre ellos hay muchos viva la virgen, pero también cuentan con verdaderos estrategas y expertos en guerras -añadió Welcome-. Creo que por su parte estaremos bien preparados.

-Mi investigación por el plano astral me ha puesto un poco nerviosa -dijo Anna-. Hay mucho movimiento entre entidades gaesosas y entes espirituales. Muchos han abandonado las zonas cercanas de la ciudad, y otros dicen que van a tomar unas vacaciones en otras dimensiones. Definitivamente, va a pasar algo importante por aquí.

-Mi reunión con los altos mandos de los morlocks ha salido muy bien. Contaremos con armamento pesado y vehículos, además de infantería.

-Yo he conseguido unas camisetas de la Miskatonic y unos bolígrafos con el logo de la universidad -dijo Seabury.

Todos se le quedaron mirando.

-¡¿Qué?! ¿Esperabais que habría un ejército de profesores ninja o algo así? Lo más parecido a una ayuda activa que podemos sacar de la Miskatonic son... esto... La Fundación Wilmarth.

-Bueno, no creo que estemos tan desesperados como para necesitar su ayuda -dijo Harvey-. Welcome ¿cómo te ha ido con las welclones?

-Perfecto, están listas para hacer frente a lo que sea -dijo la joven apoyando los pies sobre la mesa cómodamente.

-Bueno. Se podría decir que estamos preparados -dijo Anna con expresión preocupada-. Sólo nos queda esperar a que llegue el momento de la defensa de Arkham. Otra cosa no, pero plantaremos batalla con lo mejor de lo que tenemos.

La reunión se dio por concluida. Las sombras caían sobre la ciudad. Y en algún lugar, un dios exterior reía ante lo que se avecinaba. Pensaban que estaban preparados. ¡Qué ingenuos!

sábado, 13 de abril de 2019

End Time (parte 1): Comienza el Fin del Tiempo


Tras unas arduas semanas por parte de Brontes, todo podía darse por cerrado. Finalmente, tras superar doce absurdas, extrañas, sobrenaturales e imposibles, que solo un dios podía lograr llevar a buen término, podía presentarse de nuevo ante la Junta que administraba la Universidad Miskatonic para validar su título de dios y seguir siendo profesor emérito de ingeniería dimensional. Junto a él, Harvey Z. Pickman, que se había ocupado de juzgar las acciones de Brontes y comprobar que se ceñían al cometido que se le exigía y que superaba las pruebas haciendo gala de capacidades que fueran propias de un dios. También se encontraba allí Daisy Springwood, la mujer que había iniciado toda aquella situación y que, tras observar a Brontes en acción, había descubierto que existían muchas más cosas de las que ella creía y que no había podido comprobar hasta el momento. Y es que, como peon de la causalidad narrativa, Daisy nunca había sido testigo de nada extraño, sobrenatural, polidimensional o paranormal en Arkham. Lo cual era bastante inusual, prácticamente como meterse en un convento de monjas y no ver a ninguna. Y es que, por algún motivo desconocido y narrativo, la ciudad era un enclave perfecto para todas estas cosas y los habitantes de la misma ya se habían acostumbrado. A fin de cuentas, cuándo encuentras un campamento protesta de profundos junto a la playa, los estudiantes de la universidad acaban invocando demonios y criaturas sobrenaturales para aprobar los exámenes o simplemente porque están borrachos o entran unos reptilianos nazis en el supermercado a hacer la compra para su base en los túneles subterráneos, hay pocas cosas que puedan resultar desconcertantes.

Una consecuencia de las 12 pruebas de Brontes había sido, obviamente, el hacer que Daisy Springwood se enfrentara de una vez a la peculiar situación de Arkham, lo que había supuesto una fuerte impresión para ella. Racionalista, escéptica, activista contra las supersticiones, teorías de la conspiración y demás absurdos pseudocientíficos, se enfrentó a algo que no creía posible pero que era real: la existencia de dioses, seres sobrenaturales y extradimensionales y sucesos extraños. Pero, a fin de cuentas, todo aquello no dejaba de ser una parte más del universo conocido (o no tanto, y es que el universo no deja de ser inmenso a unas escalas cósmicas que lo hacen inabarcable para la comprensión humana). Claro esta que toda esta fenomenología y variedad de formas de vida poco usuales podían resultar altamente extraños. Un magufo como Robert Pickman habría usado el clásico mantra “la ciencia no lo sabe todo”. Pero es que no se pretende que la ciencia lo sepa todo. De hecho la ciencia se basa en la duda, en adentrarse en lo desconocido para comprenderlo y conocerlo, explicarlo y así aumentar el conocimiento. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, Juan 8:32. Tal es el propósito de la búsqueda del conocimiento, pues no hay una verdad absoluta y definitiva que se alce inmutable. Y es que la ciencia libera de la opresión de la ignorancia y la complacencia, de la superstición y las cadenas de la mente. Porque no se basa en creencias, en afirmar que algo es cierto porque así lo opina una gran mayoría. Se basa en evidencias, en demostraciones empíricas y comprobables. Toda gran afirmación conlleva una gran verificación.

Así pues, aunque Daisy Springwood no esperaba encontrar semejante desafío a su forma de entender el mundo, no dudó en, poco a poco, aplicar el escepticismo y la ciencia para, en compañía de Harvey y Anna Pickman, comprender mejor todo aquello que le había sido revelado. ¿Los dioses existen? Sí, pero de forma bastante alejada de la concepción religiosa convencional. ¿Y la magia? Obviamente, le había sido demostrado que así era. Pero poco tenía que ver con conceptos más propios de la fantasía. Y es que lo que Daisy había descubierto como magia no era más que una ciencia sumamente avanzada que podía formularse mediante conceptos y teorías sumamente extrañas para el conocimiento humano, pero que se demostraba que funcionaban. A fin de cuentas, esa magia no era más que otra forma de ciencia. Al igual que los dioses y criaturas sobrenaturales, con todas sus peculiaridades, no dejaban de ser entidades que se regían por unas determinadas leyes naturales que podían ser comprobadas, medidas y verificadas.

Por ello, una semana después de que Brontes diera por finalizadas las pruebas y de que Daisy hubiera sido iniciada en todas aquellas situaciones, conocimientos y experiencias, por fin se hallaban ante la Junta. Los miembros de la misma habían estudiado concienzudamente los informes presentados por Harvey y Daisy, y estaban dispuestos a emitir un veredicto. El portavoz de la misma lo expresó claramente:

-Tras estudiar la documentación presentada, no tenemos otro veredicto que afirmar que, ciertamente, Brontes Hêphaistos es un dios y que puede seguir formando parte del claustro de profesores de esta institución educativa, con todos los derechos y responsabilidades que ello implica.

Ni que decir tiene que Brontes por fin pudo respirar tranquilo. Tras varias semanas de someterse a todo tipo de pruebas absurdas y extrañas, por fin volvía a recuperar la tranquilidad de saber que su puesto de trabajo estaba asegurado y que no se iba a volver a cuestionar su naturaleza. Sin embargo, había algo que le tenía molesto y que no acababa de entender. Y es que, como ya se ha comentado, los fenómenos extraños e inusuales no son raros en Arkham, pero durante los últimos meses se habían ido incrementando, haciendo que cada vez fueran más numerosos. Era como si alguien estuviera tratando de sembrar el caos en la ciudad de forma progresiva, como si estuvieran preparando algo y todo esto no fuera más que una cuenta atrás que conduciría a un evento final donde todo se desataría. El griego había estado reflexionando sobre ello durante las últimas semanas cuando había tenido tiempo y, ahora que por fin había acabado todo, mientras se dirigía con Harvey y Daisy al EldritchBurguer a comer algo y celebrar el veredicto de la Junta, volvía a su cabeza este asunto. En otras circunstancias habría pensado que la culpable era Tiamat. A fin de cuentas, era una diosa del caos muy poderosa, pero no encajaba con su forma de actuar. Ésta era más aleatoria, impredecible. Además, llevaba unas semanas fuera de Arkham y no era de carácter manipulador, más bien se movía según los impulsos del momento.

Fue al llegar al restaurante cuando se encontraron con alguien que ayudó a aclarar las cosas. Junto a Shubbi, el retoño oscuro de Shub-Niggurath que ejercía de árbol decorativo y guardia de seguridad del EldritchBurguer, aguardaba una persona a la que tanto Harvey y Brontes conocían y no tenían ganas de volver a encontrarse: Se trataba de El que Comenta en la Oscuridad, un avatar de Nyarlathotep que manipulaba y enloquecía mediante el uso de apuestas, juegos de azar y transmitiendo y comentando todo tipo de eventos deportivos y espectáculos. Aquello parecía ser la respuesta a muchas preguntas. Particularmente cuando la entidad empezó a actuar como un villano de opereta contando sus malvados planes:

-¡Os felicito! Habéis sido un excelente prólogo a lo que está por venir. Durante los últimos meses lo he estado preparando todo en secreto y estas semanas finales han sido las más delicadas. Por ello, el hacer que Brontes se ocupara de todas esas molestias menores ha servido como una excelente pantalla de humo. Es cierto que, durante el transcurso de las pruebas, habéis estropeado alguno de mis planes secundarios. Pero no pasa nada, pues estaba todo previsto. Pero ha llegado el momento. ¡Por fin todos mis actos alcanzaran su clímax final y Arkham será el lugar donde se desate el caos que arrasará este planeta y hará resurgir a los Primigenios que aguardan en sus cárceles y se iniciará un nuevo periodo de dominio absoluto sobre este insulso planeta!

Harvey y Brontes se miraron. Nyarlathotep parecía menos estable de lo habitual, como si estuviera sobreactuando, pero con él nunca se podía estar seguro. Probablemente todo ese efectismo barato para contarles los planes sólo era parte de otro de sus planes. Pero no podían saberlo con certeza. Así pues, dejaron que siguiera hablando.

-¡Ha llegado el Fin del Tiempo! La humanidad gobierna donde antes Ellos gobernaron, y lo volverán a hacer y el lugar donde se desatará el Apocalipsis será éste: ¡Arkham!. Así pues preparaos para lo que está por venir, pues no podréis detenerme.

Antes de que pudieran reaccionar, Nyarlathotep cambió de forma, convirtiéndose en una inmensa masa de tentáculos y bocas aullantes de una negrura absoluta, un coloso descomunal y monstruoso que desapareció en un portal que él mismo abrió. Tras cruzarlo, se cerró. Sorprendidos, no podían hacer otra cosa que aguardar a que todo se desencadenara de una forma u otra y, mientras tanto, tendrían que prepararse. Si lo que estaba por venir era tan apocalíptico como auguraba Nyarlatahotep, tendrían que reunir algo más que un equipo. Todos los actores y fuerzas de Arkham tendrían que intervenir.

sábado, 6 de abril de 2019

Los 12 desafíos de Brontes: ¡Enter the villain!

 Camino a End Time (parte 6) #Bronteschallenge

Amanecía un nuevo día en Arkham y los más madrugadores ya estaban por las calles. Entre los más madrugadores, cómo no, estaban los repartidores del pan, que iban con sus furgonetas hacia las panaderías, sin saber que estaban siendo observados por ojos malignos. Ojos cuyo dueño tenía un plan, un maléfico plan. Un plan digno de risa villanesca.

 Un par de horas más tarde, Brontes bajaba a la cafetería de la residencia estudiantil La Llave y La Puerta y se pedía el desayuno, encontrándose con algo inesperado. Parecía haber una pequeña cantidad de gente quejándose airadamente ante los camareros. No sabía cual podía ser el problema, pero él estaba más interesado en sus cosas, por lo que se fue a su mesa habitual y se sentó para echar un vistazo al ElderGodBook. Apenas pudo disfrutar de su sesión de cotilleo matinal en la red social de los dioses, porque unos instantes después, entraron en la cafetería las dos personas que menos ganas tenía de ver a esas horas: Harvey Z. Pickman y Daisy Springwood. Si iban juntos es que tenían alguna prueba para que él la realizara.

-Ni siquiera he desayunado, no podéis venir ya con un desafío de esos -se quejó el cíclope.

-Lo siento Brontes -dijo Harvey-, pero ya sabes que este asunto lo lleva la Universidad Miskatonic. Si ellos llaman, nosotros venimos.

-¿Y esa gente no desayuna? 

El camarero se acercó a la mesa de Brontes y dejó allí su desayuno.

-Podemos esperar a que termines, pero hay mucha  gente enfadada- dijo Harvey mientras se sentaba frente al cíclope.

-¿Y por qué está enfadada esa gente, a ver?

Daisy Springwood se sentó también en la mesa.

-Por algo que no sé qué tendrá que ver con demostrar que eres un dios. Resulta que ninguno de los repartidores de pan ha llegado esta mañana a su destino. Todos han desaparecido y los dueños de las panaderías que no tienen su propio horno, así como otros trabajadores de la hostelería, están que se suben por las paredes.

-Estoy de acuerdo con la dama ¿qué tengo que ver yo y mi condición de deidad con que los repartidores de pan no hayan hecho su trabajo -preguntó Brontes.

-Pues que estamos en Arkham, y sabes que si ha sucedido algo así, es porque hay algo extraño detrás, algo que podrá necesitar de tus habilidades sobrenaturales -respondió Harvey.

-¿Pero no veis que no puede tener habilidades sobrenaturales? No hay nada por encima de lo natural, si algo sucede y se puede cuantificar científicamente, no es sobrenatural -les interrumpió Daisy.

-Estoy hoy sorprendentemente muy de acuerdo con la dama, como amante de la ciencia y colaborador de la universidad, no me gusta que los mortales utilicéis esa palabra para referiros a los poderes y habilidades que tenemos los dioses. Nosotros somos tan naturales como la gravedad, lo que pasa es que no podéis entender cómo realizamos nuestras acciones, que parecen escapar del entendimiento -explicó Brontes mientras se acababa el desayuno.

-¿Has soltado todo ese rollo para poder terminarte el desayuno? -dijo Harvey torciendo el gesto.

-Oh, eso nunca lo sabrás... ¡la cuenta, por favor!

Una vez estuvieron fuera de la residencia, Brontes miró a la pareja.

-Bien. En serio, no sé qué esperáis que haga para encontrar a los repartidores. Igual todos se han colado por la esquina no euclidiana, no sé por qué el ayuntamiento aún no se ha encargado de ese problema.

Harvey miró fijamente a Brontes y éste resopló resignado. Ahora que lo pensaba, sí que había una manera de saber dónde habían ido a parar los repartidores del pan. No tenía nada que ver con su condición de dios, pues era un hechizo que había aprendido de Anna Pickman, pero bueno, eso Daisy no lo sabía, así que podía servir igualmente.  Brontes realizó los gestos manuales y susurró las palabras del hechizo para encontrar cosas perdidas, que más de una vez había utilizado como sustituto de Google Maps para orientarse. Tras realizar el hechizo, en etéreo haz luminoso que señalaba el camino salió de su cuerpo.

-Ale, sólo tenemos que seguir este hilo luminoso y llegaremos al lugar donde están nuestros repartidores de pan desaparecidos -dijo el cíclope.

-¿Cómo...? ¿Cómo has hecho eso? ¡El haz luminoso sale de ti, pero no llevas ningún aparato! -exclamó sorprendida Daisy.

-Poderes divinos -respondió Brontes con una sonrisa-. Seguidme.

El cíclope fue dirigiendo al grupo, siguiendo al haz mágico que lo llevaba por las calles de Arkham. El hechizo era muy cívico, pues se cortaba cuando había un semáforo en rojo en su camino. Esto hizo pensar a Brontes que, aunque había aprendido el hechizo de Anna Pickman, posiblemente el origen de este venía de una deidad reptiliana. El haz luminoso finalmente los llevó a una calle céntrica, a un local determinado, uno que, antiguamente, había sido una de las guaridas de los laboratorios de ciencia loca de Vinnie West.

-¿Vinnie West secuestraría a repartidores de pan? Eso es harto extraño. Lo suyo es que diera vida a las barras de pan y nos las tuviéramos que ver con una invasión de panes vivientes -dijo el cíclope deteniéndose delante de la persiana cerrada del local.

-No, no encaja con su proceder habitual -secundó Harvey.

-Luego aquí estamos enfrentándonos a otra persona ¿un antiguo colaborador de Vinnie? Sólo se me ocurre un nombre...

Brontes se acercó al local cerrado y tocó un timbre que había junto a la persiana.

-¿No sería mejor hacer uso del factor sorpresa? -le preguntó Harvey desconcertado.

La sorpresa la tuvo él cuando la persiana se alzó de un fuerte tirón y la puerta del local se abrió para darles paso a su interior.

-¿Qué es toda esta teatralidad? ¿Tenemos que entrar? -preguntó Daisy.

-Si quiere conocer a uno de los villanos oficiales de la ciudad en la que vive, señorita Springwood, sí, será mejor que entre-le dijo Brontes.

-¿Villanos oficiales? ¿Desde cuando vivimos en un cómic de superhéroes?

-Bueno, usted conoce a la superheroína oficial de Arkham...

Brontes entró al local y la curiosidad hizo que Daisy le siguiera. El interior parecía el decorado de una película de James Bond, concretamente la guarida del villano de turno, y sentado en una silla giratoria se encontraba el que sería el villano de turno.

-Marty Eye Gore ¡qué sorpresa que estés detrás de la desaparición de los repartidores de pan! -dijo Brontes con evidente sarcasmo.

-¡En efecto, yo! -exclamó el villano-. ¿A quién si no se le ocurriría una manera tan sencilla de provocar el caos en Arkham? Dejando las panaderías sin género, la gente enloquecerá, asaltará a los panaderos que tienen horno, se darán de palos por una barra recién hecha y calentita. Tal maldad no podía ser obra de otro.

-Esto tiene que ser una broma -dijo Daisy-. Voy a llamar inmediatamente a la policía...

-¿La policía? ¡¡¡Bwa ha ha ha ha ha ha!!! ¡La policía no puede hacer nada contra mi! ¡Y vosotros tampoco!

Eye Gore presionó un botón de su silla giratoria y de ella comenzaron a salir extraños artilugios mecánicos que la fueron cambiando de forma, mientras se elevaba e iba rodeando al villano de lo que en principio parecía una armadura, pero una vez terminada la transformación resultó ser otra cosa. Con partes de la silla, de aparatos que parecían ordenadores de atrezzo de película de espías, y otras cosas que habían salido de debajo de la silla giratoria, Eye Gore había construido un robot con el villano en la cabeza como piloto.

-Juraría que esto ya lo he visto -musitó Brontes.

El robot extendió un brazo y de la muñeca salió un pequeño misil el dirección del cíclope, que esquivó el ataque en el último momento.

-Señorita Springwood, yo de usted saldría de aquí, esto se está volviendo peligroso -dijo Brontes.

La explosión del misil había dejado claro que aquello no eran efectos especiales, así que Diasy se escondió detrás de uno de los ordenadores de ciencia ficción retro. Desde allí podría ver el combate sin salir herida.

-Marty, sabes que ni siquiera me hace falta convocar un rayo para destrozar el mazinger de segunda que estás pilotando -dijo Brontes acercándose al robot-. Yo de ti me rendiría antes de que te hagas daño.

-¡¿Te crees que soy tonto?!- exclamó el villano-. Vas a comprobar el poder de mi robot.

Las manos de la máquina se bajaron dejando a la vista los cañones de dos armas, de las que salieron sendas lenguas de fuego que cayeron sobre Brontes. El cíclope siguió avanzando en dirección a Eye Gore aunque el fuego abrasador ardía sobre él, dejándole en paños menores. Cuando el ataque ígneo terminó, Brontes quedó sólo vestido con unos ceñidos calzoncillos de vivos colores producto del mal gusto a la hora de vestir habitual entre los dioses.

-Bien, ya me has dejado desnudo ¿estás contento?

Claramente Eye Gore no se había quedado contento, por lo que lanzó un poderoso golpe con el puño hacia el cíclope. Brontes detuvo el ataque agarrando el puño del robot. Eye Gore intentó soltarse de la presa, pero la fuerza del dios de las tormentas era mucho mayor.

-¡¡¡AAAAAAAAAAAH!!! -exclamó Eye Gore mientras Brontes alzaba al robot en el aire y este pataleaba patéticamente.

Brontes no tenía ningunas ganas de alargar la desdicha del villano, así que, haciendo honor a un conocido héroe de los cómics en su actuación en una famosa película, lanzó al robot de un lado a otro dándole golpes en el suelo. Los golpes eran tan potentes que el robot se rompió en mil pedazos, con lo que Brontes se quedó con el brazo mecánico colgando y Eye Gore atrapado en la cabeza/cabina. El cíclope se acercó a lo que quedaba del robot y sacó de un tirón a Eye Gore.

-Tienes suerte de que ya estamos en primavera y no me importe tanto ir en calzoncillos -le dijo Brontes.

Harvey entró tranquilamente al local una vez el enfrentamiento hubo acabado y se puso junto a Daisy Springwood.

-Pues esto es un día normal en Arkham para nosotros -comentó como si nada.

- El lanzallamas no le ha hecho ningún daño -musitaba Daisy.

-Sí, y tiene la complexión física de un astartes de Warhammer, así es nuestro Brontes.

El cíclope acercó a su cara a un aterrorizado Eye Gore.

-Ahora nos vas a decir dónde has metido a los repartidores de pan.

-Están capturados en una dimensión de bolsillo. Puedo darte acceso a ella si me dejas ir al ordenador...

-Más te vale no intentar nada extraño o te suelto un sopapo.

Marty Eye Gore se acercó a uno de los ordenadores de película de sci-fi anticuada y tocó una serie de botones. Esto hizo que se abriera un portal en mitad de la habitación.

-Bien, voy allí dentro a por los panaderos, si no salgo en mucho rato, avisad a Alfa Strike -dijo Brontes, tras lo que dio un salto y atravesó el portal.

-¡Esto ya es demasiado! ¡Eso no puede ser un portal a otra dimensión! -exclamó Daisy.

-Si no te lo crees, sólo tienes que asomarte, pero no lo recomendaría, igual alguien te da un bocado -dijo Harvey con una sonrisa maléfica.

-¿Y veis todo esto normal? ¿Robots? ¿Portales a otras dimensiones? ¿Personas a las que arrojas fuego y no sale herida?

-En serio ¿tú no sabes en qué ciudad vives? Ayer mismo hubo una visita al ayuntamiento de una delegación de la dimensión Z, gente muy maja.

Mientras hablaban, Marty Eye Gore intentó escabullirse, pero Harvey se dio cuenta a tiempo y le lanzó un hechizo que le dejó paralizado.

-¿A dónde te crees que ibas tú?

-Espera... ¡¿Tú también tienes poderes?! -exclamó Daisy.

-No, ha sido un hechizo sencillo, de los que lanzas sin apenas pensar en ello...

-Pero si la magia no existe...

Antes de que Harvey pudiera responder con la evidencia que Daisy tenía delante de sus narices, del portal salió Brontes trayendo sobre sus brazos una docena de pequeñas furgonetas de reparto de pan. En el interior de las furgonetas, los repartidores miraban sobresaltados cómo eran devueltos a casa.

-Bufff no sabéis lo que me he encontrado al otro lado. Había un gas inteligente aficionado a la música sacra que me ha estado haciendo un recital de canto gregoriano que ha durado unas cuatro horas. La verdad es que lo hacía bien, pero me ha hecho perder mucho tiempo. Después  me he cruzado con unos hombres sardina que han intentado comerme, pero ha sido tan lamentable que me los he quitado de encima y los he tirado a un mar que flotaba en el aire. Más problemáticos han sido los tiburones boxeadores, pero los he dejado K.O. y he quedado finalista en el campeonato de boxeo interdimensional, aunque al final me ha ganado una ecuación viviente a la que no he podido tumbar de ninguna manera. Me ha ganado por puntos, pero aún así... Bueno, la cuestión es que al final me he encontrado a los repartidores. Estaban rodeados por una banda de moteros dimensionales, pero he podido razonar con ellos y me han dejado llevármelos de vuelta a casa. Y aquí están.

-Bueno, pues se puede decir que has completado otro de tus desafíos -comentó Harvey sonriendo.

-¿Cómo que uno? He usado el hechizo de rastreo para encontrar la guarida de Eye Gore, me he enfrentado a un robot gigante y después he tenido que meterme en una dimensión de bolsillo donde he tenido una serie de estrafalarias aventuras ¡Eso cuenta como tres!

-¿Tres desafíos? -dijo Harvey torciendo el gesto-. Aaaaunque pensándolo bien... pues sí... tienes  razón, pueden ser tres.

-¡¡¡Yujuuuuuu!!! -exclamó Brontes dando un salto como una colegiala-. Eso quiere decir que ya no tengo que hacer más trabajos para demostrar que soy un dios ¡Libertad!

-Aaaaaalto -le interrumpió Harvey-. Antes de que cantes victoria, tenemos que ir ante el tribunal de la universidad para que ratifiquen que eres un dios ¿no es así, Daisy?

-Eh... sí... eso es, sí -dijo Daisy, que aún estaba digiriendo todo lo ocurrido.

-¡Pues vamos ya!-exclamó Brontes.

-No, hoy están muy ocupados. Tendrá que ser mañana.

-Vaaaa, eres un aguafiestas...

Brontes cogió al todavía paralizado Eye Gore y se lo echó al hombro. El grupo salió de la guarida del villano y se dirigieron de nuevo a la residencia estudiantil. Mientras tanto, los repartidores de pan volvían a su trabajo para devolver el orden establecido a la ciudad. El día siguiente sería el señalado como el que Brontes demostró que había pasado las 12 pruebas y era un dios en todo derecho.

sábado, 30 de marzo de 2019

Los 12 desafíos de Brontes: ¡Invasión!


Camino a End Time (parte 5) #Bronteschallenge

Era una mañana convencional en Arkham. Los estudiantes acudían a las clases, los ciudadanos iban a trabajar y todo se desarrollaba con aparente normalidad. Los profundos del campamento protesta contra la contaminación oceánica se dedicaban a sus quehaceres anfibios habituales, algunos incluso hacían apuestas sobre si un pequeño grupo de sectarios lograría atrapar al cerdo cornudo que habían sacado de las Tierras del Sueño o a saber de donde. Y en ese distendido ambiente de cotidianidad, Brontes aprovechaba para ponerse al día con unas lecturas sobre ingeniería de materia exótica en la biblioteca universitaria. Llevaba unos días sin que nadie le reclamara su participación en alguno de los absurdos y extraños desafíos a los que le estaban sometiendo por culpa de Daisy Springwood, y eso le provocaba reacciones ambivalentes. Por un lado se alegraba, ya que tenía tiempo para sus tareas pendientes, pero por otro lado le resultaba extraño, ya que Arkham no escaseaba precisamente en fenómenos inusuales y polidimensionales.

Pero la ciudad no iba a decepcionarle. Así pues, mientras estaba enfrascado en su lectura, llegaron Harvey Pickman y Daisy Springwood para asignarle un nuevo desafío. Debido a que estaban en la biblioteca, tras los saludos de rigor, en voz baja, salieron del edificio para disgusto del griego, que no le apetecía dejar la lectura a medias. Una vez fuera, Harvey le explicó lo que sucedía:

-Esta vez son los RNLO, que vuelven a las andadas. Llevaban un tiempo tranquilos, y han aprovechado que los morlocks están en un congreso sobre socialismo interdimensional.

-¿Y que quieren hacer ahora? ¿Otro estúpida invasión disfrazados de manera que la gente piense que es un desfile festivo? -preguntó Brontes

-Algo así. Han reunido un grupo de minitanques, un robot gigante y un hombre serpiente degenerado para lanzar un ataque tipo blitzkrieg sobre la ciudad. En lugar de una invasión masiva quieren hacerlo de forma más “sutil” y conquistar el Ayuntamiento. Normalmente le pediría a Welcome que se ocupe, pero ya que estamos con tus pruebas, pues sería una buena forma de sumar otra más al total.

Daisy no estaba muy satisfecha con el asunto. Ella era de la opinión de que no eran reptilianos, que debían ser algún tipo de milicianos exaltados disfrazados o algo así. Y que no podían tener robots gigantes, que sería alguna maqueta. Los reptilianos eran un invento absurdo de un conspiranoico y que servían como comodín para cualquier cosa que se quisiera utilizar. Pero Harvey trataba de explicarle como era la situación:

-Los reptilianos de las teorías de la conspiración que dominan el mundo y se esconden con hologramas absurdos que todo conspiranoico logra detectar no existen. Eso es un absurdo, una fantasía que sólo tiene sentido en la mente de la gente que cree en esas cosas. Sólo se necesita un poco de sentido crítico para darse cuenta de ello. Pero los RNLO, los Reptilianos Nazis del Lado Oscuro si que existen y no tienen nada que ver con las teorías de la conspiración. Sí, son reptilianos, pero vienen de un mundo paralelo donde ellos son la especie dominante y el nazismo ha triunfado. Están empapados de todos los tópicos ocultistas y conspiranoicos relacionados con los nazis y tienen una tecnología bastante avanzada en algunos aspectos. Pero, afortunadamente, no suelen ser demasiado peligrosos y sus mandos, generalmente, tiene bastante sentido común. Por suerte, esto hace que resulten bastante inofensivos, aunque sus planes suelen ser bastante absurdos y, por alguna razón, inspirados a veces en las teorías de la conspiración sobre reptilianos.

-Insisto en que esto no puede ser, por mucho que intente convencerme.

Harvey se encogió de hombros y la dejó indignarse un rato mientras iban a coger un vehículo para acercarse al campamento RNLO. Cuando finalmente llegaron, se encontraron una escuadra de los clásicos minitanques reptilianos junto con un pelotón de infantería que acababa de llegar para actuar de refuerzo, un robot gigante reptiliano Mk II, un führer hombre serpiente degenerado y, como se habían situado junto al río, una escuadra de tropas anfibias (fácilmente reconocibles por llevar trajes de buzo de los años 30 y lanzaarpones) y una manada de sharkjellyfishes. Estos últimos eran unas criaturas mutantes, con la parte anterior del cuerpo de escualo y la posterior de medusa, de un metro de longitud y equipados con exoesqueletos mecánicos cuadrúpedos para poder moverse por tierra y así lanzar ataques anfibios. El resultado era bastante peculiar visualmente. Por suerte no habían traído unidades acorazadas Ritter, las tropas con exoesqueletos blindados.

Brontes se adelantó para hablar con los RNLO. La verdad es que no tenía muchas ganas de pelear, por lo que probó primero con la diplomacia. A fin de cuentas, aunque fueran invasores lacerto nazis tenían algunos oficiales con la cabeza bien asentada.

Tal y como era de esperar, el pequeño ejército estaba comandado por el führer hombre serpiente degenerado. Se trataba de una serpiente corpulenta, de cuatro metros de longitud con dos pares de pequeñas patitas de cuatro dedos, un bigotillo y un ridículo flequillo sobre sus ojos que le hacían parecer una parodia serpentina de Hitler. Obviamente, sólo hablaba alemán con acepto reptiliano. Afortunadamente Brontes conocía muchos idiomas y podía entenderse con el líder ofidio.

Después de una breve pero intensa conversación, el cíclope, furioso, se dio la vuelta y regresó con Harvey y Daisy.

-¿Qué sucede? -preguntó Harvey.

-Increíble… como sucedía con los altos jerarcas nazis, los RNLO suelen ser bastante supersticiosos y creen en el ocultismo y demás tonterías en lugar de hacer las cosas bien y estudiar lo sobrenatural como corresponde. Pues bien, su líder afirma totalmente convencido de que Yig se les ha aparecido y ha dicho que con ese reducido ejército podrán conquistar Arkham si lanzan un ataque relámpago sobre el Ayuntamiento y que será el comienzo de su Reich de un millar de años en este mundo.

-¿Y quien ese tal Yig? -preguntó Daisy entre mosqueada y curiosa.

-El Padre de las Serpientes, un dios de las serpientes en particular y de los reptiles en general -respondió Brontes.

-Otra estúpida superstición…

-Que va, es un tipo bastante majo, aunque puede ser algo quisquilloso con el tema de sus serpientes sagradas y sus lugares de culto. Pero es raro encontrar un dios que no lo sea.

-¿Vamos a seguir diciendo tonterías o se va a solucionar este asunto? -dijo Daisy ya más molesta que curiosa.

Brontes y Harvey compartieron una mirada y éste último le indicó que se desentendía, a fin de cuentas era uno de los trabajos de Brontes. Así pues, el griego se acercó de nuevo a parlamentar con los reptilianos en un fútil intento de hacerles cambiar de opinión. Tal y como esperaba, fue en vano, ya que estaban convencidos de estar cumpliendo un mandato de su dios. Por ello, el cíclope volvió atrás y sacó su teléfono movil. Era un teléfono peculiar, no uno que pudieras encontrar en ninguna tienda, o, al menos en ninguna tienda convencional. Y es que se trataba de uno de esos equipos que utilizaban los dioses, primigenios y otras entidades sobrenaturales. Tenía capacidades que no entraban dentro de lo habitual en el mercado de la tecnología. Y una de esas capacidades era poder realizar llamadas telefónicas entre planos de la realidad.

Tras una breve conversación telefónica, Brontes, que estaba un poco harto de las tonterías de los RNLO, se acercó de nuevo a aquel expectante grupo militar y les lanzó un ultimatum en aleman reptiliano:

-A ver, he hablado con Yig. No sabe nada de vosotros, no ha estado por Arkham desde hace tiempo ni tiene especial interés en que conquistéis la ciudad. De hecho, viene para aquí a comprobar en persona lo que está pasando. Dispersaos y regresad a vuestra base y aquí no ha pasado nada.

El führer hombre serpiente degenerado, al escuchar sus palabras, montó en cólera y ordenó a sus tropas atacar al cíclope. Brontes no se lo pensó demasiado, y, al ver como se disponían a combatir contra él hizo crujir sus nudillos y se preparó. Fue un combate bastante peculiar, intenso, aunque no demasiado duradero y bastante unidireccional. Es decir, por muy bien equipados que estuvieran los reptilianos, se enfrentaban a un dios. Y un dios que no tenía porqué aguantar tonterías. Durante la guerra de Dunwich, el equipo completo de Alfa Strike arrasó con un ejército combinado de reptilianos y tropas de Omicron Scorpions mucho más numeroso. Contaron con el apoyo de los morlocks comunistas, cierto, ya que estos querían su parte a la hora de darle una paliza a los RNLO. Pero hay que tener en cuenta que en aquel momento los dioses no tuvieron demasiados problemas y eso que los comandos de Omicron estaban preparados para enfrentarse a todo tipo de entidades sobrenaturales. Ahora, un grupo pequeño de reptilianos le quería plantar cara a un dios del trueno que no tenía porque contenerse demasiado y que sabía dirigir bien su poder.

Lo primero que hizo Brontes fue lanzar una serie de relámpagos contra las tropas de infantería y los minitanques para sembrar un poco de caos. Tras aquella primera descarga, se lanzó al combate cuerpo a cuerpo. No había llevado sus martillos, ni se había puesto su armadura, pero no lo necesitaba. Con un cañón de un minitanque improvisó una porra. No necesitaba más.

Los vehículos acorazados eran destruidos y destrozados como si estuvieran hechos de una fina lámina en lugar de gruesos blindajes, las tropas reptilianas salían volando por los fuertes golpes propinados por el griego y los relámpagos salían en todas direcciones, lo que provocó que los sharkjellyfishes optaran por la discreción y se metieran en el río para volver a la base. Las tropas anfibias no tuvieron tanta suerte, ya que también fueron brutalmente vapuleadas por Brontes. Finalmente, tras una combinación de puñetazos, patadas, llaves de lucha grecorromana y relámpagos, todo el contigente reptiliano, salvo el robot gigante, había sido apaleado hasta la inconsciencia. Brontes, con las ropas desgarradas y bastante satisfecho por el ejercicio, se encaminó hacia el robot gigante, que todavía no había entrado en acción.

Ni que decir tiene que el combate fue igualmente breve y brutal. El griego no tuvo contemplaciones y fue directo al grano, castigando duramente al enorme constructo robótico con sus relámpagos y puños hasta que acabó por caer.

Con el problema solucionado, el cíclope le indicó a Daisy que se acercara a examinar a los caídos, para que así pudiera comprobar que no eran efectos especiales, maquillaje ni disfraces, que era todo real como la vida misma. La científica, para su asombro, pudo comprobar que el griego decía la verdad. Era increíble, inconcebible, pero ante ella tenía a unos apalizados reptilianos nazis con una tecnología que, en algunos aspectos, era más avanzada.

Pero la gota que colmó el vaso llegó poco después, cuando, viajando gracias a Byakhee Express, hizo su llegada Yig. El Padre de las Serpientes era un hombre serpiente corpulento y fuerte, vestido con un sobrio y elegante traje oscuro y un tocado de plumas de estilo azteca. El recién llegado le fue presentado debidamente a Daisy Springwood, que se sorprendió por los buenos modales del dios. Pero es que todos los dioses y entidades sobrenaturales reptilianos solían ser muy corteses y hacían gala de una gran urbanidad. Claro, la científica se quedó muy sorprendida ya que poco a poco iba descubriendo una serie de hechos que escapaban a su concepción del mundo y tenía que admitir que algunas de las cosas que ella creía sandeces y supersticiones si que existían realmente.

Más tarde, ya de vuelta en la universidad, Brontes y Yig hablaron sobre lo sucedido y llegaron a la conclusión de que alguien había suplantado al Padre de las Serpientes para provocar el caos en la ciudad con el ataque reptiliano. Pensaron en Loki, pero el nórdico no tenía ningún interés particular en alterar la paz de Arkham. Fue entonces cuando, atando cabos, se dieron cuenta de que el candidato más probable sólo podía ser Nyarlathotep. ¿Qué estaría preparando el Caos Reptante en la ciudad? Porque no era la primera vez que veían su mano moviendo los hilos y, probablemente, había estado detrás de más sucesos. De momento sólo podían estar a la espera y prepararse para futuros acontecimientos.

sábado, 23 de marzo de 2019

Los 12 desafíos de Brontes: Blanca primavera

Camino a End Time (parte 4) #Bronteschallenge


Brontes había llegado a la mitad de su odisea para demostrar que era un dios de pleno derecho ante Daisy Springwood y ante cualquiera que dudara de sus capacidades. Para otros, habría bastado verle vestido cualquier día con unas pintas estrafalarias, acorde con los dudosos gustos de las deidades que pululan por Arkham, pero hay gente que es más exigente a la hora de demostraciones de poder divino. Al menos ya quedaba menos y pronto podría dejar esa tontería y seguir con su día a día, y no estar esperando un nuevo desafío. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Matar a la hidra de Lerna? ¿Robar las yeguas de Diomedes?

La puerta de entrada de la residencia La Llave y La Puerta se abrió y entraron dos individuos cubiertos de blanco. El recepcionista reconoció en uno de ellos a Harvey Z, Pickman, y la otra parecía ser una mujer rubia cerca de la congelación, el joven les saludó jovialmente, aunque no parecían muy contentos. Brontes estaba echando un vistazo a ElderGodBook a través de su tablet en el salón de la residencia y miró a los recién llegados, que se acercaban a él.

-Buenos días, Brontes -dijo Harvey mientras se quitaba de encima la cubierta blanca con la que había venido-. Venimos con tu siguiente desafío.

-¿Os han tirado harina de camino aquí? -preguntó el cíclope.

-No, no es harina, es nieve -respondió Daisy Springwood.

-¿Nieve? Pero si acabamos de entrar en la primavera -dijo Brontes extrañado.

-Sí, y en eso radica tu siguiente desafío. Esta mañana Arkham se ha despertado con una fuerte ventisca que está helando hasta los huesos a todo el mundo. Se han avistado osos polares pescando en la ribera del Miskatonic y las temperaturas están por los suelos. Tu misión es deshacerte de este temporal tan poco común en estas fechas y devolvernos a la primavera de Nueva Inglaterra.

-Bien, bien -dijo Brontes mientras cerraba sesión en la red social de los dioses-. No es la primera vez que la ciudad se encuentra con un problema como este. Recordad ese año que, en pleno invierno, vino un elemental a liárnosla. 

-Sí, aquella vez lo solucionamos mandando al elemental a hacer una visita a Cthugha, pero esta vez no hay rastro de ninguna entidad por el estilo.

-¿De verdad vosotros os entendéis cuando habláis de esas cosas? -preguntó Daisy.

-Más nos vale, si no fuera por eso, la ciudad habría sido destruida varias veces -le respondió el cíclope levantándose-. Venga, vamos a ver qué le pasa al clima de la ciudad.

Los tres se dirigieron a la puerta de la residencia estudiantil. Una vez allí, Brontes abrió y un frío viento le golpeó la cara como un fuerte puñetazo. El viento llevaba nieve que se le metía en el ojo de forma muy molesta. El cíclope admiró el exterior y vio cómo la ciudad estaba cubierta de capas de nieve y los ciudadanos vestían como en los peores días del invierno, no como si se encontraran en los primeros días de la siguiente estación.

-¡Qué loco está el cambio cimático ¿eh?! -exclamó Brontes con una sonrisa.

-¿Te estás tomando esto a guasa? -le dijo Daisy intentando hacerse oír entre la furia del viento.

-Si el desafío sólo es una tormenta invernal sí. Soy un dios de las tormentas, el clima es para mi coser y cantar. A lo mejor, con esta demostración, te queda claro que soy un dios y nos dejamos de estas chorradas.

-De chorradas nada -dijo Harvey-. Gracias a esto de los desafíos, nos estás quitando bastante trabajo a los arreglaentuertos habituales. ¿Sabes la tranquilidad que da eso?

Brontes negó con la cabeza y dio un par de pasos al frente. El vendaval tiró con fuerza, pero el cuerpo del cíclope era demasiado grande para poder arrastrarlo. Brontes miró hacia el cielo, donde se veían unas nubes negras acordes con el tiempo invernal que tenían y comenzó a hacer su trabajo. Pequeñas descargas eléctricas le recorrían mientras comenzaba a flotar delante de la sorprendida Daisy Springwood. Si aquello eran efectos especiales, eran muy realistas.

Poco a poco, el cíclope fue elevándose hasta llegar a una gran altura, donde separó los brazos de su cuerpo y los rayos  que salían de las nubes iban hacia él como limaduras de hierro atraídas por un imán. Cerró los ojos y se concentró en hacer desaparecer aquel tiempo antinatural.

Desde tierra, los observadores vieron cómo las nubes se iban dispersando y la tormenta de nieve se iba calmando poco a poco. Al final, el cielo azul  trajo consigo el brillo del sol, que comenzó a derretir la nieve que llenaba las calles de Arkham. Una vez terminado su trabajo, Brontes volvió al suelo.

-¿Cómo... cómo...? -preguntaba Daisy estupefacta.

Brontes se acercó a ella y a Harvey con una sonrisa.

-Me ha costado un poco dispersar la tormenta... era como si no fuera de este mundo y no quisiera doblegarse a mi, pero al final lo he conseguido. No sé de dónde habrá salido, Harvey, era muy extraño.

-Bueno, lo importante es que ha desaparecido. Si hace falta, más adelante investigaremos de dónde ha salido.

De repente, un pingüino, que parecía muy enfadado se acercó hacia ellos y les lanzó una perorata de graznidos, tras lo que le lanzó un picotazo a Harvey y salió corriendo torpemente.

-Pero... ¡¿será posible?! -exclamó Harvey.

-Es imposible hacer las cosas a gusto de todos -dijo Brontes mientras miraba cómo se marchaba el pingüino.

-Bueno, dejando de lado al ave descontenta, este problema ha sido resuelto de forma rápida y efectiva -dijo Harvey-. Ahora deberíamos ponernos con...

Antes de que pudiera terminar la frase, un golpe fuerte como el trueno golpeó cerca haciéndoles brincar. Un coche,cerca de ellos, había sido aplastado por lo que parecía un inmenso garrote. Los tres alzaron la vista y vieron que el garrote, que en realidad era el tronco de un árbol, lo portaba un ser más grande que un edificio de tres pisos, de un color de piel azulado y con una cabeza horrenda parecida a un rostro humano deformado por demasiada cirugía estética. El gigante lanzó un rugido y aplastó otro coche.

-¡Anda, mira! ¡Pero si es tu siguiente reto, Brontes! -exclamó Harvey.

-¿De dónde ha salido ese tío? -preguntó el cíclope.

-Parece un gigante de hielo de Jotunheim. Habrá venido con la  tormenta, igual que los osos polares del río y el pingüino arisco de antes.

-Meh... al menos no es Ithaqua-. Al ver que Harvey se le quedaba mirando con el gesto torcido, el cíclope se explicó-. Intento ser optimista ¿vale? Un gigante de hielo ha aparecido en mitad de la ciudad y está destrozando los coches de los ciudadanos.

-Pues venga, ale, ale, demuestra que eres un dios, arréale unos buenos mamporros -le exhortó Harvey.

Brontes se fue acercando al cíclope. Él era bien grande, pero el gigante le sobrepasaba en mucho. Éste seguía con su golpeteo con el árbol, ahora a un coche, ahora a la fachada de un edificio. La gente corría de aquí para allá, aunque algunos lo estaban grabando con su móvil, arriesgándose a un golpe del monstruo.

-¡Eh, tío feo! -exclamó Brontes.

El gigante lanzó un furioso rugido que llenó a Brontes de saliva.

-¡Pero qué guarrada! Y yo que pensaba que esto sólo sucedía en las películas -decía Brontes mientras se limpiaba asqueado.

El gigante le lanzó un garrotazo, que golpeó al suelo a escasos centímetros de él haciendo que todo temblara ante el tremendo golpe. Brontes pensó en la posibilidad de derrotar al ser con unos cuantos rayos, pero no tenía ganas de traer otra tormenta a la ciudad, ya se había jugado demasiado con el clima por un día. Además, no necesitaba hacer uso de sus poderes divinos para luchar contra aquella criatura, su fuerza sobrehumana era suficiente para aquello.

-Mira, sé que estáis acostumbrados a que sea Thor el que os dé una paliza, pero el asgardiano no está hoy por la ciudad, así que tendrás que conformarte conmigo.

El gigante le soltó tal mamporro que Brontes salió disparado y atravesó el escaparate de la tienda de colchones Sweet Dreams, cayendo en uno de los productos más caros y cómodos del local.

-Oiga, si lo va a usar, tiene que comprarlo -dijo un vendedor.

-No tengo tiempo -le respondió el cíclope saliendo de la tienda mientras se quitaba de encima fragmentos del escaparate.

El gigante había vuelto a su trabajo de golpear coches con el garrote-árbol. Parecía ser algo muy divertido para él, pues estaba totalmente concentrado en esta acción y no vio a Brontes acercarse.

-¡Eh! -dijo Brontes. Y le dio un puñetazo en las partes bajas al gigante. Éste lanzó un berrido y soltó el árbol para llevarse las manos a su entrepierna herida, doblándose entre horribles dolores, momento que Brontes aprovechó para lanzar uno de los ataques más poderosos del universo. Un ataque que sólo hay que realizar como última acción ante un enemigo demasiado poderoso. La patada voladora de Chuck Norris. Este golpe, destructor de todo lo que lo sufre, hizo que la criatura, ya dolorida, cayera de espaldas. K.O. instantáneo.

Harvey se acercó tras comprobar que, efectivamente, el gigante había sido derrotado totalmente y comenzó a felicitar a Brontes.

-No puedo creer que hayas usado la patada voladura de Chuck Norris ¿dónde has aprendido esa técnica tan poderosa?

-Si te lo dijera tendría que matarte -respondió Brontes.

Harvey rompió a reír a carcajadas.

-No, en serio, tendría que matarte. Tuve que firmarlo ante notario.

Daisy Springwood se acercó también y no pudo más que admirar la realidad del gigante del tamaño de un edificio de tres pisos. Se sentía vivo -inconsciente, eso sí-. No era un efecto especial, ni un animatrónico. Era un gigante. Un gigante de verdad. Miró perpleja a Brontes, que simulaba realizar golpes de boxeo ante Harvey. ¿Sería realmente...? Pero eso era imposible. Sí, imposible.

                                                         ****************

Más allá de los muros del sueño, en lo alto de la colina más alta de la ignota Kadath, Nyarlathotep, El Caos Reptante, observaba los sucesos de Arkham. Había sido muy sencillo hacer que el frío de aquella región helada de Las Tierras del Sueño cayera sobre la ciudad de Nueva Inglaterra. Y había sido muy entretenido cómo el cíclope griego luchaba contra la magia que había llevado la ventisca a la ciudad. Mientras Brontes hacía eso, nadie prestaba atención a otras cosas que sucedían a su alrededor. Pero pronto se enterarían. Vaya si se enterarían.

sábado, 16 de marzo de 2019

Los 12 desafíos de Brontes: Día de San Patricio

Camino a End Time (parte 3) #Bronteschallenge

Mientras la ciudad se preparaba para las celebraciones del Día de San Patricio, Brontes aguardaba entre paciente e inquieto su próximo desafío. Hasta el momento las cosas no le habían salido del todo mal, aunque el número creciente de fenómenos extraños en Arkham no dejaba de ser, cuanto menos, inquietante. Aunque aún quedaban unos días para la celebración, las decoraciones para la festividad ya se podían encontrar por todos lados: banderas irlandesas, guirnaldas de tréboles, adornos en verde, etc. Incluso los profundos de Occupy Arkham habían hecho una concesión a la fiesta y se habían puesto chalecos y sombreros de copa de color verde, lo que les daba un aspecto un tanto extraño, ya que parecían ranas jorobada disfrazadas de leprechaun. Por su parte, el cíclope griego había optado por unirse también al ambiente distendido que se podía respirar en la ciudad en general y en el campus universitario en particular. Así pues,  había optado por llevar una levita verde con un trebol de tres hojas en la solapa. Eso sí, de teñirse el pelo de verde como hacían algunos ni hablar. Su cabellera roja no se la tocaba nadie.

Estaba precisamente en la recepción de La Llave y la Puerta departiendo agradablemente con Summanus cuando se produjo lo que tanto esperaba y, al mismo tiempo, pocas ganas tenía: entraron Harvey Pickman y Daisy Springwood. Claro, el espectáculo del cíclope gigantón y el delgaducho dinosauroide, ambos vestido al estilo leprechaun del Día de San Patricio no resultaba muy edificante. Pero eso era lo de menos. Daisy estaba molesta porque la situación se estaba complicando más de lo que ella esperaba. Tras los acontecimientos con los gatos y la revuelta estudiantil había logrado visionar con tranquilidad los vídeos de las cámara de seguridad del ayuntamiento y lo que vio la había dejado intranquila. Pero todavía quedaban pruebas a superar antes de demostrar que Brontes no era más que un extraño y estrafalario profesor emérito. Así pues, tras los saludos de rigor, Harvey habló para plantear el siguiente desafío:

-Bueno Brontes, parece que ha llegado el momento de tu siguiente prueba. O pruebas más bien.

-¿Y ahora que ha pasado?

-Verás, resulta que la Miskatonic ha organizado unos actos para el Día de San Patricio que incluyen la visita de una delegación irlandesa enviada por la universidad de Dublín. La cuestión es que parece que algo no ha salido como esperábamos.

-¿En concreto de qué estamos hablando?

-Para empezar, resulta que el viaje lo han organizado a través de Set Desert Tours. Ya he hablado con Set y parece no saber nada, simplemente su empresa se ocupó del asunto de la intermediación y organización y nada más, pero que hayan contado con ella ya era pista de que algo no andaba del todo bien. La cuestión es que parece ser que lo que hemos recibido no es lo que esperábamos. Es decir, en lugar de tener una delegación de profesores irlandeses para ilustrarnos sobre la historia y folclore de la isla esmeralda, tenemos un hatajo de leprechauns borrachos y alborotadores cual turista ingleses en la costa mediterránea española, un líder de grupo vestido de San Patricio que afirma ser la encarnación de Irlanda y…. a Thor.

-Espera, espera, espera… ¿Cómo que a Thor? ¿Qué demonios pinta ese loco juerguista y borracho aquí?… Vale, acabo de responderme a mí mismo. Dejame adivinar, ¿le contrataron para organizar las actividades lúdicas para el grupo?

-Pues sí, lo has acertado a la primera. Y el que se encargó de todo fue un tal Doctor Ambrose Dexter. Parece ser que Nyarlathotep no se está complicando mucho últimamente.

-¿Pero se puede saber de que hablan? -interrumpió Daisy Springwood- Ya estamos otra vez con sus absurdas referencias. Aquí lo que pasa es que un grupo de estudiantes irlandeses bajitos vestidos de forma muy folclórica están sembrando el caos porque se pasan el día borrachos. Eso es lo que hay que solucionar y dejarse de tonterías.

Brontes y Harvey intercambiaron una mirada y se encogieron de hombros al unísono. Así pues, viendo que no había otra que ponerse manos a la obra, partió en busca de Thor y el grupo de leprechauns. No debería ser muy difícil dar con ellos. A fin de cuentas sólo había que ir buscando por los pubs irlandeses y los lugares donde se congregaran los estudiantes para celebrar fiestas. Y, desde luego no tuvo que caminar mucho acompañado por Harvey y Daisy. En esos momentos, junto al EldritchBurguer se podía encontrar un grupo de sujetos vestidos con las ropas verdes típicas de los leprechaun guiados por un hombre de abundante barba y vestido de obispo con ropas teñidas de color esmeralda se dedicaban a beber, pelearse y cantar canciones tradicionales irlandesas, todo a la vez. Y, como director de orquesta, un gigantón nórdico,Thor.

La primera opción del griego, que pronto se mostró equivocada, fue tratar de dialogar con aquel grupo. Pero no había manera. De mediar con aquellos juerguistas borrachos. Estaban demasiado ebrios y con demasiadas ganas de fiesta como para asumir que estaban perpetuando un estereotipo y sembrando el desorden. Así pues, Brontes trató de hablar con Thor, pero este también estaba muy metido en la fiesta, por lo que, para ceder a las demandas de Brontes le lanzó un desafío, pero iba a ser un desafío de beber.

En el Eldritch Burguer, que no servían bebidas más fuertes que alguna cerveza, habían hecho un acopio especial de whisky irlandés para la ocasión. Y aunque el señor De la Vega, el propietario del restaurante, no era muy amigo de grandes desembolsos, en esta ocasión había transigido y se había hecho con algunas barricas importadas de este destilado. Thor se ocupó de pagarlas generosamente y que las pusieran delante del local. Se trataba en total de 4 grandes barricas de roble llenas de whisky irlandés. El desafío lo ganaría el que fuera capaz de beber más alcohol y por ello se referían a ver quien lograba beberse una de las barricas entera. En caso de empate, pasarían a la segunda barrica. A fin de cuentas, eso era todo un desafío para un dios. Planteado de esa manera, y para el asombro y espanto de Daisy, Harvey ofreció considerarlo como una más de las pruebas a las que tendría que someterse Brontes. Y es que ningún humano sería capaz de ingerir tanto alcohol de golpe y menos aún sobrevivir al intento. Para verificar que ahí no había trampa ni cartón, se espitaron las dos primeras barricas y se ofreció una cata a Daisy y Harvey para que comprobaran que se trataba de auténtico whisky irlandés. Con el beneplácito de ambos, comenzó aquel desafío alcohólico.

Tanto el griego como el nórdico fueron bastante directos y brutos, ya que ambos cogieron sus respectivos barriles, los alzaron a pulso, lo que ya requería una demostración de fuerza ya que lo hicieron sin apenas esfuerzo, y comenzaron a beber. Hay que decir en favor de ambos que desperdiciaron muy poca bebida, y que debido a su naturaleza  lograban asimilar rápidamente el enorme volumen de líquido. Ciertamente fue una tarea heroica, divina, pues cada una de las barricas contenía 225 litros de whisky. Si que tuvieron que hacer varias pausas para acudir rápidamente al aseo del restaurante a vaciar la vejiga. Y es que, como ya se ha comentado, al ser dioses su metabolismo funciona de forma muy diferente y eran capaces de asimilar esa ingente cantidad de líquido muy rápidamente, pero también implicaba que, también tenían que ir a toda velocidad a orinarla, aunque la orina fuera inflamable por su alto contenido en alcohol. Finalmente, tras aquella absurda demostración de poco sentido común, ambos lograron finalizar la primera barrica.

Ambos tenían la capacidad de beber tanto líquido de alto contenido alcohólico, pero eso no les hacía inmunes a la borrachera, por lo que ambos acabaron un tanto cocidos. Sin embargo Brontes había demostrado a ojos de su compañero nórdico su aguante y había sumado puntos en su apreciación. Al fin y al cabo, el griego solía beber nectar y vino habitualmente, bebidas que Thor consideraba para dioses blanditos. Por ello, tras dar por finalizada la primera ronda del concurso de bebidas, el dios lo dio como un empate, y felicitó al cíclope por su capacidad para beber. Éste último, afectado por el alcohol, trató de corresponder a su compañero aunque la rápida intervención de Harvey Pickman puso fin a lo que podía ser un coloquio de borrachos simpáticos. Así pues, le recordó a Brontes que aun tenía pendiente dos desafíos: ocuparse de los leprechauns y de la encarnación nacional de Irlanda, ese San Patricio vestido de verde. Pero pelear contra una horda de duendes borrachos y un obispo nacional no eran las mejores cosas que se puede hacer estando bajo los graves efectos de una intoxicación alcohólica, aunque se sea un dios.

Brontes, tras tratar de pensar un poco en como solucionar el problema dio con una de esas ideas que parecen geniales a las tantas de la madrugada y con el cerebro marinado en alcohol. Por ello, usando sus poderes divinos, invocó una nube de tormenta pequeñita y se subió encima de forma un tanto tambaleante para, a continuación, largarse de allí montado sobre la misma. Harvey y Daisy se quedaron sorprendidos por lo sucedido y sin saber que hacer así que decidieron esperar para ver que pretendía hacer el cíclope borracho. Un poco más tarde, apenas pasados cinco minutos, Brontes regresó encabezando un pelotón de mujeres jóvenes que, a las órdenes del cíclope, se lanzaron a combatir a los leprechauns. Los duendes, que habían trajinado alcohol como si el mundo se acabara mañana, vieron como una pequeña horda femenina se lanzaba sobre ellos con intenciones agresivas, iniciándose así una sorprendente melé en la que las chicas no tenían reparo en jugar sucio y demostraban estar más que a la altura de los leprechauns, lo que implicaba que había algo sobrenatural en ellas. Y es que Brontes había acudido al río Miskatonic y había convocado a las ninfas del río, sus afluentes y embalses que hubiera en las proximidades. Estas eran las espíritus de las aguas, pero se les habían juntado también las ninfas de los árboles del campus y de los parques que había por la ciudad. En conjunto: un grupo de espíritus naturales cabreadas y con ganas de pelea que no iban a dejar que un puñado de duendes borrachos causaran problemas en la ciudad y que sólo responderían a la llamada de un auténtico dios y si era griego mejor.

Mientras las ninfas se ocupaban de los leprechauns (eufemismo para soberana paliza espectacular), Brontes se ocupó del San Patricio vestido de verde. Éste, por alguna razón, le dio por probar a usar el boxeo contra el griego. Pero el cíclope, aunque no era muy aficionado al combate con los puños desnudos, si que era un luchador veterano y había sido en sus tiempos bastante temido como adversario. A fin de cuentas, aunque los mitos no lo recogían así exactamente, había participado activamente en la lucha contra titanes y gigantes además de otros monstruos griegos. Por ello, el combate resultó bastante espectacular. Y es que por un lado se podía  ver a un grupo de chicas jovenes dándo una monumental paliza a unos leprechauns y por otro un cíclope corpulento y musculoso se estaba dando de golpes contra un obispo vestido de verde. Era algo que no se veía todos los días, ni siquiera en Arkham.

Cuando finalmente acabó la contienda, las ninfas aclamaron a Brontes como vencedor, pues había logrado castigar duramente a su rival. Sin embargo el cíclope no había salido indemne, pero eso era secundario. A fin de cuentas, Harvey, siendo previsor, en cuanto vio que el asunto podía acabar en violencia, avisó a Pkaurodlos para que estuviera preparado para intervenir. A fin de cuentas, aunque era un dios de la tormenta y la urbanidad, dentro de las operaciones de Alfa Strike actuaba como médico de campaña y estaba más que acostumbrado a curar a los dioses del equipo.

Por ello, cuando tras acabar todo aquel follón apareció una enorme serpiente emplumada con un equipo médico para realizar los primeros auxilios a los damnificados en el combate, Daisiy estuvo a punto de estallar por la sorpresa, la furia y el pensar que aquello era un montaje, pese a que se estaba produciendo ante sus ojos y estaba claro que aquel  extraño “dios” serpentino con tan buenos modales era real y no un efecto especial de los caros. Definitivamente todo aquel asunto era de lo más extraño que había encontrado. Y eso la dejaba totalmente perpleja. Así pues, Brontes había superado tres nuevos desafíos y Daisy tenía mucho en lo que pensar.

sábado, 9 de marzo de 2019

Los 12 desafíos de Brontes: Anarkía en la Miskatonic

 Camino a End Time (parte 2) #Bronteschallenge

Después de haber superado la primera prueba, Brontes se preparó para su siguiente desafío. Para ello, fue a comerse unas tortitas de media mañana en la cafetería de la residencia estudiantil. Puede que fuera un almuerzo algo contundente, pero para un dios, eso no era demasiado. Ya se había metido diecisiete tortitas entre pecho y espalda cuando apareció Harvey Z. Pickman acompañado de una refunfuñona Daisy Springwood.

-¿Por qué está enfadada ya, señorita Springwood? Si aún no he hecho nada... -dijo el cíclope.

-Porque de camino aquí nos hemos cruzado con unas personas que me han asegurado que el sr. Pickman es una especie de investigador de lo oculto, como si fuera Carnacki o John Silence. No me parece el árbitro más neutral para unas pruebas para demostrar que eres un dios... cosa que, por cierto, me sigue pareciendo absurdo.

-Y yo le estoy diciendo que estoy utilizando el pensamiento científico para la supervisión de las pruebas, además de que investigar lo oculto no me convierte en un magufo. He destapado más de un fraude en mi trabajo.

-Enhorabuena, supongo... -dijo Daisy.

-Bueno, a lo que íbamos. Brontes, tu próxima prueba tendrá lugar en la universidad propiamente dicha. Algo extraño está sucediendo con los gatos de la colonia del campus. Tu misión es descubrir qué sucede con ellos y deshacer el problema.

-¿Has dicho... gatos? -preguntó Brontes con un temblor en la voz.

-¿Qué pasa? ¿Un dios le tiene miedo a los gatos? -comentó con sorna la científica.

-No les tengo miedo... es alergia... además, que sé que son criaturas maléficas.

-Sr. Pickman, creo que estas pruebas no tienen sentido ¿un dios con alergias? No hay más discusión. Este individuo es una persona normal y corriente con un disfraz bastante caro y realista... pero tiene alergia a los gatos.

-No... no importa. Para demostrar mi valía me enfrentaré a esos felinos infernales. Todo sea porque termine esta charada.

El trío se dirigió al campus de la Miskatonic. El camino no era muy largo, así que fueron caminando. Pasaron por delante de una manifestación del grupo Occupy de los profundos, que les dieron unos folletos sobre su lucha por unos mares más limpios. Daisy no comprendía por qué aquellos manifestantes tenían que disfrazarse de la criatura de la laguna negra, pero si servía para luchar por un mundo más limpio, tampoco iba a quejarse.

Finalmente llegaron al campus y se encontraron con la situación. Había alumnos corriendo de aquí para allá o escondiéndose donde podían. La razón de que estuviera sucediendo esto eran unos gatos. Un buen montón de gatos. Parecían formar un ejército bien entrenado que atacaba a los que se internaban en los terrenos de la universidad.

-¡¿Veis cómo son criaturas malvadas?! -exclamó Brontes señalando el caos.

-No son criaturas malvadas, Brontes. La colonia de gatos del campus siempre ha sido una balsa de aceite. Así que ya sabes, tienes que resolver esto, sea lo que sea.

El cíclope traspasó los límites del terreno del campus, caminando lentamente, con inseguridad, mientras miraba a los grupos de felinos que habían montado hasta una catapulta y otros artilugios de guerra. En cuanto fueron conscientes de la llegada del gigantesco individuo que estaba cruzando a su territorio, un grupo se lanzó hacia él lanzando bufidos.

-Noooooo, nonononono -dijo Brontes dando saltos al ver que se le echaban encima.

Pero antes de que llegaran a él, consiguió centrarse y controlar su miedo a los felinos. Tenía que demostrar que era un dios para que no le echaran de la universidad, así que tenía que comportarse.

Los gatos cayeron sobre el cíclope bufando y arañando y éste se tiró al suelo y comenzó a rodar entre gritos.

-¿Y así es como se comporta un dios? -preguntó Daisy.

-Dale unos momentos ¿vale?

Entre los gatos que atacaban a Brontes, uno no dejaba de lanzar maullidos, como si estuviera dándole órdenes a los demás felinos. Brontes lo reconoció como alguna especie de superior de los otros, así que lo consiguió coger y lo lanzó hacia el césped. Aprovechó la confusión de los otros gatos para volver a salir del recinto de la universidad, tras lo que los gatos lo dejaron tranquilo y se dirigieron a ayudar a su líder.

-Vale. Gatos... gatos entrenados. Este es un problema para ¡Bastet!

Brontes sacó el móvil del bolsillo de su pantalón y se comunicó con la diosa gatuna. Esta se encontraba en la base de Alfa Strike en Las Tierras del Sueño. Escuchó el problema de Brontes y decidió ir en su ayuda. En breves instantes, un portal se abrió desde el mundo onírico y la diosa gata llegó a Arkham.

-¿Se puede saber qué estropicio es este? -preguntó la diosa.

Bastet cruzó los límites del campus y el mismo grupo de gatos fue hacia ella, pero cuando vieron de quien se trataba, se detuvieron entre titubeos. Al final, el gato que parecía dirigir el ataque se acercó a la diosa y tuvieron una conversación en el idioma de los felinos. Una vez acabado el diálogo, ella  volvió con Brontes.

-Bien. Estos no son los gatos de la colonia de la universidad, sino que son gatos de Ulthar, por eso luchan de forma organizada y como un ejército entrenado. Están aquí porque alguien ha secuestrado a sus crías. Un científico egipcio que afirmaba trabajar en la Universidad Miskatonic. Dicen que hasta que no sean devueltas sus crías, seguirán atacando el campus... y que tú puedes pasar, que no te harán nada mientras lleves este sello.

-Esto es un broche de Hello Kitty -dijo Brontes cogiendo el sello.

-Tú póntelo.

-No hay ningún científico egipcio en la universidad- dijo Brontes entre dientes.

-¿Es que conoces a todo el profesorado y a los investigadores de la Miskatonic?

-Sí, después de aquella vez que se infiltraron unos fans de Harry Potter que pensaban enseñar magia, me aseguré de conocer a todo el mundo, para evitar que volviera a pasar algo así. Así que sí, conozco a todo el mundo. Y no hay ningun egipcio trabajando en la Miskatonic... pero sí que se me ocurre alguien de aspecto egipcio que podría haber secuestrado a las crías de los gatos de Ulthar para provocar el caos.

-¿Se puede saber de qué estáis hablando? ¿Qué se supone que es un gato de Ulthar? ¿Y qué tiene que ver en todo esto una mujer disfrazada de gato? Vale que en muchas partes del mundo, en estas fechas se celebra en carnaval, pero Arkham no tiene esa tradición -dijo Daisy interrumpiendo a los dioses.

-No soy una mujer disfrazada de gato, soy la diosa egipcia de los gatos -explicó Bastet.

-Ya, y yo soy la reina de Inglaterra -respondió Daisy.

-Pues encantada -le dijo Bastet estrechándole las manos. Aprovechó el momento de confusión de Daisy para volverse hacia Brontes.

-Nyarlathotep ha vuelto a hacer una de las suyas. Como te he dicho, los gatos no te harán nada, puedes andar con libertad por el campus. Busca a sus crías y resolverás este problema.

El cíclope entró a los terrenos del campus, ahora muy seguro de lo que hacia, sabiendo que los gatos no le harían nada. El problema es que Bastet había llegado a un acuerdo con ellos para que no atacaran a Brontes, pero seguían enfrentándose a estudiantes y profesores. El cíclope comenzó a pensar dónde podría haberse metido Nyarlathotep entre todo el campus. Tenía que ser alguna facultad de ciencias, ya  que se estaba haciendo pasar por un científico. ¿Cual sería la más lógica? Una facultad donde no sería raro ver a alguien con gatos ¿biología? En el departamento de zoología tampoco sería tan extraño. Debía ser allí.

Como había supuesto, en la facultad de biología había un verdadero asedio. Allí los gatos estaban lanzando ataques con maquinaria de guerra, pero no estaban consiguiendo entrar. Cuando los gatos vieron a Brontes acercarse con el sello de Hello Kitty, no le hicieron nada, así que le dejaron hacer lo que tenía pensado. De los cielos convocó una pequeña tormenta, de la que extrajo un rayo que colpeó en las puertas de la facultad. Fue a entrar después del estallido, pero los gatos se le adelantaron. Tampoco le importó tanto, así que les siguió. Ellos sabrían dónde estaban sus crías.

Los gatos recorrieron la facultad hasta llegar a un despacho en el primer piso. Se quedaron en la puerta parados y maullaron a Brontes. El cíclope entendió que le dejaban entrar a él, algo raro en gatos de Ulthar, que preferían solucionar sus problemas ellos mismos. Quizás al ver el poder de Brontes supusieron que se bastaba y se sobraba.

El cíclope no se molestó en llamar a la puerta. Le dio una patada y esta se abrió de golpe. Al otro lado había un hombre de aspecto egipcio sentado detrás de un escritorio, de aspecto regio. En su regazo había un cesto lleno de gatitos maullantes.

-El mismísimo Nyarlathotep -dijo Brontes atravesando el umbral.

-Brontes, el último de la primera generación de cíclopes griegos.

-Supongo que no vas a enfrentarte a mi.

-Lo cierto es que no. Mi trabajo aquí ya está hecho.

El dios exterior se levantó de su sillón y dejó el cesto de gatitos sobre la mesa del escritorio, tras lo que hizo un saludo burlón a Brontes y desapareció en el aire.

-¿Qué habrá querido decir? -se preguntó el cíclope en voz alta mientras recogía el cesto.

Brontes salió al pasillo y mostró el cesto a los gatos, que comenzaron a brincar y a lanzar maullidos de victoria. Les felinos cogieron a sus crías y salieron corriendo de la facultad -excepto uno, que se encontró una pelusa y no pudo evitara quedarse un rato jugando con ella-. Cuando el cíclope salió al exterior, vio que los gatos estaban abandonando el campus, por lo que aquello se podía considerar una victoria.

Mientras Brontes estaba volviendo a las afueras de la universidad, se dio cuenta de que los alumnos que empezaban a recuperarse del ataque de los gatos no parecían estar muy contentos. De hecho, se les veía todo lo contrario a contentos. De repente, una andanada de huevos cayó sobre el cíclope. No sabía exactamente de dónde habían salido, pero parecía que los alumnos estaban muy enfadados y muy organizados. Pancartas salieron de ninguna parte y un megáfono dio voz a los que protestaban.

-¿Qué está pasando? -preguntó Brontes al llegar a la entrada del campus. Bastet ya había desaparecido. Supuso que se habría vuelto a Las Tierras del Sueño junto con los gatos.

-Pues lo normal. Después de ataques  de extraterrestres, intraterrestres, altercados con dioses varios, experimentos locos y todo lo demás, pues la gente está harta. La revuelta era cosa de tiempo -explicó Harvey-. Peeeeero no hay ningún problema, porque acabo de hablar con la junta que se encarga de tu caso y... ¡ahí tienes tu siguiente desafío! Arregla la revuelta de estudiantes.

-A eso lo llamo yo escurrir el bulto -masculló Brontes.

-Ya, pero es lo que toca -dijo Harvey con una sonrisa.

El cíclope volvió al interior del campus arrastrando los pies. Puede que a los gatos les tuviera alergia y le costara físicamente acercarse a ellos, pero ¿cómo iba él a resolver una revuelta de estudiantes? Si ni siquiera era oficialmente un profesor de la universidad. No podía hablar en nombre del rectorado ni de los decanos. Aunque lo que sí podía hacer era...

-¿Byakhee exprés? -preguntó Brontes al teléfono-. Necesito un envío urgente.

Pasados unos minutos, se había formado una manifestación delante del rectorado. La mayoría de los alumnos de la Miskatonic estaban allí coreando soflamas que reclamaban el fin del caos y las destrucciones constantes en la universidad. También había alguien que pedía un huevo duro, no se sabía de dónde había salido. De pronto, el sonido de una algarabía sonaba en el cielo. Era como si hubiera una bandada de pájaros muy grandes, como buitres, o avestruces que hubieran aprendido a volar. Los estudiantes alzaron la mirada al cielo y se encontraron con una bandada, pero no de aves, sino de criaturas  horripilantes con forma indescriptible con el logo de Byakhee Exprés. Cada una de las criaturas llevaba colgando de las barras un barril de cerveza, que fueron soltando como si se tratara de bombas. Los barriles cayeron entre los estudiantes, y al contrario de lo que podría haber pensado, no hubo heridos de ningún tipo. Lo que sí hubo fue explosiones. Explosiones de cerveza. Los barriles reventaban llenando de bebida a los estudiantes, y antes de que se dieran cuenta, había tiarros de gimnasio sin camiseta, cubiertos de cerveza y hermosuras femeninas con la camiseta mojada. Uno de los seres horrendos descendió con varios altavoces y los depositaron junto a los manifestantes, y de los aparatos comenzó a sonar música. No se sabía de dónde, comenzaron a aparecer vasos que se llenaron con la cerveza, y en cuestión de minutos, la protesta se había convertido en una fiesta universitaria.

Brontes volvió con Harvey y Daisy, que miraban sorprendidos la fiesta.

-¿Cómo has hecho eso? -preguntó Harvey.

-Fácil. Los estudiantes son animales de costumbres. Si hay muchos reunidos, trae alcohol y música y la fiesta será inmediata -respondió el cíclope.

-¿Y eso probará que es un dios? -dijo Daisy-. Lo que ha hecho ha sido devolverle un cesto con gatitos a una manada de gatos que alguien había entrenado y llenar de alcohol el campus.

-¿Y qué hay de la llamada a la diosa Bastet? ¿Y de la llamada a esas criaturas espeluznantes? -le preguntó Brontes.

-Seguro que hay explicación... eh... seguro.

-Bien. Pues mientras tú le buscas la explicación, yo me voy a la cafetería. Tanto jaleo me ha dado hambre.

El cíclope fue hacia la cafetería silbando tranquilamente, mientras Daisy Springwood se quedó allí mirando al infinito buscando una explicación a lo que dificilmente era explicable.