jueves, 29 de enero de 2015

Cortatormentas: La piel del Shantak

Camino a Thunder-verse (parte 3)

El Herrero Mentiroso aún no había acabado su trabajo. Cortatormentas ya estaba completada, su hoja forjada, su empuñadura tallada y montada, pero aún necesitaba llevar la espada dentro de un grueso fardo que pudiera contener su terrible filo. Para ello, necesitaba una vaina, fabricada con el cuero de una nueva criatura a la que debía dar caza. ¿Qué ser proporcionaría una piel lo bastante resistente como para poder contener el poder de aquella arma? El artesano conocía muchas criaturas de las Tierras del Sueño, y no tardó en pensar en una que cumpliría perfectamente los requisitos: el pájaro Shantak. Pero para cazar aquella criatura debía buscar en las montañas o en la terrible Meseta de Leng, donde hallaría seguro a un ejemplar, siempre lejos de donde moran los ángeles descarnados de la noche, a quien los pájaros Shantak temen.

Cabalgó con decisión hacia la terrible llanura, la maldita Meseta de Leng, donde arañas purpúreas y gigantes tejen sus redes, donde habitan las tribus de sus semihumanos moradores, donde, en un solitario monasterio mora un sumo sacerdote que cubre su rostro con un velo amarillo. No deseaba cruzar su destino con tan poco deseables seres, ni llamar la atención de las terribles arañas, entre las que se hallaban las semillas de Atlach-Nacha, uno de cuyos retoños había viajado al mundo de la vigilia para trabajar en Arkham, en La Llave y la Puerta, la criatura conocida como Arak'nek. Pero debía cazar un Shantak y nada le disuadiría de su objetivo.

El destrero negro del Herrero Mentiroso avanzaba sin descanso, poseído por una fuerza y resistencias más allá de toda medida, cruzando los helados páramos que le condujeran hacia su destino, la terrible Meseta de Leng. Sus cascos tronaban, dejando tras su paso un rastro ígneo, impulsado por las ansias de su jinete de cazar a un pájaro Shantak. Y fue al adentrarse en la execrable altiplanicie cuando avistaron en la lejanía la inconfundible silueta de la que iba a ser su presa. El Herrero Mentiroso se ajustó los auriculares y encendió su reproductor MP3, poniéndolo en modo de reproducción aleatoria. Mientras los primeros compases de "La cabalgata de las Valquirias" de Wagner comenzaron a sonar, sonrió con torvo ademán, embrazó el escudo y empuñó la Lanza que ya había usado para dar muerte a un Gnoph-Keh. Una bestia como el pájaro Shantak no merecía una muerte menos digna, tal criatura caería bajo la punta de su terrible arma.

Cuando el ser alado dejó de ser un mero atisbo en el horizonte, el Herrero Mentiroso espoleó a su caballo, quien, con un poderoso salto, comenzó a correr sobre el aire, alzándose hacia la criatura. El pájaro Shantak chilló su desafío ante el atrevido jinete, quien no se arredró frente a la mole de su adversario. Se trataba de una criatura que no era ni pájaro ni murciélago, sino un monstruo que reunía características de ambos. Grande como un elefante y con una cabeza equina, carecía de plumas como las aves, pues estaba cubierto de resbaladizas escamas y sus alas eran como de cuero. Por un momento el Herrero Mentiroso pensó en el Wyvern, el Guiverno o dragón heráldico, y sospechó que dicha criatura se basó en la visión de uno de estos terribles pájaros Shantak.

Mientas Wagner atronaba en sus oídos, el Herrero Mentiroso cargó contra el ser. Se estableció una lucha de titanes en el aire, un duro enfrentamiento entre el gigante alado y el jinete cuya montura aun en el aire dejaba el rastro ígneo de sus pisadas. El pájaro Shantak trataba de herir con sus garras al caballo o morder al esforzado guerrero, mientras el Herrero Mentiroso buscaba un punto débil donde hundir su lanza. Tras una feroz dogfight, ambos combatientes se separaron y se observaron mutuamente, tratando de hallar la forma de dar rápido fin a la lucha. El guerrero nórdico, con el escudo roto y la furia de la batalla clamando en su sangre, tras medir las fuerzas de su rival, decidió por fin cual sería la estrategia que le llevaría a la victoria sobre el monstruo. Sin darle tiempo a reaccionar, espoleó su caballo y cargó nuevamente, esquivando por poco las garras de su adversario mientras atacaba con la lanza a las membranas de las alas. De esta manera, impedido para volar, el pájaro Shantak trató de aterrizar en el suelo, lo que le dejó indefenso frente a su adversario. Éste aprovechó este momento para abalanzarse sobre su presa y hundir su arma en el ojo de la criatura, dándole muerte.

Tras finalizar la lucha, sólo quedaba desollar a la bestia y curtir su cuero para elaborar la vaina de la espada. Una vez realizada esta labor, debía volver a Ulthar para, allí, consagrar la hoja para que así obtuviera todo su poder. Cortatormentas estaba casi finalizada.